2004, Fue noticia — abril 2004

Cuando la inversión filatélica es un engaño


En reuniones de coleccionistas filatélicos y de comerciantes dedicados profesionalmente al mundo del coleccionismo de los sellos todos hemos oído comentar, en diferentes ocasiones, que la actividad de buena parte de las empresas dedicadas a la inversión filatélica es una estafa.

Eso, dicho así es falso. Pero los razonamientos utilizados, si bien no justifican la utilización de ese calificativo, tienen unos fundamentos y ofrecen una argumentación, en verdad, relevante para concluir con una evaluación negativa de ese tipo de inversión.

Todos los que estamos dentro del mundo de la filatelia somos conscientes que el hecho de adquirir una pieza para nuestra colección supone algo más que un gasto; se trata en buena parte de una inversión, ya que siempre tendrá un valor que puede recuperarse como resultado de su venta en el momento en el que efectuemos su liquidación. Pero ahora no nos estamos refiriendo a la acción de invertir construyendo una colección, sino de hacerlo en unos productos que venden determinadas empresas con el respaldo de la teórica revalorización del sello o sellos que entregan o guardan en depósito como contraprestación a la cantidad invertida.

Por lo general cuando el filatelista (aficionado o profesional) ve la clase de sellos que las empresas de inversión filatélica adjudican a sus clientes y el precio al que lo hacen, suelen calificarlo como una “auténtica estafa”. Este apelativo, si se quiere, podrá ser válido como expresión coloquial; pero no es cierto mientras una sentencia judicial no nos diga lo contrario.
Dice el diccionario que estafa es sinónimo de timo y el de la Real Academia de la lengua española define estafa como “el delito consistente en provocar un perjuicio patrimonial a alguien mediante engaño y con ánimo de lucro”. Resulta evidente que estas empresas, por su naturaleza mercantil, operan con afán de lucro (como cualquier comerciante). Veremos, también, que en su operativa actúan con engaño; pero, hasta el momento, no se ha ocasionado ningún perjuicio patrimonial al cliente inversor, excepto en la empresas de este particular tipo de negocio que han quebrado o cesado en su actividad sin poder cumplir con sus compromisos.

El engaño se produce por dos falsedades principalmente:

1. No es real el valor que esas empresas dan a los sellos cuando los adjudican y
2. No es cierta la rentabilidad que atribuyen a los sellos.

Respecto a la primera, el sistema de evaluación o determinación del precio está intervenido directa o indirectamente por ellos mismos. En ningún caso se trata de precios de mercado libre, no son valoraciones objetivas. Es por esa razón por la que el agente vendedor de estas empresas le argumenta al cliente: “si Vd. va a una filatelia esos sellos los podrá adquirir más baratos, pero debe comprender que ellos le venden el sello y se desentienden de Vd., mientras que nosotros le damos otro tipo de servicios y le garantizamos la recompra con un beneficio asegurado…”. Lo que no le dicen al cliente es que ese “más barato” puede suponer hasta un 80 y un 90 por ciento de descuento.

En cuanto a la segunda falsedad, es consecuencia de la primera: Si la rentabilidad se calcula a partir de unos precios que no son reales, los datos obtenidos tampoco serán reales.

Estas empresas operan con una estructura, en cierto sentido, piramidal. Mientras se genere el suficiente volumen de nueva inversión como para responder a las obligaciones de recompra de los contratos que vencen, no existe ningún problema. El que se trabaje con precios irreales, muy superiores a los de mercado, es irrelevante..

Los males se precipitan cuando eso no es así; cuando no sigue adelante la evolución creciente del flujo de dinero fruto de nuevos contratos. En ese momento ya no se puede dar salida del material correspondiente a los contratos entregándoselos a los nuevos a un precio superior. La única alternativa sería su venta en el mercado filatélico; pero eso es imposible porque, como hemos dicho, los precios en él son escandalosamente más bajos. Ese es el momento en el que se produce la crisis final ya que existe la obligación contractual de recomprarlos con su correspondiente plusvalía. Es por esa razón por lo que no conozco ni una sola empresa de este tipo que haya cesado en su actividad cumpliendo todos los compromisos contraídos. Mientras viven, van tirando hacia delante, pero si tuvieran que cesar en un momento determinado son absolutamente incapaces de cumplir con los compromisos adquiridos.

Ante la posibilidad de fracaso solo cabe una alternativa: la huída hacia delante en una espiral de incremento de precios que justifiquen una determinada rentabilidad que ha de ser mayor que la del mercado financiero, ya que sólo así tienen la posibilidad de captar el suficiente volumen de nuevos clientes.

La realidad es que la inversión a través de este tipo de empresas tiene muy poco de filatélica y, aunque bajo la forma de una venta de sellos, la realidad se asemeja más a una inversión de carácter financiero. Como para ejercer sin cortapisas su actividad pretenden huir de los controles a los que deberían sujetarse si se las calificara de empresas financieras, detestan que se las califique como tales, no obstante, ese es su verdadero trasfondo. De hecho sus clientes, aunque el contrato diga que es una operación de compra venta, lo que creen, cuando lo suscriben, es que están haciendo una auténtica inversión financiera con la garantía de unos bienes reales: los sellos.

Por ahora solamente se trata de un engaño. Para bien de todos que no pase de ahí.