Dependencias postales, Historia Postal — 12 de agosto de 2014

La primera marca postal de las Islas Filipinas

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Publicado en la revista Atalaya Filatélica de la Sociedad Filatélica Sevillana (nº 120 – abril 1998)

 

Galeón español según un grabado de Alberto Durero

Galeón español. Según un grabado de Alberto Durero

Dos documentos marcan el inicio de la organización de la Renta de Correos en las Islas Filipinas: sendas Instrucciones del marqués de Grimaldi, enviadas respectivamente al Gobernador Capitán General de las Islas y al Gobernador Interino de Acapulco, con fecha 27 de septiembre de 1764. La remisión de estas instrucciones, dieron como resultado que desde el 20 de marzo de 1766 el Gobernador Capitán General de las Islas Filipinas encomendase al Secretario de Gobierno y Escribano de Cámara de la Real Audiencia, Ramón de Orendain, de la embrionaria gestión del Correo. La primera cuenta de la administración deManila, fue presentada el 29 de julio de 1767 por Orendain. Una real orden de 31 de mayo de 1766, dirigida al Gobernador Capitán General, Joseph Raón, establecía que se eligiese a una persona que hubiese de servir la embrionaria administración postal. En la citada real orden se le asignaba al nuevo administrador que se nombrase en el futuro un sueldo del 10 % del producto de la “caxa”.

Por las cuentas de la Administración de Correos de Manila de 1767 y 1768, podemos saber el dato concreto de la fecha del establecimiento de la misma. Dice el encabezamiento del documento contable: “Año de 1767 y 1768. Cuenta general desde 17 de julio que se creó la Administración de esta ciudad hasta igual mes y día de 1768 y 1769”. Así pues, la fecha en cuestión es la del 17 de julio de 1767.El 20 de marzo de 1768 se dirige por la Dirección General de Correos al primer Administrador de Correos de Manila, Antonio Díaz Conde, la “Instrucción que debe observar el Administrador de la Renta de Correos de estas Yslas” para su gobierno, documento que aún hoy, y a pesar de tener referencia del mismo, no lo hemos podido encontrar(1).

En 1997 tuve ocasión de publicar un trabajo en esta revista (Atalaya Filatélica) sobre la primera marca postal de las Islas Filipinas basado fundamentalmente en el estudio de dos piezas postales, correspondientes a dos marcas-tipo estampadas en rojo y en negro respectivamente(2). Desde entonces han aparecido algunas nuevas piezas interesantes que pueden aportar alguna información nueva al respecto.

Fig. 1. Envuelta de carta sin texto dirigida desde Filipinas a España (Astorga). Sin fecha.

Fig. 1. Envuelta de carta sin texto dirigida desde Filipinas a España (Astorga). Sin fecha.

Erigida la administración de correos de Manila el 17 de julio de 1767, como ya hemos visto, desde un primer momento se le dotó de una marca postal. En otro trabajo anterior, intentamos establecer, que la marca lineal cursiva “FILIPINAS” que venía siendo catalogada durante años como la primera de las Islas Filipinas, sin duda no lo era, correspondiendo ese lugar a la marca oval “MA/NILA”. En efecto, al implantarse desde el 1 de septiembre de 1779 unas nuevas tarifas en España para la correspondencia procedente de sus colonias, se pusieron en uso nueve marcas distintas aplicadas a su llegada a la Península. Una de estas marcas fue la marca lineal cursiva “FILIPINAS”. Ésta se usó en La Coruña (España) para la correspondencia que llegaba en los buques-correo desde Filipinas por la vía de México y La Habana, donde había depositado la correspondencia de Filipinas el buque-correo que procedía de Veracruz, por ello el 28 de agosto de 1779 los Directores Generales de la Renta de Correos enviaron al Administrador de Correos de La Coruña la marca lineal “FILIPINAS” para sellar las cartas procedentes de allí sin ella, para que pudiese ser aplicada correctamente la nueva tarifa. Otra marca lineal “FILIPINAS” similar se envió a Manila. Sabemos por un recibo que el 24 de febrero de 1779 se había remitido a México para que a su vez su administrador de correos la remitiera al de Manila(3).

El hecho lo demuestra claramente el inventario de la administración de correos de Manila, de 27 de abril de 1779, donde se recoge que en la misma sólo se disponía en esas fechas de nueve marcas de madera para el porteo de la correspondencia y otra “… de plata con la marca que dize Manila”. La marca lineal cursiva “FILIPINAS” (ver fig. 1), todavía no había podido llegar a Manila, pues fue enviada vía Veracruz y México desde Madrid el 24 de febrero de 1779.

