El sello NE 1 falso

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La huella del falsificador 020

Publicado en El Eco Filatélico y Numismático

 

 

Lo habitual en esta sección de la revista es tratar de piezas concretas que estudiamos específicamente para denunciar su falsedad. Hoy, en cambio, trataremos del 12 cuartos impreso en 1859, conocido como el primer sello no emitido de España. Lo hacemos a raíz de un excelente estudio que publica Javier Padín en el nº 14 de Academus, la revista de la Real Academia Hispánica de Filatelia.

Por su calidad, el estudio merece la mayor difusión y a ello queremos contribuir haciéndonos eco de él. No debo quitar ni añadir una coma al excelente trabajo de Padín y por eso recomiendo su lectura a quienes deseen ampliar las cuatro pinceladas que aquí daremos.

El sello que referencia el catálogo Edifil como NE 1 es falso.

Figura 1Fig. 1. – Edifil NE1. Bloque de 6 con un ejemplar capicúa

La Fábrica Nacional del Sello jamás lo imprimió oficialmente. Se trata de una falsificación a la que se quiso dar un status de autenticidad por medio de su inclusión en los catálogos.

¿Acaso no existió un auténtico 12 cuartos impreso en 1859? Por supuesto que sí: es el referenciado como NE1A por el propio catálogo Edifil que reproducimos a continuación.

Figura 2

Fig. 2 – El 12 cuartos auténtico

Padín relaciona 10 características que debe reunir el 12 cuartos original. Pero de todas ellas, son dos las que principalmente distinguen el auténtico del falso bautizado como segunda tirada.

Figura 3 y 4Las figuras 3 y 4 nos muestran las diferencias en la línea de base del sello. En el ejemplar auténtico se aprecian las irregularidades producidas al forzar la introducción de la leyenda 12 CUARTOS, demasiado grande para el hueco en que debía entrar. Por el contrario en el falso la línea inferior del marco mantiene un forma regular.

Figura 5 y 6

En las figuras 5 y 6 podemos apreciar claramente que el trazo oblicuo de la parte superior de la cifra “1” en el sello falso es mucho más corto y en algunas ocasiones hasta carece totalmente de él.

Estos son los detalles más destacados y conocidos. No podemos olvidar tampoco el uso de una tinta diferente y un papel distinto, como es lógico que ocurriera cuando los sellos falsos se imprimieron unos 70 años después de la tirada original.

Entonemos un “mea culpa” y subsanemos el error.

Una de las armas más efectivas para luchar contra el falsificador es aislarlo. Si cuenta con colaboradores, su poder se multiplica. Con frecuencia los falsificadores buscan cómplices a través de comerciantes o revendedores sin escrúpulos. Así consiguen ayudas para distribuir su producción. Pero muchas veces esa complicidad no se da por la acción de un corrupto sino por la pasividad de la mayoría.

Debemos agradecer a la Real Academia Hispánica de Filatelia, y a Javier Padín en concreto, la valentía en formular la denuncia de algo que todos conocemos y que, por lo general, hemos dejado pasar por alto: Expertos que conocen la falsedad de estos sellos (incluso habiéndolo escrito en diversas publicaciones) y que certifican su “autenticidad” justificándolo por ser las que están descritas en el catálogo. Comerciantes y subastadores que hemos vendido estos sellos con el mismo argumento de su catalogación. Es lamentable tener que confesarlo; pero en esto todos hemos pecado por pasividad, hemos aceptado los hechos sin actitud crítica y, por consiguiente, de alguna manera hemos sido cómplices del falsificador.

La catalogación de este sello es inconsistente:

1.- ¿Qué sentido tiene una segunda tirada para un sello que no ha llegado a ponerse nunca a la venta? Si nunca se puso a la venta ¿Cómo pudo ser necesaria una segunda tirada?

2.- ¿Cómo puede denominarse segunda tirada a unos sellos que aparecen en el mercado 70 años después de que se imprimiera el sello original cuando, además, su tinta y papel son diferentes?

3.- ¿Por qué se cataloga como NE1 la llamada segunda tirada y como NE1A la primera? ¿Será porque es más rentable computar como sello base aquél del que hay más existencias y como variedad el que es extraordinariamente más raro? Eso no era así en las ediciones del catálogo Edifil anteriores a 1991, en las que el NE1 era el que ahora se llama 1ª tirada. Es decir, el auténtico.

Se podrá argumentar que la incorporación al catálogo de esta falsificación es una cuestión heredada, y en buena parte es así. Esto no es obra de Edifil, se trata de algo que viene de antiguo. El engendro nació como fruto de los intereses económicos de un comerciante de los años 30. Un personaje que, si no lo imprimió personalmente, lo mandó imprimir o en todo caso fue quien originariamente lo comercializó y tuvo en sus manos la mayor parte de estos sellos. Pero no podemos volcar sobre el pasado toda la responsabilidad de la situación actual.

Aunque el falsificador se ve fortalecido por la negligencia de todos, el mayor respaldo que puede obtener es el refrendo de un catálogo.

A todos nos interesa sanear la filatelia; por ello debemos prestar más atención a nuestros catálogos y corregir sus errores, aunque vengan de antiguo. Edifil es un catálogo en evolución que ha experimentado una enorme mejora a lo largo de los años, pero todavía le queda un largo camino por recorrer.

Todos, expertos y comerciantes, nos hemos de exigir valentía para llamar a los falsos por su nombre. No usemos eufemismos como “segunda tirada” o “reimpresión” porque son puras mentiras: de lo que estamos hablando es de falsificaciones.