Falsificación del 1083
La huella del falsificador 011
Publicado en El Eco Filatélico y Numismático
Es la estrella de la colección del II Centenario de España debido al precio que ha alcanzado en el mercado, Se trata del sello puesto en circulación el 23 de octubre en 1950 habilitado para correo aéreo con una sobretasa de 10 céntimos. El catálogo Edifil lo valora en 7.100 € para ejemplares sin señal de haber tenido charnela.
No es de extrañar que los falsificadores hayan puesto sus ojos en él.
Recuerdo que yo empezaba a hacer mis pinitos comprando y vendiendo sellos allá por el año 1962 y veía con sorpresa lo que entonces me parecía una incoherencia absurda: que piezas más raras tuvieran un precio inferior que otras mucho más corrientes. Así sucedía con este sello: el ejemplar con numeración al dorso se podía adquirir entre las 500 y las 600 pesetas poco más o menos y el “sin número” aunque teóricamente valía lo mismo, costaba mucho venderlo porque se trataba de una variedad. A partir de entonces comprendí que de poco sirve considerar la rareza de una pieza. El precio lo determinan conjuntamente oferta y demanda, El “sin número” sólo interesaba a los pocos que por aquella época coleccionaban variedades y a quienes obtenían un descuento sobre el precio del sello “normal” con numeración al dorso puesto que así rellenaban el hueco del álbum a un coste inferior.A la hora de su fabricación no se dio mayor importancia a las hojas que se tomaban de los excedentes de sellos de Falla de 25 pesetas emitidos en 1947 y almacenados en la Fábrica Nacional de la Moneda. Se cogieron las primeras que aparecieron y resultó que estaban sin numerar al dorso. Cuando tuvo que aumentarse la tirada se acudió de nuevo al mismo stock, no quedaban ya muchas sin numerar y la inmensa mayoría pertenecían a la emisión ordinaria con la numeración de control estampada al dorso como medida preventiva de seguridad.
La aparición del catálogo Edifil supuso el “boom” del “sin número” porque fue catalogado como sello tipo. Se intercaló entre todos los de correo ordinario en lugar de ubicarlo con otra numeración en el apartado de correo aéreo y, encima, como una variedad.
La operación especulativa, entroncada en la estrategia de promoción del nuevo catálogo, tuvo éxito. En poco tiempo los coleccionistas habían adquirido el álbum de sellos diseñado en base a la nueva catalogación. Y aspiraban a cubrir el vacío que ahora les aparecía en una colección hasta entonces completa, multiplicaron su demanda y, por consiguiente, su cotización.
Había llegado el momento en el que la falsificación era atractiva para los falsificadores.
Los posibles caminos para falsificar este sello son:
1º.- Partir de falsificar el sello base, el 25 pesetas de Falla. Alternativa que quedaba inmediatamente descartada por la incapacidad de falsificar con un mínimo de calidad una impresión calcográfica careciendo del grabado o una matriz original.
2º.- Tomar como base un sello falso de Falla de los que circulaban por el mercado y que habían sido producidos con elementos originales sustraídos de la misma Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Esta vía tenía el problema de que los sellos falsos ya eran conocidos (los autores habían sido procesados y condenados por la Justicia) y los expertos los identificaban fácilmente aunque se imprimiera la sobre ellos una habilitación falsa de la más excelente calidad..
3º.- Borrar la numeración de un sello original de Falla y falsificar únicamente la habilitación.
4º.- Y el camino más corto era borrar la numeración del sello aéreo (Edifil 1090) transformándolo en el 1083.
Este último fue el proceder del falsificador en el caso que hoy estudiamos.
La figura 1 reproduce el sello en cuestión. Su anverso no revela nada significativo, si bien se aprecian unas ligerísimas sombras que bien pudieran parecer algo de suciedad.
Si acudimos a la figura 2 observaremos que no se trata de mera suciedad. Muy al contrario, el sello está completamente manipulado y también se detectan manchas de óxido que han sido eliminadas de la simple visión ocular.
Procedamos ahora a examinar el dorso:
De la misma forma que ocurre con el sello por la parte frontal, a simple vista, en el dorso, sólo se aprecia algo de suciedad.
La lámpara de Wood revela algo más algo más gracias a la diferente fluorescencia que la radiación ultravioleta produce sobre sustancias distintas (figura 5). Pero debemos profundizar más.

Fig. 5 – Visualización completa de las manipulaciones soportadas que no pueden apreciarse ni a simple vista ni con luz ultravioleta
Acudamos a la figura 5. Ahora sí podemos apreciar con plena evidencia que el sello ha sido manipulado totalmente. Por un lado han aflorado las manchas de óxido que se habían lavado. Pero lo que es mucho más importante se pueden apreciar restos de la numeración que el sello tenía originalmente.
Lo que en un principio parecía una mera manipulación para limpiar la pieza ahora vemos que se trata de algo más grave: es una falsificación. Se ha querido producir un sello a partir de otro. El 1083 de Edifil borrando la numeración de control de un ejemplar del número 1090.
En la figura 6 podemos comprobar que en la zona correspondiente del sello quedan restos de la numeración. Pero ampliemos hasta diez veces los restos que quedan de la letra “A” que precede al número y veamos cómo corresponden exactamente a la “A” de un sello 1090 original (figuras 7 y 8).

Fig. 7 – Letra “A” de un 1090 y zona en la que se encuentran los restos que el falsificador no pudo eliminar en el ejemplar estudiado.
El falsificador ha sido de nuevo descubierto. Ha dejado demasiados rastros:
– restos de la numeración original del sello 1090,
– manchas que no ha podido eliminar de forma absoluta,
– manchas fruto de la manipulación y
– alteración de la goma original.
Muchas huellas que evidencian su “trabajo”. Pero aún siendo muchas, son un peligro grave para el coleccionista poco precavido ya que no se aprecian por una mera inspección ocular vista. Se necesitan los recursos técnicos del experto para descubrirlos.





