Como un duro sevillano (I)

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La huella del falsificador 024

Publicado en El Eco Filatélico y Numismático (2011)

  

En lenguaje coloquial se utiliza frecuentemente la expresión “esto es falso falsísimo”, lo que es una redundancia. Una pieza es auténtica o es falsa; no puede ser un poco auténtica, un poco falsa, muy falsa o falsísima. Cuando se hace uso de un pleonasmo como “esto es falso falsísimo”, en realidad se quiere resaltar que la falsedad del sello o la pieza en cuestión resulta evidente por alguna causa, normalmente por su grosera ejecución.

La riqueza del castellano nos ofrece otras expresiones acordes con la idea de que la falsedad de algo sea tan patente a primera vista, como para no merecer discusión ni debate. Así, la frase “es más falso que un duro sevillano” o, aplicada a las personas, “es más falso que Judas” en referencia a Judas Iscariote, el apóstol maldito que traicionó a Jesús.

En las figuras 1 y 2 podemos ver dos “duros sevillanos”, monedas de 5 pesetas falsas. La primera de Alfonso XII de 1875 y la segunda del Alfonso XIII niño (Pelón) de 1890.

Fig. 1. – Duro falso “sevillano” del Alfonso XII de 1875.

Fig. 1. – Duro falso “sevillano” del Alfonso XII de 1875.

Fig. 2. – Duro falso “sevillano” del Alfonso XIII de 1890.

Fig. 2. – Duro falso “sevillano” del Alfonso XIII de 1890.

Durante siglos la moneda era acuñada por las naciones con sujeción a las existencias de oro y plata de que dispusieran. También el papel moneda inicialmente estaba respaldado por su valor en oro o plata, de hecho se trataba de meros certificados del metal que existía depositado en el banco emisor. Pero eso cambiaría a finales del siglo XIX para acabar en el siglo XX suspendiendo primero la convertibilidad de la moneda y más tarde el patrón oro.

El oro dejó de acuñarse en España, y desde 1876 la única moneda de curso legal acuñada en nuestro país sería de plata. En el último cuarto de siglo XIX y principios del XX el valor de la plata fue descendiendo, mientras los gobiernos, tanto liberales como conservadores, más que gastar derrochaban sin reparar en sus posibilidades. Al igual que nuestros actuales políticos, aquellos gobernantes se vieron obligados a recurrir a la emisión de deuda por un lado, y aumentar la masa monetaria por otro continuando la acuñación de los mismos duros de plata con el mismo contenido de plata pero cuyo valor llegó a descender hasta sólo dos pesetas de las cinco de su valor facial.

Era un negocio extraordinario convertir las dos pesetas de metal en una moneda de plata que valía cinco. Y si lo era para los gobernantes, también para los falsificadores, y comenzaron a acuñarse duros falsos. Parece ser que los primeros fueron detectados en el Banco de España de Barcelona. Pero ni este hecho ni la localización de cecas en Alicante, Cataluña e incluso allende nuestras fronteras, como México, ni el que en 1886 la acuñación de moneda falsa fuera la tercera actividad delictiva más importante de Barcelona, impidió la denominación generica del apellido “sevillano” con el que el pueblo bautizó a esas monedas tras descubrirse una ceca ilegal en una herrería hispalense.

La estafa de acuñar moneda con un valor intrínseco inferior al real lo había iniciado el gobierno, que sólo en el año 1898 llegó a emitir 200 millones de pesetas en monedas de 5 pesetas. Cuando la autoridad traspasa los límites de la ética, muchos ciudanos se ven legitimados para transgredir también la legalidad. El resultado fue esperpéntico.

Leemos en la crónica del Congreso del ABC del día 17 de julio de 1908 el debate con el ministro de Hacienda sobre los duros sevillanos, en la que se pone de manifiesto “el caso de que hoy mismo una persona haya recogido del Banco de España una cantidad de 500 pesetas en duros y haya ido a hacer una operación a casa de un banquero conocido, y éste, de 100 duros, haya rechazado nada menos que cuarenta por haberlos estimado sevillanos, aunque procedían del Banco”. Se calculaba que de 1.500 millones de plata en circulación unos 400 millones eran duros sevillanos. El mercado estaba saturado de monedas de 5 pesetas y eran repudiadas por todos. El ministro de Hacienda ordenó una gigantesca operación de cambio. La portada del ABC del 11 de agosto de 1908 recogía a plena página una fotografía del canje de duros sevillanos en la Casa de la Moneda y en otra foto publicada el 15 del mismo mes se pueden ver la operaciones de examen de los duros en sus oficinas.

Se organizó el gran desbarajuste, nadie tenía la certeza de si eran buenos o malos los duros que se recibían. Las monedas dejaron de acuñarse en plata y de tener un valor intrínseco semejante a su valor facial. En realidad todos eran malos ya que ni los oficiales ni los falsos valían 5 pesetas, aunque curiosamente algunas falsificaciones tenían mayor contenido de plata que los duros oficiales.

 

UN BILLETE MÁS FALSO QUE UN DURO SEVILLANO

Antes de acudir a la pieza filatélica que queremos describir, permítanme que les presente un curioso billete falso perteneciente a la colección de D. Joan Canela.

Se reproduce a continuación en las figuras 5 y 6 el anverso y reverso, respectivamente, de un billete de 5 pesetas de 1951. Por lo burdo y grosero, su dibujo resulta casi grotesco. Está realizado a mano alzada, a plumilla y sin mayores exigencias. La pieza está muy fatigada, lo que parece indicar que fue muy usado, circulando a través de muchas manos. En un principio, eso no resulta demasiado congruente con una pieza tan tosca que el menos avezado rechazaría inmediatamente como falsa. Pero encontramos la explicación al enterarnos de que procede de la cárcel Modelo de Barcelona. Sólo dentro de un recinto cerrado, como es un establecimiento carcelario, entre la población reclusa, cabía la posibilidad de que fuera admitida su circulación.

Fig. 3. – Billete falso de 5 pesetas.

Fig. 3. – Billete falso de 5 pesetas.

Fig. . – Dorso del billete falso de 5 pesetas.

Fig. . – Dorso del billete falso de 5 pesetas.

Por último las figuras 6 y 7 nos muestran ambas caras del billete original impreso en la Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre.

Fig. 5. – El billete auténtico de 5 pesetas del 16 de agosto de 1951 .

Fig. 5. – El billete auténtico de 5 pesetas del 16 de agosto de 1951 .

Fig. 6. – El billete auténtico de 5 pesetas del 16 de agosto de 1951 .

Fig. 6. – El billete auténtico de 5 pesetas del 16 de agosto de 1951 .

No hace falta que comparemos el original con el falso. Salta a la vista con tal rotundidad la falsedad de la pieza frauduenta, que a semejante ejemplar le podemos aplicar con todo su rigor la célebre frase: este billete es más falso que un duro sevillano.

Para no extendernos demasiado ahora, la pieza filatélica a la que antes aludía será tratada en esta misma sección en la próxima entrega.