Buceando..., Fruslerías — 16 de marzo de 2016

Del correo infectado a la filatelia contaminada

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BUCEANDO EN LA HISTORIA (65)

Publicado en Revista de Filatelia  (Diciembre 20098) 

 

La ley del instinto más fuerte

El instinto más fuerte del hombre es, sin ningún género de dudas, el de supervivencia. Fruto de este instinto, o condicionadas por él, son muchas las normas de comportamiento social que a lo largo de la historia han sido elevadas al rango de ley.

También en el ámbito de la Historia Postal podemos encontrar ejemplos de normativas dictadas para preservar la vida del individuo y en definitiva de la propia sociedad: es el caso de la desinfección de la correspondencia.

Sólo en base a la primacía de ese instinto de conservación, superior a cualquier otra tendencia o impulso, podemos entender que llegaran a promulgarse, sin rechazo social alguno, sanciones gravísimas para quien infringiera las órdenes sobre sanidad postal en lo referente a evitar la transmisión de la peste.

La sociedad no tiene ningún reparo en aceptar todo lo que perciba como favorable a su supervivencia. Por el contrario, si hay algo que subleva a las masas es la mera sensación de que se pone en peligro su vida, la de su familia, la de su clase, la de su etnia (aunque ese peligro pueda ser falso). La historia nos ofrece numerosos ejemplos de dirigentes políticos que han exacerbado a su pueblo o a sus seguidores con peligros inexistentes o por el contrario les han engañado ocultando la gravedad de otras contingencias mortales para evitar su temida reacción.

La peste y el correo desinfectado

La peste ha sido uno de los mayores males que ha sufrido la humanidad; pero lo cierto es que no conocemos con certeza y exactitud la naturaleza de la mayor parte de las epidemias de la antigüedad.

La denominación de peste, pestilencia o plaga, se aplicaba por igual a cualquier clase de enfermedad de carácter epidémico o pandémico que produjera una gran mortandad; lo mismo servía para referirse a cualquier clase de peste propiamente dicha (la peste negra, la neumónica o la septicémica) como a la viruela,  el tifus, el cólera, o la gripe. En realidad sobre las primeras pandemias de la historia todavía no se han puesto de acuerdo científicos e historiadores a cerca de la verdadera naturaleza de cada una. Dejaremos a un lado las más antiguas pandemias y epidemias, porque son ajenas al estudio de su incidencia en el correo y en la regulación postal.

La terrible pandemia del siglo XIV, que asoló Europa entre 1347 y 1351 ha sido denominada desde aquella época como la peste negra o la muerte negra por las manchas que aparecían en la piel de quienes enfermaban. Hoy, la mayoría de los autores entienden que se trata de la peste bubónica originada por la bacteria «Yersinia pestis», aunque recientemente otros defienden teorías diferentes.

Fuere cual fuere la bacteria o el virus que la causara, resultó de tan brutal mortandad que tras ella la población europea quedó reducida prácticamente a la mitad y según algunos autores a un tercio con más de 25.000.000 de muertos.

A España llegó por Mallorca que, según Zurita, en un mes casi se despobló, muriendo el ochenta por ciento de sus habitantes. Pasó luego a Valencia, Cataluña, Aragón y al resto de la península. El propio rey Alfonso XI, que estaba sitiando Gibraltar, vio diezmados sus ejércitos y fallecía víctima de la peste el 26 de marzo de 1350. El reino de Aragón perdió el 40 por ciento de su población. Otras zonas de la península el 25%. Documentos de la época narran cómo algunos lugares quedaron totalmente despoblados y fueron borrados del mapa.

Con efectos devastadores de esas dimensiones resulta comprensible el pavor que causaba la mera sospecha de que se produjera una nueva epidemia. En la fig. 1 podemos ver una representación de la «muerte negra» de la  Biblia de Toggenbur: Un mal de naturaleza desconocida y que habitualmente los pueblos han interpretado que se trataba de un castigo divino algo que ya nos narra la Biblia en el II Libro de Samuel durante el reinado de David hacia el siglo XI antes de Cristo.

 

Fig. 1  "La muerte negra". Grabado de la Biblia de Toggenburg de 1411.

Fig. 1 «La muerte negra». Grabado de la Biblia de Toggenburg de 1411.

