Fruslerías, Otras zarandajas — 8 de abril de 2002

Castellano “billano”

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Que los idiomas nacen y evolucionan con el tiempo no es un secreto para nadie.

No es el mismo nuestro castellano actual que el que tuvo origen en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, allá por los albores del X con el mudo testimonio de las famosas Glosas Emilianenses.

Ni tan siquiera es exactamente igual con el mucho más cercano castellano utilizado en el más próximo XIX.

Las incoporaciones de neologismos y modismos, acentuados al paso de los años, transforma de una manera imparable el uso y sintaxis de uno de los idiomas más hablados del mundo, cuya riqueza lingüística es de universal aceptación y reconocimiento.

Pero en el tráfago de las continuas innovaciones a través de más de mil años, podemos descubrir curiosas formas de habla reflejadas en los correspondientes escritos llegados a nuestros días.

Lejos de mí atreverme a pensar ni a inducir que el ejemplo que voy a presentar formó escuela de algún lugar o grupo determinado. No. Tan sólo pretendo mostrar uno de los curiosos ejemplos de lenguaje que alguien utilizó en un texto de una carta el año 1876. Y que no es único ejemplo.

La misma refleja la interpretación literaria del autor, poseedor de una peculiar forma de hablar y, porque no, posiblemente con manifiestas y notables carencias culturales.

En cualquier caso podréis comprobar cómo se puede ‘dialectalizar’ un idioma aunque sea con un sólo ejemplo que es el que puedo ofrecer. Probablemente no había escuela previa y con seguridad tampoco llegó a crearla. Esto último dicho con firmeza porque de lo contrario, ¡a dónde hubiera ido a parar nuestro respetado y universal idioma!.

En la Fig. 1 vemos el frente del sobrescrito, franqueado con un sello carlista de 50 céntimos de Real matasellado ‘ESTELLA’, población de tránsito de la misiva.

En la Fig. 2 vemos el interior de la misma con su texto completo. Si intentamos leerlo, tendremos grandes dificultades de comprensión a no ser que seamos expertos en lecturas crípticas.

Así que en la Fig. 3 presento el mismo texto en caracteres normales, sin modificar su forma sintáctica original. Ya podemos empezar a entender, con paciencia, qué le dice el remitente al Sr. Alcalde de la “billa” de Zirauqui (en realidad Cirauqui).

¿Entendió el Sr. Alcalde la misiva?. ¿Fué este peculiar estilo el utilizado en la anterior, causando la imposibilidad de su comprensión y justificando así el retraso en el pago de la deuda?.

Bueno, no creo que de este tema se llegara a interponer un recurso contencioso administrativo porque, de haber sido así, nuestro protagonista con su peculiar castellano “billano” lo hubiese tenido crudo, crudo.