Buceando..., Fruslerías — 3 de julio de 2014

La ley de Gresham y el futuro de la filatelia (I)

por

Buceando en la Historia de la Filatelia 048

Publicado en Revista de Filatelia (julio-agosto 2004)

No encuentres la falta,
encuentra el remedio
Henry Ford

Ante una situación negativa, o cuando acontece un mal, hay diversas formas de reaccionar. Los más inteligentes (generalmente la excepción) tratarán de efectuar un análisis pormenorizado, buscarán las causas y tratarán de aplicar el remedio que solucione ese mal. Los insensatos negarán lo evidente y afirmarán que las cosas no están tan mal como para preocuparse. Los cobardes esconderán la cabeza bajo el ala y esperarán que lleguen tiempos mejores, añorando pasados tiempos mejores. Los pesimistas profetizarán un futuro inmediato apocalíptico que acabará de forma desastrosa. Vamos a ver un ejemplo de esta última reacción que nos permita hacer algunas reflexiones. 

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Cabecera de la revista “El Coleccionista de Sellos” que en 1903 auguraba la desaparición de la filatelia

La muerte de la filatelia

El otro día (el 30 de mayo de 1903). Hace poco más de un siglo, la revista “El Coleccionista de Sellos” publicaba con ese título su artículo editorial. De él reproducimos textualmente su primera parte::

“Lo estamos viendo venir desde hace mucho tiempo.

Excesos de codicia de sus explotadores, falsedades y falsificaciones a granel y debilidades de los gobiernos, que han servido en muchas ocasiones los intereses de los comerciantes, la han traído a una estado tal, que si a nosotros no nos interesara su desarrollo y su fomento, tanto como al que más pueda interesarle, n o vacilaríamos en aconsejar a los coleccionistas el cierre definitivo de sus álbumes, limitando el progreso de los mismo a lo que por adquisiciones gratuitas o por cambios pudieran agregarles.

Periódico de tan bien sentada reputación como L’Ännouce Timbrologique, de Bruselas, abunda en nuestras opiniones al impugnar una idea lanzada a los vientos de la publicidad en Le Soir por el filatelista Mr. Baltus, que proponía nada menos que la emisión de unos sellos para conmemorar el 750 aniversario de la independencia belga con las efigies en cada valor de uno de los miembros de la familia real de aquel país.

L’Annouce protesta con razón de la prodigalidad y del capricho que preside en estas emisiones, hecha casi siempre a medida del deseo de los comerciantes, haciendo constar que ya son suficientes los sellos emitidos para ocupar la actividad coleccionadora de todas las generaciones venideras.

Nosotros decimos más, y sostenemos que si<las emisiones no se renuevan con la única finalidad de servir a las comunicaciones y se hacen en honor exclusivo del sport coleccionista o del mercantilismo comercial, la Filatelia está llamada a morir en un plazo muy breve, porque van a luchar los coleccionistas con la imposibilidad material de reunir las ya numerosísimas variedades que existen, juntamente con las infinitas a que puede dar margen el criterio que combatimos.

Según hemos apuntado anteriormente, la Filatelia atraviesa un período de crisis, casi agónica, determinada por una porción de causas diferentes, de las cuales es la menor la que ha justificado el atinado sueltos de L’Annouce.

Son además causas esenciales la verdadera infamia con que se contrata generalmente en los mercados filatélicos: el coleccionista de buena fe ha llegado al extremo de no poder adquirir en ninguna parte sellos nuevos con su goma original de ninguna emisión fuera de curso, porque la inmensa mayoría de los ejemplares que corren así por los mercados son procedentes del lavado que hemos combatido siempre por lo que a la afición perjudica; no pueden comprarse tampoco sellos sobrecargados, porque todas, absolutamente todas las sobrecargas, se falsifican por el procedimiento de la galvanoplastia, de tal< suerte, que apenas si hay medio humano e conocerlas; no pueden comprarse sellos usados de algún valor porque se corre el riesgo de reunir juntamente la falsificación del sello y del matasello, de suerte tal, que el imperio de la codicia y de la mala fe ha llegado a extremos completamente intolerables. Por eso muere la afición y con ella la Filatelia.

El hecho de la verdadera agonía por que pasa, lo acredita la muerte, entre nosotros de todas las publicaciones filatélicas; la muerte de los Círculos; la baja desastrosa de las transacciones producida por el justo recelo de los compradores y el descenso del valor real de los sellos en casi todos los mercados, donde vienen a ser un mito las cotizaciones altas de los catálogos.

Muere la Filatelia….”

¿No hay nada nuevo bajo el sol?

Creo que todos estamos de acuerdo en que ese mismo texto que publicaba “El Coleccionista de Sellos” en 1903, lo firmarían hoy en día muchos filatelistas sin dudarlo lo más mínimo y sin tener que tener que introducir casi ninguna matización.

Problemas como la excesiva prodigalidad de emisiones de sellos destinadas a los coleccionistas y no al franqueo de la correspondencia, la impunidad con la que se comercia con sellos falsos y trucajes, la proliferación del lavado y re-engomado de los sellos, siguen siendo hoy justa causa de preocupación y el argumento esgrimido por los más pesimistas para alumbrar los más negros presagios. Parece como si nada hubiera de nuevo y todo siguiera exactamente igual que hace nada menos que cien años. Pero eso no es cierto. Todo ha cambiado, y mucho:

  • La proliferación de nuevas emisiones destinadas al consumo de la filatelia.

Para haberse efectuado en 1903 esa denuncia suena casi a chiste. Por aquellos años, en España, todavía no se había emitido la primera serie conmemorativa. Si este criterio le parecía válido al autor para entonces darlo como argumento de que la muerte de la filatelia era inminente, ¿Qué hubiera pensado en los años en que proliferaron las series conmemorativas de la Cruz Roja, Sevilla-Barcelona, Goya, Colón etc.?