Aunque los ejemplares existentes en la actualidad de la marca oval “MA/NILA” no están fechados en la mayoría de los casos, es obvio que su confección y su uso fueron anteriores a 1779. Por tanto, se trata de la primera marca postal de las Islas Filipinas. El dato se evidenció mas aún cuando en las cuentas de 1767 de la Administración de Correos de México, de la que era sufragánea la de Manila, presentadas con fecha 26 de mayo de 1768, se recoge en una partida de cargo lo siguiente: “Por ocho sellos de metal blanco con sus cabos torneados para los oficios de Manila, Acapulco, Parral y Chiguagua, a diez y nueve reales cada uno: 152 reales de vellón”.

La marca se realizó, por tanto, en 1767, utilizándose probablemente desde el mismo año de entrada en funcionamiento de la “caxa” de la capital filipina, información que confirma que se trata de la primera marca postal de las Islas durante el período español. Lo más interesante es que se dice que se habían fabricado “ocho” sellos para cuatro administraciones diferentes, lo que lleva a la conclusión de que fueron dos para cada una. Y en efecto, existen dos marcas óvales distintas con la leyenda “MA/NILA” estampadas en dos colores distintos: negro y rojo. Una observación detenida demuestra que se trata de dos tipos diferentes, lo que en principio nos inclinó en 1997 a pensar en que se aplicaron en lugares también distintos, debido a que no era muy lógico pensar que dado el no muy alto número de cartas salidas de Filipinas se usaran en la administración de correos de Manila dos marcas con igual leyenda y diferentes colores, y por las supuestas rutas cubiertas por las dos cartas conocidas entonces.

Esta suposición quedaba demostrada con el análisis de los inventarios de las administraciones de correos de Manila y México, desprendiéndose de los mismos que en cada una de las administraciones se utilizó una de las marcas. En el correspondiente inventario de Manila de fecha 27 de abril de 1779, como ya hemos visto, se recoge que en ese momento existían: “nueve selladores de madera de las cartas de España” y de “otro dicho de plata con la marca que dize Manila”. Por su parte en el inventario de la administración de México, de fecha 20 de octubre de 1780, se dice que tenía: “quinze sellos de bronze; los tres que dicen: México gastados. Dos Nueva España. Uno Manila. Otro España. Otro Yslas. Otro Yndias. Y los quatro que señalan, los dos, números 4 y los otros dos restantes el de 2 para portear la correspondencia del Reino”. Por tanto, una de las marcas, según nuestra hipótesis, perteneció a la administración de Manila y otra a la de México. La cuestión fundamental se centraba ahora en identificar en qué administración se usó cada marca. En 1997 extraje conclusiones a partir del estudio de las piezas entonces conocidas por mí: las de las figs. 2 y 6. Hoy, y a la luz de las nuevas piezas conocidas creo que aquella conclusión debe mirarse con cautela hasta conocer otras piezas que posiblemente puedan aparecer en el futuro.

Fig. 2. Fragmento de Manila a México.

La principal diferencia de ambos tipos de la marca “MA/NILA” reside en lo siguiente: El tipo I se conoce estampado en rojo y en ella las letras “MA/NILA” están más pegadas al borde de la misma en su parte superior. Nestor Nunez la cataloga en su trabajo con el código “OM2”. El tipo II se conoce estampado en negro en un solo ejemplar. Nestor Nunez la cataloga en su trabajo con el código “OM3B”, y además incluye este mismo tipo en color rojo (con el código “OM3R”) en una carta de su colección de 1783 de la denominada “Correspondencia Belletti(4) que no hemos podido examinar directamente. Dicha carta lleva además la marca FILIPINAS lineal cursiva y dos porteos manuscritos: “6 pta” y “3”. La carta va dirigida a Roma(5).

De la marca tipo I tenemos referencia de cuatro ejemplares dirigidos a Sombrerete (Nueva España) (Fig. 2), Guatemala (Fig. 3), Cádiz (España) (Fig. 4) y Roma (Fig. 5), todos sin fechar excepto el último citado, con fecha de 1776. En las figs. 4 y 5, los dos únicos ejemplares de los conocidos de la marca oval “MA/NILA” en rojo dirigido al Viejo Continente (a España y a Roma). De la tipo II se conoce un único ejemplar dirigido de Manila a Lima por la vía de San Blas y Guayaquil, estampado en negro y sin fechar (fig. 6) y otro que Nestor Nunez refiere estampado en rojo, y que reiteramos que no hemos podido examinar.

Fig. 3. Manila a Guatemala.

Fig. 3. Manila a Guatemala.

El descubrimiento de ambas marcas y su catalogación es relativamente reciente, ya que en la primera edición de la obra Prefilatelia Española de 1970 no se hacía ninguna alusión a las mismas, apareciendo, sin embargo, en la segunda edición de 1983, gracias a la colaboración de Francisco Lecha y de José Llach, de Barcelona.

