Actualidad, Opinión — 28 de septiembre de 2015

El ocaso de las tiendas de filatelia

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 Publicado en Atalaya Filatélica  (diciembre 2011)

 

No crea el lector que el título anuncia un artículo catastrofista. Nada de eso. El catastrofismo es una visión adulterada de la realidad en la que se exagera lo negativo, se minusvaloran los aspectos positivos y se concluye presagiando un desastre. Que las tiendas de filatelia, al menos como las hemos conocido hasta ahora, desaparezcan, no ha de ser necesariamente una calamidad. Podrá suponer un mal irreparable para quien disponga de un negocio de esa naturaleza y no evolucione hacia nuevas formas mercantiles, pero no tiene que ser ningún mal grave para el coleccionismo filatélico en general.

A quienes la existencia de tiendas les parece imprescindible para poder satisfacer las necesidades del coleccionista, cabe recordarles que el nacimiento de esta afición tuvo lugar cuando no había tiendas especializadas en la materia, se desarrolló sin ellas y sólo a partir del aumento del número de sus seguidores comenzaron a establecerse en el último cuarto del siglo XIX. Después irían evolucionando como veremos a continuación aunque sea muy por encima.

Figura 1 En la plaza del Teatro, tras la “Font del Vell” (Fuente del Viejo) vemos la Casa de Cambios que fuera la tienda de filatelia de Ramón Sendra y la ventana superior corresponde al que unos años más tarde albergaría la filatelia de José Monge.

Figura 1 En la plaza del Teatro, tras la “Font del Vell” (Fuente del Viejo) vemos la Casa de Cambios que fuera la tienda de filatelia de Ramón Sendra y la ventana superior corresponde al que unos años más tarde albergaría la filatelia de José Monge.

 LAS PRIMERAS FILATELIAS ESPAÑOLAS.

En general, las primeras tiendas en las que los coleccionistas podían adquirir sellos en España no eran propiamente filatelias, al menos como las conocemos hoy. Los primeros comerciantes ejercieron sus tareas filatélicas en tiendas dedicadas de manera principal a otra actividad. Además, en ellas una parte importante de las transacciones no eran ni compras ni ventas, sino intercambios. Veamos algún ejemplo:

Leopoldo López Ruiz anunciaba en “El Averiguador Universal” de 1871 la “venta, compra y cambio de sellos nacionales y extranjeros” en su óptica de la calle Fuencarral nº 6 de Madrid.

En Barcelona Francisco Julinés vendía sellos en su quiosco de la Rambla de Capuchinos entre 1876 y 1888. Josefa Martí (apodada “Pepeta Sellaire”) utilizó la portería del número 37 de la calle Canuda durante más de tres décadas, hasta cerrar el tenderete en 1914.

Figura 2.- La Filatelia de Miguel Gálvez en 1902. El pequeño que aparece en la foto cubierto por una especie de chichonera es Manuel Gálvez con 7 años de edad

Figura 2.- La Filatelia de Miguel Gálvez en 1902. El pequeño que aparece en la foto cubierto por una especie de chichonera es Manuel Gálvez con 7 años de edad

La filatelia de la plaza del Teatro en Barcelona donde comenzó a vender sellos Ramón Sendra hacia 1870 era una casa de cambio y punto de venta de lotería (fig. 1). De la misma forma, la filatelia de Miguel Gálvez en la calle de la Cruz nº 1, también era un establecimiento de cambio de moneda, utilizado por el padre del famoso Manuel Gálvez para la compra y venta de sellos, como de forma elocuente se plasma en la foto reproducida en la figura 2.

No debemos olvidar que por aquel entonces la filatelia era algo de muy escasa relevancia. Una actividad marginal con muy reducida dimensión económica. Será preciso que, con el tiempo, se desarrolle la afición y arraigue sólidamente en la sociedad. Sólo años más tarde, con un número mucho mayor de coleccionistas las filatelias crecerán tanto en el volumen de sus operaciones como en su número. Es el proceso que se seguirá a lo largo de la primera mitad del siglo XX.

Figura 3.- Recreación de la tienda de Stanley Gibbons en la célebre Strand de Londres cuando finalizaba el siglo XIX

Figura 3.- Recreación de la tienda de Stanley Gibbons en la célebre Strand de Londres cuando finalizaba el siglo XIX

 LA ÉPOCA DE ESPLENDOR.

