Buceando..., Fruslerías — 11 de septiembre de 2013

La carta de un mártir

por
Buceando en la Historia de la Filatelia 018

Publicado en Revista de Filatelia (noviembre 2000)

Sorprendido porque una carta franqueada con sellos de Antillas estuviera matasellada con la Rueda de Carreta nº 61 de La Junquera, adquirí hace años la pieza que ahora comentamos. Durante meses durmió en un cajón hasta que llegó el momento de describirla para su inclusión en una subasta. Cuan no sería mi estupor cuando, al abrirla para ver la fecha, observé que estaba escrita en, Cochinchina.

carta de Pedro Almató

Su texto reza así:

“Muy querido Padre mío:

Aprovecho la ocasión de un Vapor Francés, cuyo objeto es sacar de este Reino y trasladar a Macao los misioneros que quieran aprovecharse de ese favor para substraerse del furor de estos Mandarines hasta que Dios de la paz por medio de la escuadra Francesa que hace más de 3 meses que arribó a la Cochinchina.

Desde mi última, se han acrecentado los males de estas misiones sobre manera. Un Sr. Vicario Apostólico fue martirizado atrozmente, varios sacerdotes decapitados, desterrados muchos catequistas y cristianos; destruidos pueblos enteros, y atormentados cruelmente cuantos no querían abandonar la Religión. ¿Quién podrá contar todos los males de estas comunidades y llorarlos como se merecen?

Si los superiores me mandaran salir de la misión y pasar a Macao, volveré a escribirles. Al presente no puedo ser más largo. Encomiéndeme mucho a Dios. Memorias a todos los que Vd. sabe que debo estar agradecido.

A Dios, padre mío.

Su hijo

F. P. Almató

Diciembre 15 de 1858”

 

La cruzada española en Cochinchina (1858-1863) es un pasaje de nuestra historia no demasiado conocido. En aquella parte del sudeste asiático (Annam y Tonkin, actualmente Vietnam) desde hacía mucho tiempo venían desarrollando su actividad misionera sacerdotes católicos principalmente franceses y españoles. A finales del siglo XVIII esos dos reinos, secularmente en lucha, estuvieron unidos bajo el mando del emperador Gia-Laong que debía su ascenso al trono al misionero francés Pedro Pigneaux de Bahaigne. Por esa razón las misiones gozaron hasta los primeros años del siglo XIX de la decidida protección del emperador, algo excepcional en un lugar donde a los momentos de relativa indiferencia de los reyes, se sucedían períodos de persecución más o menos cruenta.

Al alcanzarse la mitad del siglo XIX, bajo el reinado de Tu-Duc, las persecuciones se intensificaron hasta alcanzar unos grados de crueldad que parecían no tener límite. En julio de 1857 se ejecutaba, salvajemente decapitado, al obispo español José María Díaz Sanjurjo en la capital de Tonkin. Era el Vicario apostólico al que alude en su texto el Padre Almató y del que testigos presenciales narran así su martirio:

“…le despojaron de sus vestiduras (…)y se arrojaron como tigres sobre el Venerable Prelado, tirándolo sobre el suelo con la cara mirando al cielo; clavaron las terribles estacas algo distantes de sus pies y manos que, con ásperas  y gruesas cuerdas. Estiraron sin piedad con tanta violencia, que sólo aquel tormento sería intolerable sin la gracia de Aquel que fortalece a los mártires. Clavaron otras cerca de las rodillas, una a cada parte, y lo mismo hicieron cerca de los sobacos. Dentro de esas cuatro estacas comprimieron el cuerpo del Venerable, causándole terribles dolores. Concluida esa cruel operación el mandarín, desde el elefante, dio con la bocina la bárbara orden a los verdugos, que con hachas embotadas, cuatro para los pies y manos y el quinto para la cabeza, dieron comienzo al inhumano y dolorosísimo tormento. El sacerdote indígena, P. José Khahn, testigo ocular, dice que para la cruel operación de las piernas, que se ejecutó sobre las rodillas al principio del muslo, fueron necesarios como unos doce golpes de hacha, y seis para cortar los brazos. Arroyos de sangre corrían por los miembros cortados (…) la lengua ya no podía articular (…). Después de tan cruel carnicería, aún vivía el venerable Prelado. El quinto verdugo le decapitó entonces (…)quince golpes descargó sobre aquella garganta venerable, y quedó todo su sagrado cuerpo dividido en seis partes. Después aquellos bárbaros e inhumanos carniceros abrieron aquel noble vientre, le sacaron el hígado y la hiel, que junto con la cabeza colgaron en las puertas de la ciudad. Después la cabeza la dividieron en cuatro partes y lo arrojaron todo al mar”

Estos hechos desencadenaron la intervención militar francesa que aprovechó los acontecimientos para incrementar su presencia en la zona. En junio de 1858 se firmaría el tratado de Tien-Tsin para normalizar algo la situación en Tonkin, pero siguió en su más intensa gravedad el problema en Annam, donde el dominico español fray Melchor García San Pedro sería martirizado con atroz ensañamiento.