 

Veamos una carta de la «Colección de Documentos y noticias tocantes a los Duques de Medina Sidonia formada por Don Mariano Pardo de Figueroa», encuadernada en 4 tomos por el propio Dr. Thebussem en 1866 en Medina Sidonia que dirige el II Duque al alcaide de Medina Sidonia, Martín Boca Negra[1] el año 1484:

En el frente (fig. 2) leemos: «A mi buen criado y especial amigo, martin boca negra mi alcaide é alcalde de la mi ciudad de medyna»

Fig. 2  Cubierta de una carta del Duque de Medina Sidonia dirigida el 6 de junio de 1484 a Martín Bocanegra alcalde de Medina Sidonia.

Fig. 2 Cubierta de una carta del Duque de Medina Sidonia dirigida el 6 de junio de 1484 a Martín Bocanegra alcalde de Medina Sidonia.

En el texto interior (fig.3) leemos: «alcalde martín boca negra mi buen criado y especial amigo: yo he sabido que se va dañando Xerez de pestilencia y que son algunos vecinos della que quieren venir a esa ciudad huyendo del daño y porque mi voluntad es quesa ciudad sea bien guardada deste daño yo vos mando que non consintades que ningun vecino desa ciudad no sea osado de acoger en su casa ninguna persona que de Xerez venga ni así mismo desa ciudad a Xerez vaya de manera que se guarde bien lo que aquí vos envío mandar, y así haya la ciudad esta (carta) por cuya para que juntamente con vos se guarde y cumpla esto y para esto poned una pena de peones quel vos vieredes que conviene para que se ( ? ) así quien lo contrario hiciere. Fecho seys de junio de ochenta é quatro años = El duque=

•Fig. 3 Texto de la carta de 1484 de don Enrique de Guzmán, conquistador de Alhama, dirigida al alcaide de Medina Sidonia previniéndole de la peste que se extiende por Jerez

• Fig. 3 Texto de la carta de 1484 de don Enrique de Guzmán, conquistador de Alhama, dirigida al alcaide de Medina Sidonia previniéndole de la peste que se extiende por Jerez

Las pestes generaban un pánico cerval en la población. Esta carta nos lo confirma cuando se refiere a los que se iban de Jerez huyendo de la epidemia. No se abandona la ciudad en la que uno vive (y menos en aquella época en la que la movilidad de la población era escasísima) si no es por un peligro gravísimo y evidente. De la misma forma que una parte de las gentes de Jerez huía hacia Medina Sidonia es lógico pensar que también habría quien lo hiciera en dirección a otros núcleos poblacionales de la zona. Estamos hablando de que la peste generaba un movimiento poblacional semejante al de una desbandada. Y esa misma huída en desbandada provocaba la dispersión de la enfermedad.

Ya desde la antigüedad quedó claro que las enfermedades epidémicas eran de naturaleza contagiosa y, aunque no se conociera realmente el vehículo transmisor concreto, ni la naturaleza exacta del mal, lo que sí era claro es que había que alejarse de quien estuviera infectado y, a ser posible, aislarlo. Sin embargo, frente quienes no lo entendieran así, se imponía la necesidad de prohibir su movilidad para evitar un mal mayor, la propagación de la epidemia.

En un principio se actuó prohibiendo el traslado de las personas, luego vendría la prohibición de traslado de cualquier objeto que pudiera ser portador de la enfermedad por haber estado en contacto con enfermos del mal y se consideró que las cartas, por el papel en el que estaban escritas, eran un medio idóneo para provocar el contagio. La primera medida fue radical: quemar las cartas sujetas a la posibilidad de ser medio de contagio, poco después se consideró suficiente su «desinfección» o «purificación». De ahí que, a partir de una determinada época (principios del siglo XVIII en España), se decretara la obligación de «desinfectar» la correspondencia.
1720. Principado de Cataluña. Primeras normas para la desinfección del correo en España

Ante la peste que se desata en Marsella en 1720, en el Principado de Cataluña se promulgan una serie de Órdenes y Providencias generales que regulan pormenorizadamente todo cuanto en la época se entendía podía afectar a la sanidad pública. Es la primera vez que en España se ordena desinfectar la correspondencia mandando «Que los Correos y extraordinarios que vinieren de Francia ó Italia, sino traxeren testimonios auténticos de haver hecho su carrera por camino remoto de Marsella, ó sus cercanías, o padecieren la menor sospecha de haver entrado o podido entrar ern las cercanías de Marsella se le obligasse a hazer Cuarentena, y recogiendo las cartas que traxeren, se echasen al vinagre y se sahumasen, y hecha esta diligencia, entregarse a otro Correo que esté en España, y las introduzca en ella, y se le de testimonio de esto para que en el camino en ninguna parte se le ponga embarazo». Se mandó que «además de los devidos perfumes, y baños de vinagre, ordenados dar a dichos pliegos y cartas, se agujeren y se traspasen por en medio con un punzón de hierro capaz para que de esta manera, sin lesión notable de la escritura pueda mejor el vinagre penetrarlas por la parte de adentro»