Figura 3.- Recreación de la tienda de Stanley Gibbons en la célebre Strand de Londres cuando finalizaba el siglo XIX

Entre las figuras 3 y 4 media un siglo de diferencia. La tienda de Stanley Gibbons en la londinensa Strand y a poco más de cien metros de la estación de ferrocarril de Charing Cross, ha sido un lugar de peregrinaje de los coleccionistas de todo el mundo. No creo que ningún filatelista que haya viajado alguna vez Londres, haya dejado de visitar la filatelia más antigua y famosa de Gran Bretaña. Si una imagen vale más que cien palabras el cambio que vemos en las reproducciones de la tienda de Stanley Gibbons refleja con fidelidad la evolución de las filatelias de todo el mundo.

Figura 4.- Interior de la misma tienda de Stanley Gibbons en la actualidad

Figura 4.- Interior de la misma tienda de Stanley Gibbons en la actualidad

En la primera ilustración vemos que la clientela, por su indumentaria, pertenece a los estratos superiores de la sociedad. Es un época en la que la afición es seguida por un minoritario sector capaz de un gasto suntuario que la mayoría no se podía permitir.

En la segunda ilustración (figura 4) la tienda aparece sin un solo cliente. Delante de una empleada, el mostrador central está presidido por un ordenador. ¿Ha desaparecido toda la clientela?. No, al contrario. Hoy en día los clientes de Syanley Gibbons son mucho más numerosos; sin embargo ya no acuden físicamente al local de la Strand como acostumbraban a hacerlo tan sólo unas décadas atrás. Ahora operan a través de Internet.

Figura 5.- La filatelia de Aureliano Monge en la calle Boters de Barcelona conserva su fachada e interior con su excepcional estilo modernista

Figura 5.- La filatelia de Aureliano Monge en la calle Boters de Barcelona conserva su fachada e interior con su excepcional estilo modernista

En España, durante las tres primeras cuartas partes del siglo XX,  con el desarrollo de la afició, creció el número de tiendas. En ellas se atendía a los coleccionistas que gustaban pasar largos ratos revisando la existencias del comerciante y conversando con él. En muchos casos coincidían los mismos clientes o acudían varios juntos derivando su presencia en interesantes tertulias filatélicas.

Un ejemplo nos lo brindaba Filatelia de Aureliano Monge. A su establecimiento acudía cada día a primera hora de la tarde el ilustre experto Dr. Antonio Roig camino de su garito en una portería de la calle Petrixol pocos metros más allá.

Alguno de los que conocíamos el rutinario comportamiento del doctor Roig, como quien está escribiendo estas líneas (entonces un jovenzuelo imberbe) acudíamos a intentar cazar al vuelo retazos de las ilustrativas conversaciones que mantenía con con don Aureliano hijo del fundador de esa bellísima tienda (fig. 5) y otros clientes habituales que allí se daban cita. Recientemente también se ha cerrado esta tienda y continúan el negocio sus dos hijos.

Durante esos años los negocios de filatelia se caracterizabann por aspirar a tener el stock de sellos más extenso posible. El objetivo era conseguir que el coleccionista que acudíera allí lograra encontrar la mayor parte de las piezas que buscaba. Ese era el mejor incentivo para que regresara cuando quisiera volver a adquirir una nueva pieza. Por su parte el filatelista, para satisfacer su afición, buscaba algo más que una mera actividad de ocio que le permitiera cosumir las horas privadamente. El coleccionismo se entendía como una relación social. Por ello destinaba mucho tiempo a visitar filatelias y solía terminar estableciendo unos lazos más estrechos de relación con el comerciante al que más asíduamente acudía. En ello radica la fidelidad del coleccionista con su proveedor de confianza, más allá de que sus precios pudieran ser algo superiores a los de sus colegas.

Figura 6.- Filatelia López de Barcelona. Una filatelia moderna y de gran dinamismo donde priva lo funcional.

Figura 6.- Filatelia López de Barcelona. Una filatelia moderna y de gran dinamismo donde priva lo funcional.

SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX: DECLIVE Y OCASO

Vemos en la figura 6 la fotografía de una filatelia actual de Barcelona. Tres personas para atender a unos clientes que no aparecen en la fotografía. Efectivamente; ni están, ni se les espera. Mayoritariamente su visita sólo será virtual, por Internet y serán atendidos por ordenador. Ya no son necesarias las sillas o sillones para aquellos tertulianos que consumían parsimoniosamente las horas entre conversaciones, tabaco y búsqueda de los sellos que les faltaban en sus colecciones.

El mundo ha cambiado mucho y muy rápidamente. Las horas de trabajo se han multiplicado. La afición a los sellos hay que compartirla con muchas otras actividades de ocio que la modernidad nos ofrece. La afición sigue, pero cada día el coleccionista dispone de menos tiempo y prefiere evitar desplazamientos y entretenerse en seleccionar él los sellos que busca entre acumulaciones de álbumes y libretas por desmontar. Solicita el sello previamente clasificado y debidamente descrito según su estado y calidad. Y si puede evitarse el ir a recogerlo, miel sobre hojuelas. Primero fueron las ventas por correo y ahora éstas han sido desplazadas por las tiendas virtuales. Y, además, ahora tampoco se puede fumar en establecimientos públicos.

