Buceando..., Fruslerías — 7 de junio de 2014

Asesinos

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Buceando en la Historia de la Filatelia 041

Publicado en Revista de Filatelia (marzo 2003)

 

Siglo y medio matando impunemente

Hay cosas en nuestro país, y no siempre las mejores, que parecen ser más que seculares, perennes, perpetuas, algo que parece siempre habremos de tener entre nosotros por que da la sensación de que sean propias de nuestro carácter y forma de ser. Una de ellas, al menos en la persona de nuestros dirigentes, es la improvisación.

Hacia 1843 Iznardi, a la sazón director de Correos y Postas del Reino, ya había solicitado estudios para el Imagen 2 webposible establecimiento del franqueo previo con sellos adhesivos. Sin embargo el proyecto fue desechado. Seis años después, a finales de 1949, de repente, surgen las prisas: se toma la decisión de crear el sello y de implantarlo como medio de franqueo. Es tal la improvisación que no hay tiempo de fabricar un útil adecuado para marcarlos de tal forma que los sellos ya utilizados resulten inservibles para franquear de nuevo otra carta, por esa razón se establece que el sello fechador se haga servir también para esas funciones. De esta forma el comúnmente conocido entre los coleccionistas como fechador Baeza, el fechador de 1842, se convierte en el primer matasellos oficial español.

Es, por tanto, un error ampliamente divulgado, que el primer matasellos oficial español sea la ARAÑA.

Desde el primer día de utilizarse el fechador como matasello se pudo comprobar que aunque su estampación fuera clara para no embadurnar la efigie de la reina, su legibilidad era escasa entre otras razones por la suciedad con la que los empleados del ramo los tenían, a la vez que muchos de ellos estaban muy desgastados por el uso.

Además, sabemos que a diversos administradores de correos les pareció ridícula la repetición del fechador Baeza en las cartas (una estampación para matasellar el sello y otra para la determinación de la fecha y origen de la misiva) y por esa razón echaron mano de las marcas más variadas de que disponían (en su mayoría de uso prefilatélico como son la marcas de abono, de origen o de porteo), pero en algunos lugares se usaron marcas nuevas, originales, que jamás había utilizado el correo para la correspondencia.

Junto con la llamada “parrilla de Madrid” sabemos, también por las piezas conservadas y sin ninguna normativa que nos pueda arrojar luz alguna sobre su creación, se utilizaron otros matasellos mudos tipo parrilla o rejilla, de diferente factura: la parrilla de Reus, las Barras de Logroño, la rejilla de Lérida y el ataúd de Jaca. Algunos estudiosos han creído que tales matasellos no son otra cosa que ensayos o experimentos efectuados en busca de un matasello general para su uso en todo el territorio nacional; de cualquier manera se trata sólo de suposiciones con mayor o menor porcentaje de credibilidad, pero sin la certeza que nos debería ofrecer el conocer con exactitud la normativa que determinó su nacimiento.

Sin embargo, y desde los primeros días de uso del sello adhesivo de correos en España, se creó y se utilizó una marca especial para la inutilización de los sellos en las cartas. Es, en sentido pleno, el primer matasellos de España, porque es el primero que se crea ex profeso para anular los sellos en las cartas: la parrilla de Madrid. Parece que se trataba de un ensayo para lo que sería el matasellos implantado en toda España a finales de febrero y sobre todo a principios de marzo en la mayoría de los casos: la ARAÑÄ.

La araña era una marca que respetaba el dibujo de los sellos al tiempo que podía utilizarse con tinta de color negro que hacía mucho más difícil la posibilidad de lavarlos para reutilizarlos de nuevo.

Tampoco tuvo mu-cho éxito ese matasellos pues “mataba, pero poco”, es decir todavía eran susceptibles de ser lavados, por lo que había que matarlos mejor. De ahí surge la PARRILLA.

La parrilla, en efecto, ya era otra cosa, sobre todo si se estampaba sucia y repetidas veces. Los sellos quedaban “muertos y bien muertos”. Para muestra un botón: véase la Fig. 2; los sellos estaban tan inutilizados que no servían casi ni para coleccionismo, por lo que el falsificador los montó sobre papel para aparentar se trataba de una plica original y así poder aumentar su cotización.

 

Cancelar, obliterar y matar

El diccionario de la lengua española nos ofrece un rico vocabulario que permite utilizar el término más adecuado para cada ocasión. Paralelamente a otros países, en España tenemos la palabra “cancelar” que en su primera acepción significa“anular, dejar sin validez, en especial documentos legales”, así mismo “obliterar” también con la significación de anular. Sin embargo para los sellos los españoles utilizamos en primer lugar el verbo “matar” que, si bien en sus primeras acepciones significa “quitar la vida, causar la muerte, extinguir, aniquilar, el diccionario precisa que también quiere decir “inutilizar un sello postal con el matasellos”.