Los franceses habían recurrido a la cooperación de tropas españolas en Filipinas, tropas mucho mejor preparadas para una intervención militar en la zona, pues estaban formadas por mandos españoles y contingentes tagalos acostumbrados a actuar en el archipiélago filipino en muchos aspectos similar al territorio cochinchino.

Tu-Duc acabó solicitando la paz ante la amenaza de insurrección de los cristianos de Tonkín. El 5 de junio de 1862 se firmó el tratado de Saigón por el que Francia se anexionó Saigón y otros territorios además de obtener diversas indemnizaciones, ventajas comerciales y otras compensaciones. Todo lo que obtuvo  España fue una indemnización de guerra tarde y mal pagada y poco más. Una nueva sublevación apenas firmado el tratado motivó que las dos compañías españolas que seguían en Saigón intervinieran de nuevo a solicitud de los francesas. Sólo el 1 de septiembre de 1863 los españoles abandonarían aquellos territorios embarcándose hacia Manila.

La carta que comentamos está escrita en un momento (como se cita en su mismo texto) en el que un buque francés (el Pregent) había acudido a liberar a los misioneros europeos que allí estaban llevando a término labores de evangelización. El dominico Pedro Almató, hace pocos años elevado a los altares como santo por Juan Pablo II, nos ofrece su heroico testimonio. No le son suficiente justificación los espeluznantes martirios que ha visto sufrir a sus compañeros para abandonar la misión; sólo lo haría si fuera obligado por la obediencia a sus superiores. Sabía que si permanecía en ellas, su vida correría peligro. La carta tiene tintes de despedida y finaliza “A Dios Padre mío”; no es un hasta luego, ya nunca más podría comunicarse con su familia. Poco después moriría mártir por la fe cristiana, víctima de la persecución de los mandarines chinos.

UNA PIEZA UNICA DE LA HISTORIA POSTAL ESPAÑOLA

Trasladémonos ahora al terreno de la historia postal. Estudiemos las vicisitudes de la carta y como circuló hasta su destino en Cataluña.

El buque francés Pregent zarpó desde Manila el día 2 de diciembre de 1858 para rescatar a los misioneros y regresaría de esa misión hacia Macao el 9 de enero de 1859. En las islas Filipinas se utilizaron para el franqueo de la correspondencia dirigida al extranjero los sellos de 1 y 2 reales de plata fuerte con filigrana lazos que estaban en uso en las Antillas españolas y que Madrid envió a Manila en abril de 1855. Más tarde se remitirían sellos de 1 real sin filigrana. Estos valores serían utilizados allí hasta fines de 1863.

Partiendo del hecho de que el buque francés Pregent procedía de Manila era de suponer que si se le entregaba una carta, ésta sería depositada en el correo español de Filipinas, de ahí que se franqueara con esos sellos de acuerdo con la tarifa vigente. Pero no sucedió así. El barco siguió hacia el norte hasta Macao (próximo a Hong-Kong) para dejar en esa colonia portuguesa a los misioneros que había rescatado. Es lógico pues que entregara la correspondencia al correo inglés de Hong-Kong como demuestra el fechador de la oficina postal inglesa que figura estampado al dorso. La carta llegaría a Londres (fechador del 5 de abril) y por Francia atravesó la frontera española el 9 de abril (fechador de La Junquera al dorso). Es en esta oficina de cambio donde observan qe los sellos no habían sido obliterados y los matasellan con la rueda de carreta 61. La carta siguió hasta Barcelona (fechador de tránsito del día 10 de abril) para dirigirse a su destino final en San Feliu Saserra, pequeña aldea de la provincia de Barcelona que sólo contaba con 388 habitantes en aquella época y que  dependía de la administración postal de Vich.

Esta bella pieza es la única carta conocida circulada desde el continente asiático con sellos españoles hasta Europa. Si bien han llegado hasta nosotros otras piezas franqueadas con sellos españoles desde la Península hacia el buque Jorge Juan en servicio en Cochinchina, no se conoce ninguna otra circulada en sentido contrario. Se trata, pues, de una de las más importantes rarezas de las Dependencias Postales Españolas.