SIGLO XXI: TRIUNFO DE LA AFICIÓN CON NUEVAS FORMAS COMERCIALES

Quienes se dejan impresionar por algunos aspectos negativos del momento presente deben aprender a contemplar la realidad con una mayor amplitud de miras y aplicar a las predicciones del futuro las enseñanzas del pasado.

Aunque sea de forma muy sucinta, hemos visto la evolución de las tiendas de filatelia desde sus inicios hasta su versión digital o virtual. Una vez que el comerciante no precisa un establecimiento a pie de calle que facilite la visita de sus clientes, le será suficiente cualquier despacho. Mientras disponga de un ordenador incluso su propio domicilio será suficiente, y con ello logrará una notable reducción de gastos.

Al poco de aparecer las tiendas de filatelia nació otra forma de comprar y vender sellos: las subastas. Su evolución ha mantenido una linea de permanente desarrollo. Cada día es mayor la proporción el volumen de transacciones  a través de subastas frente a otras modalidades comerciales, como las tiendas, los mercados dominicales o las ferias en exposiciones y muestras filatélicas.

Franklin Roosvelt, Anatoly Karpov, María Sharapova,… LA HISTORIA SIGUE
Figura 7.- La bellísima María Sharapova: tenis y filatelia desde la niñez

Figura 8.- La bellísima María Sharapova:
tenis y filatelia desde la niñez

Fig 7 Roosvelt

Figura 7.- Foto del presidente Francis Delano Roosvelt examinando un sello de su colección.

En diversas ocasiones se escucha el comentario de que la mayoría de quienes asisten a las subastas y a la exposiciones, son personas de más o menos avanzada edad, como si ello fuera un signo del escaso arraigo de la filatelia en la juventud actual. Cuando vemos fotos de subastas y exposiciones antiguas, la media de edad de los asistentes en mucho mayor que en las de hoy en día. Aunque eso no contradice el hecho de que el coleccionismo entre los más jóvenes no sea masivo como lo fuera hace unas cuantas décadas.

Figura 9.- Anatoly Karpov el coleccionista especializado en filatelia temática ajedrez (claro) y de las Olimpiadas 1896 a 1928.

Figura 9.- Anatoly Karpov el coleccionista especializado en filatelia temática ajedrez (claro) y de las Olimpiadas 1896 a 1928.

La filatelia siempre ha visto participar en subastas y exposiciones a personas en su mayoría de elevada edad. ¡Pero mucho más antes!

Antes, si se quería destacar a algún coleccionista  de prestigio, las únicas citas posibles se referían a reyes como George VI de Inglaterra o Carol de Rumania, al presidente Roosvelt de los Estados Unidos (fig. 7), a banqueros como Rothschild, etc. a los que no se les podía calificar precisamente de jóvenes.

Por el contrario hoy personalidades relevantes de la vida social que coleccionan sellos son mucho más jóvenes. Ha sido el caso del ajedrecista Anatoly Karpov campeón mundial juvenil a los 18 años y absoluto a los 24 y ya entonces gran aficionado; o el de Freddy Mercury, solista de Queen, cuya colección adquirió el Museo Británico en subasta pública; el de John Lennon, de los Beatles, cuyo álbum de niño con 550 sellos usados lo compró en 2005 el Museo Postal del Instituto Smithsoniano de Washington por 53.000 dólares; o el de Ronnie Wood, el guitarrista de los Rolling Stones; o de María Sharapova, la campeona de Wimblendon en 2004 a sus 17 años que continúa una colección de sellos iniciada en su infancia.

Por supuesto que siguen siendo muchos los coleccionistas de sellos de más edad . Ahí están el presidente de la República Francesa, Nicolás Sarkozy o el príncipe Rainiero III de Mónaco. Es normal. La trayectoria más frecuente de un filatelista es la de comenzar a coleccionar en su infancia o en su juventud y abandonar la afición con el inicio de los estudios superiores, para retornar a ella tras estabilizar su vida al formar una familia, con una actividad profesional fija. Naturalmente eso condiciona que la edad de los coleccionistas avanzados sea superior, porque, además, es cuando dispone de mayor poder adquisitivo.

La Filatelia, calificada como el hobby de los reyes y el rey de los hobbies, evoluciona cambiando sus formas de comercialización y para compartir su vida con las nuevos y poderosos artículos de ocio y entretenimiento ya sean para jóvenes o para adultos.

Así es y así será.