Sellos estaban matados y "bien muertos"

Sellos estaban matados y «bien muertos»

No es baladí esta precisión. Mientras en otros países los sellos son obliterados o cancelados en España los matamos, los asesinamos, los destruimos. El primer autor que denunció este particular proceder de nuestros funcionarios de Correos fue el Dr. Thebussem a quien debemos la siguiente estadística:

Cuadro

Dr. Thebussem. Fruslerías Postales (pág. 101)

No es de extrañar que ante semejantes números, el eminente doctor concluyera: Ya ves, amigo Eduardo, que, salvo yerro, tu país y sus colonias figuran aquí como potencias de primer orden…, empezando la cuenta por la tercera columna”.

De poco le servía al Dr. Thebussem clamar a favor de la estampación correcta de las cancelaciones en la correspondencia, aunque fuera a “martillazos”: “Martillazo primero.- Adóptese en España una forma de matasellos análoga a la usada en Francia, en Inglaterra o en otro de esos muchos países cuyos gobiernos saben donde tienen la mano derecha”. “Martillazo segundo.- Que si no causa gran molestia y mucho trabajo a los subalternos de correos el obedecerla y a sus jefes el recordarla, se cumpla, al menos para con las cartas que van al extranjero (pues en las de España todo pasa), la orden que previene la clara y limpia estampación de los sellos”.

Nada nuevo bajo el sol

Los males de nuestro Correo han sido seculares. No estamos ante ninguna novedad. Baste recordar la cita que reproduce del Dr. Suárez de Figueroa el Dr. Thebussem en “Un Pliego de Cartas”:

El oficio de los mensajeros es caminar a pie o correr la posta a caballo, llevando cartas, pliegos, escrituras, dineros y cosas así, sirviendo a príncipes, señores, caballeros, mercaderes, y a cualquiera que los despache. Padecen intolerable fatiga en los viajes, corriendo peligros de bandoleros, de ladrones, de ríos. De puentes rotos, de fortunas, de atolladeros, de calores, de hielos, de nieves y vientos, sin otras mil adversidades que les impiden muchas veces los viajes, con quiebra de los mercaderes y con expresa ruina de los que esperan avisos y resoluciones de importancia.

“Entre los que padecen mucho es el percacho de Nápoles hallándose aquel camino pocas veces seguro de forajidos. Los postillones tienen especial cuidado de las postas, que son más o menos, según la cantidad de tráfagos. En tiempo de las guerras y pestes padecen las estafetas su mayor enfermedad, por recibir por todas partes enfadosos encuentros y molestos estorbos, que les hacen perder tiempo, siendo tal vez detenidos, con pérdida de los dineros y cartas que llevan consigo. Son también muchas veces burlados de los dueños de las postas, que les dan ciertos matalotes inútiles, de trote perpetuo y tan flacos y deshechos, que es lástima verlos; por manera que es fuerza dejarlos a la mitad del camino en algún barranco, desnarigados y sin orejas, como señales de su flaqueza y culpa de quien los dio.

Tampoco los señores correos se hallan faltos de vicios y defectos, porque sin la infidelidad que reina en muchos, en abrir cartas ajenas, en descubrir sus sellos, en revelar secretos, son también inventores de mil embelecos, rompiendo las maletas y fingiendo haber sido desvalijados en pasos peligrosos…. En lo demás es la gente de esta profesión casi toda vilísima, blasfema, y que de continuo se sujeta al vino, sin llegar alguno jamás a viejo, muriendo todos molidos en lo mejor de su edad”.

CONCLUSION

No me atreveré a ofrecer una estadística actual de los matasellos “claros y limpios” como la que nos legó el Dr. Thebussem, primero porque no tengo la paciencia suficiente para examinar tal número de cartas y segundo porque no tengo la imaginación suficiente para ofrecer unos resultados fruto de una simple elucubración mental. Lo que si puedo afirmar, como cualquier lector podrá comprobar en su propio buzón, es que sólo una parte de la correspondencia que llega tiene legible la estampación de su matasello.

Justo y acorde con la realidad es que lo que en otros países llaman obliterado aquí lo denominemos matado que es sinónimo de muerto. Son tantos los sellos inútiles por su matasellos fuerte, borroso y mal estampado, que los ejemplares de calidad suelen ser muy escasos y en ocasiones rarísimos. Hasta tal extremo que, de muchos tipos es más fácil hallarlos en nuevo que con matasellos de lujo.

Me dicen que ahora Correos intenta mejorar la calidad de sus matasellos. Ojalá sea así y ojalá lo consiga. Para ello tendrá que superar la inercia de un proceder que se arrastra durante más de siglo y medio.

 

 

Nota: Las imágenes reproducidas en este artículo han sido cedidas por Francisco Graus de su Web http://www.graus.com