La figura 4 reproduce una carta escrita en Toulouse el 24 de febrero de 1723 y dirigida a Barcelona en esa época. La carta ha sido sometida a desinfección como puede comprobarse por el color amarillento pajizo producido por el vinagre (una vez desplegada la carta su interior muestra las zonas a las que llegó el vinagre y las que se vieron libre de él) y las flechas nos señalan los cortes efectuados para que el proceso de desinfección se introdujera dentro de ella.

Fig. 4 Carta fechada en Toulouse el 24 de febrero de 1723 con cortes de desinfección y las características  manchas de la desinfección con vinagre.

Fig. 4 Carta fechada en Toulouse el 24 de febrero de 1723 con cortes de desinfección y las características manchas de la desinfección con vinagre.

La gravedad de las medidas dictadas para la prevención de la difusión de la peste nos la muestran las sanciones impuestas a sus infractores. Unos ejemplos de ello son:

  • No se permitirá a ninguna barca del Principado o del Reino que desembarque en puerto, bahía, playa, cala o ensenada ninguna persona, mercancía u objeto. El único puerto autorizado será el de Barcelona. El incumplimiento de esta disposición se castigaba con «pena irremisible de la vida».
  • Las barquitas de pesca deben situarse a una distancia de tiro de fusil desde la costa. Si se les encontrara otra mercancía que la de la pesca, se quemará, sus personas puestas en cuarentena y la pena será de cinco años en galeras..
  • El que recuperara algo que flote tanto en las orillas, en el mar o en la costa y no lo denunciara, penará con su vida.
  • Los vecinos de la raya fronteriza que alquilaban sus prados para que pastase el ganado de los franceses, se les prohíbe hacerlo y en caso de incumplimiento perderán el dinero del alquiler y sufrirán la pena de cinco años de presidio. Por su parte los ganaderos franceses que entraran furtivamente penarían con su vida esta acción.
  • No disponer de las boletas de sanidad en su forma debida se castigaba con cinco años de galeras.
  • El cuarentenista que huyera del lazareto sin haber cumplido la cuarentena lo pagará con su vida. Y para demostrar que ello se había de ejecutar se mandó levantar horcas a las salidas de los lazaretos.
  • Se castigaba con pena de la vida al que falsificase las boletas sanitarias.

Pese al conjunto de medidas pormenorizadas del Edicto General del Principado de Cataluña y edictos adicionales y a la extrema dureza de las sanciones previstas, a los barceloneses de aquellos tiempos todavía les resultaron insuficientes para evitar con éxito la introducción y expansión de la peste por toda España.

Tras las cartas, los sellos: La filatelia como agente mortífero.

De todo hay en la viña del Señor y, como no podía ser de otra manera, lo mismo ocurre en el ámbito de la filatelia y en el mundo que la rodea. Existe quien ve el vaso medio lleno y el que lo ve medio vacío. Hasta ahí todo normal. Pero es que incluso hay quien ve en el vaso lo que no existe. Entre los pesimistas aquellos que son más derrotistas acostumbran a ver fantasmas terribles que nos conducirán a las peores catástrofes. En el extremo opuesto se sitúan los que, más que optimistas ilusos, en su inconsciencia ignoran la existencia de mal alguno y que si éste existiera creen innecesario tomar medida paliativa alguna porque el mal ha de desaparecer por sí mismo. Cómo de costumbre la realidad no está en ninguno de esos dos extremos

La historia de la Filatelia nos muestra que ha habido épocas mejores que otras y siempre hemos tenido que sufrir a pájaros de mal agüero prediciendo terribles nubarrones y un futuro negro para nuestra afición. Lógicamente nunca se han visto cumplidas tan aciagas predicciones y la Filatelia ha ido desarrollándose y madurando. Un ejemplo lo vemos en el artículo «La muerte de la Filatelia» publicado como editorial del nº 39/41 de la revista «El Coleccionista de Sellos» de Madrid de mayo-junio de 1900. En otro momento valdrá la pena que lo comentemos, hoy nos limitaremos a la noticia que publicaba la revista semanal «Por esos Mundos» impresa en Madrid el 29 diciembre de 1900 con el título:

Fig. 5  Portada de la revista "Por esos Mundos" de 1900

Fig. 5 Portada de la revista «Por esos Mundos» de 1900

«LA TUBERCULOSIS Y LA FILATELIA. Aviso a los coleccionistas».