Y ni que decir tiene el escándalo que supondría para aquellos coleccionistas de principios del siglo XIX la actual política de emisiones tanto del Correo Español como el de los demás países..

Sólo un dato: entre 1850 y 1900 el total de sellos de correo ordinario emitidos en España fue de 202 a los que el catálogo suma 11 de correo oficial, 6 de correo local carlista, 20 de impuesto de guerra y uno de devolución para totalizar 240 sellos en 50 años. Un promedio de 4,8 sellos por año.

En los últimos 5 años del siglo XX se ha emitido por encima del 50% más de sellos que en aquellos 50 años. Y al comenzar el siglo XXI, cuando los sistemas de franqueo de la correspondencia alternativos al sello se utilizan mucho más que el propio sello, se emitieron 82, es decir 17 veces más que el promedio anual del siglo XIX.

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Hoy nos parece imposible que en aquella época pudieran quejarse del número de emisiones filatélicas.

  • El lavado y re-engomado de los sellos.

Este es otro tema también de actualidad. Pero, así m ismo, de muy diferentes características tanto cualitativas como cuantitativas. El lavado de sellos para quitar el matasellos ha sido un fraude que se ha cometido siempre que el sello nuevo ha tenido un valor superior que el usado y, en particular, el inutilizado a pluma que se lava con más facilidad. El re-engomado sólo era un “embellecimiento” del sello, ya que la goma de por sí no era valorada sino tenida como un indicativo de que el sello era nuevo.

En la actualidad la goma se valora por sí misma y, por ejemplo, un sello con la goma íntegra original tiene una cotización muy superior a la del mismo sello con la goma perfecta pero con señal de haber tenido charnela.

El fraude actual es de tal magnitud que permite la existencia de personajes dedicados en exclusiva a esa actividad.

  • Las falsificaciones y trucajes.

Falsificadores existen hoy como existían entonces. Seguramente hoy hay menos delincuentes dedicados a la falsificación y más a la restauración, montajes y otros trucajes. Contra ellos entonces no existía más defensa que la mera opinión de otros filatelistas (coleccionistas o comerciantes) que se reunían en las sociedades o círculos filatélicos en tertulias en las que se discutía sobre cualquier tema de nuestra afición.

Por el contrario en la actualidad disponemos de expertos y comités de expertos, de reconocida profesionalidad, que emiten certificados de autenticidad y calidad sobre los ejemplares que se les someten a examen y cuyo dictamen es generalmente reconocido por el mercado.

  • La muerte de las publicaciones filatélicas.

A finales del siglo XIX nacieron por distintos puntos de la geografía española revistas de filatelia que desaparecieron poco después. No podemos achacar su vida efímera a las causas que señala el editorial de “El Coleccionista de Sellos”, más bien el problema estaba en la falta de desarrollo de un mercado español de filatelia incipiente, con un número de coleccionistas todavía reducido.

La congénita falta de interés por la lectura y el estudio que caracteriza a una gran parte de los coleccionistas españoles, ha hecho que, a lo largo de toda la historia, nuestras revistas de filatelia sean de reducidas tiradas y escasa difusión. Esa es la razón por la que la mayoría de esas publicaciones deban subsistir subvencionadas por sus propios editores.

  • La muerte de los Círculos y Asociaciones de Coleccionistas.

Algo parecido a lo de las revistas podemos decir de las Asociaciones de Filatelistas. Aquellos eran años duros, porque se trataba de los inicios de la Filatelia como un coleccionismo de masas y todavía no había dejado de ser una afición de unos pocos excéntricos. El cierre de esas sociedades no eran fruto de la crisis de la filatelia sino de la falta de madurez y desarrollo de la misma para poderlas mantener vivas en los momentos difíciles.

Años más tarde, con un mayor número de aficionados, los Círculos alcanzarían su momento de apogeo, para decaer de forma notable en el cuarto final del siglo XX. Pero ese desfallecimiento de las sociedades debido a factores sociales ambientales ajenos a lemas internos de la filatelia que aquí estamos tratando.

  • La “baja desastrosa de las transacciones”.

El mayor o menor volumen de las transacciones ha sido, a lo largo de la historia, fruto de diversos factores coyunturales del mercado del sello y de la sociedad en general que hay que analizar detenidamente en cada momento.

Es una estupidez aventurar que una crisis de las transacciones sea el camino a la muerte de la filatelia. A lo largo de la historia a cada período de auge le ha seguido otro de mayor o menor crisis, tras la cual el mercado ha quedado por encima de cómo se encontraba antes de comenzar el anterior período de prosperidad.

  • El descenso del valor real de los sellos.

Es cierto que a principios del siglo XX se produjo un descenso en el valor real de los sellos. Eso también sucede periódicamente. Los precios no evolucionan de forma constante al alza, como pretenden algunos que quieren manipular los precios del mercado con sus catálogos. Los precios suben o bajan en función de la oferta y la demanda. El estudio de los factores que alteran esa oferta y esa demanda determinará las causas reales de las fluctuaciones de los precios.

  • El mito de las altas cotizaciones de los catálogos.

No cabe duda que los catálogos han sido un instrumento utilizado por la mayor parte de sus editores para influir en el mercado en beneficio propio. En la actualidad también sucede lo mismo en algunos casos.

Sin embargo, también debemos señalar que, ni en los casos de mayor hegemonía de un catálogo sobre el mercado, aquél ha tenido la capacidad de controlar el mercado y menos determinar o conducir a su muerte.