De él extractamos algunos párrafos:

«Los sellos nuevos pueden ser poco peligrosos relativamente, pero la manía filatélica pone en todas manos sellos que han viajado Dios sepa dónde y que han rodado por cajones, mesas, libros y rincones, en fin, que están cargados de suciedad más o menos sospechosa, mejor dicho, llenos de microbios… Para que pueda juzgarse del grave peligro que hay, citaremos un caso que no deja duda alguna sobre el particular.

El doctor Busquet tenía en su clínica un tísico avanzado, gran coleccionista que pasaba el tiempo en toser, expectorar y pegar sus sellos en un álbum. Cortaba tiritas de papel de goma y las humedecía en la boca para pegarlas á los sellos, fijando luego éstos por el mismo procedimiento en el álbum.

Asustado el doctor Busquet de las consecuencias que podía tener para otros enfermos ese contacto con los sellos engomados y mojados con la saliva de un tuberculoso, quiso averiguar de un modo categórico si había en realidad peligro de contagio. Tomó 300 sellos de los preparados por este enfermo, los puso a remojo en agua esterilizada, al abrigo del aire, y a las 24 horas inoculó esta agua a unos conejillos de Indias.

Ocho animalitos recibieron inyecciones de este líquido procedente de la maceración de los sellos de correos y los ocho conejillos murieron al poco tiempo con todos los síntomas de la tuberculosis, enfermedad demostrada por la autopsia.

Así pues, ¡ojo filatélicos! que vuestra afición a las colecciones sea más prudente, recoged, si, los sellos más raros y más preciosos, pero guardaos de humedecerlos con la lengua, ni los peguéis tampoco con los dedos llevando éstos a la boca para humedecerlos con la lengua, pues estos dos procedimientos son perjudiciales y capaces de hacer absorber microbios de todas clases y sobre todo uno terrible, el bacilo de la tuberculosis.»

El artículo se comenta por sí mismo.

La historia nos enseña que la Ciencia y el tiempo dictan sentencia.

Ni la peste negra acabó con la correspondencia ni la tuberculosis (la llamada peste blanca) se ha probado que haya tenido más incidencia entre los coleccionistas de sellos. Nunca me han preocupado en exceso los que anuncian malos augurios para la filatelia en base a ciertas o supuestas experiencias negativas. El tiempo termina por desautorizarlos poniendo a cada uno en su bebido lugar.

La ciencia acabó identificando el agente biológico causante de las epidemias, los verdaderos medios de contagio y más tarde los métodos adecuados para combatirlas y sanar a los contagiados.

Los pájaros de mal agüero que a lo largo de la historia han predicho la agonía de la filatelia. Con el tiempo han ido quedando en entredicho y sus nombres han sido olvidados. La filatelia sigue afianzándose como una actividad consolidada en la sociedad moderna.

Fruto del instinto de posesión y del afán de saber del hombre la Filatelia es una forma de coleccionismo aceptada universalmente en la que a la satisfacción de poseer las piezas que lo constituyen, se une el saber o conocimiento que en torno a ellas se ha ido acumulando.

De esa forma, avatares que han sido determinantes en el comportamiento de otros sectores de la economía, pasan sin afectar al mercado filatélico prácticamente en nada. Seguramente nunca volveremos a ver la filatelia como una actividad desarrollada de forma masiva como se nos mostraba en los años setenta del siglo pasado, seguro. Probablemente la filatelia no volverá a mover masas de aquella forma. Pero, por otro lado, hoy la es (y cada día que pasa con mayor intensidad) un título más sólido, más firmemente enraizado en el quehacer de la sociedad moderna y más universalmente conocido y aceptado.

Así el coleccionismo filatélico se ha consolidado como un valor en sí mismo y no sólo fruto del capricho o la excentricidad de unos cuantos coleccionistas, como era a principios del siglo XX; ni de una gran cantidad de aficionados, como sucedía a partir del segundo tercio de siglo. En la actualidad la sociedad en su conjunto reconoce la cualidad, importancia y utilidad de la Filatelia, aceptando su alto valor incluido el económico.

 

 

 

 

 Nota:
[1]La familia Bocanegra procedía de Génova. Martín Bocanegra además de alcalde de Medina Sidonia fue corregidor de Gibraltar y participó activamente en los preparativos para la conquista de Melilla en 1497.