El estudio de las rutas postales entre Nueva España y Filipinas, nos permitió ya en 1997 establecer una hipótesis sobre el lugar de aplicación de las dos marcas más antiguas conocidas de las Islas Filipinas. No existe otro medio posible para poder averiguar la procedencia de dichas marcas ya que la mayoría de los ejemplares que poseemos están estampados en fragmentos de cartas sin data. Salvo la pieza reproducida en la fig.6 (de Manila a Lima, vía San Blas y Guayaquil), todos los restantes (figs. 2 a 5) son susceptibles de haber sido transportadas en el Galeón de Manila. La pieza de Manila a Lima es muy interesante ya que presumiblemente desde San Blas se reexpidió a Guayaquil por mar y desde aquí a Lima por tierra, por lo que cabría pensar en que no pasó por México. Según estos datos estimé como muy probable ya en 1997 que la marca tipo I fuese aplicada en México y la tipo II de Manila.

Fig. 4. Fragmento de Manila a Cádiz. Plica. Sin fechar.

Fig. 4. Fragmento de Manila a Cádiz. Plica. Sin fechar.

Hasta 1765 la única forma de comunicar Filipinas con el resto del Imperio Español fue el Galeón de Manila por la vía de Acapulco, México y Veracruz, contemplada en las Instrucciones de 27 de septiembre de 1764, dirigidas al Gobernador Capitán General de las Islas y al Gobernador Interino de Acapulco. El Galeón solía partir de Manila desde fines de junio hasta mediados de julio, llegando a Acapulco hacia fines de diciembre. Volvía a zarpar de Acapulco para Manila en las últimas semanas de febrero o primeras de marzo. En Acapulco permanecía, por tanto, unos tres meses. A lo largo de estos meses en que el Galeón permanecía atracado a puerto, el Administrador de Correos de México enviaba periódicamente al de Acapulco toda la correspondencia que en su oficio había acumulada para Filipinas y que no se había despachado hasta entonces por falta de buques. Generalmente, si las cartas dirigidas a Filipinas llegaban a México tras la salida de Acapulco del Galeón, éstas tenían que esperar hasta el año siguiente. Al articularse otra vía desde San Blas para comunicar Filipinas esta situación mejoró conforme avanzó el siglo XVIII. Para servir de apoyo a la comunicación México-Acapulco se articuló un sistema de postas, que funcionaba todo el tiempo hasta que el Galeón zarpaba, lo que coincidía además con la celebración de la importante Feria comercial de Acapulco. Pero mediante un decreto del virrey de Nueva España, Antonio María Bucareli y Ursúa, se estableció en enero de 1772 el correo ordinario semanal desde México capital hasta el puerto de Acapulco.

Fig. 5. Manila a Roma. 02-08-1776.

Fig. 5. Manila a Roma. 02-08-1776.

En 1765 también entró en funcionamiento otra vía directa por medio de buques de la Armada Real, que unirían directamente Cádiz con Manila hasta 1783, siendo durante esta primera etapa del correo de Filipinas la única alternativa a la del Galeón de Manila. Desde entonces partieron de Cádiz estos buques transportando la correspondencia de Filipinas y trayéndola a la Metrópoli desde las Islas con toda normalidad. Los buques de la Real Armada siguieron haciendo sus viajes hasta 1783. A partir de 1785 los buques mercantes de la Real Compañía de Filipinas, de los Cinco Gremios Mayores de Madrid y de la firma comercial Ustáriz, San Ginés y Cia. de Cádiz, todos con factorías en Manila, sustituirían a los de la Real Armada. La Real Compañía de Filipinas también efectuaría viajes desde Cádiz por el Cabo de Hornos con escalas en Montevideo, Buenos Aires y diversos puertos del Pacífico americano español, como Valparaíso (Chile) y El Callao (Perú), con lo que se abrían nuevas posibilidades de contacto entre América y Filipinas.

Fig. 6. Fragmento de Manila a Lima, vía San Blas y Guayaquil. Sin fecha.

Fig. 6. Fragmento de Manila a Lima, vía San Blas y Guayaquil. Sin fecha.

Las navegaciones transpacíficas y el consiguiente tráfico postal se potenciaron con el establecimiento del puerto de San Blas, desde donde ya en 1767 se enviaban bajo la supervisión de un Comandante buques para Filipinas. Sabemos que desde 1769 se remitieron expediciones extraordinarias con correspondencia por esta vía en buques de la Real Armada, normalizándose desde 1780 ya que desde ese año entró en funcionamiento una administración de Correos en dicho puerto. Un hecho que ayuda a explicar esta normalización fue que la guerra entre España e Inglaterra de 1779-1783 impulsó la utilización de esta ruta más al Norte. La correspondencia se remitía desde México por Guadalajara a San Blas, donde se embarcaba para Filipinas. Pero existió la posibilidad real, constatada documentalmente de que desde San Blas se efectuaran expediciones de correspondencia directa al puerto del Callao en Perú, con lo que se abrió la comunicación entre la Costa Septentrional y Meridional del Pacifico americano. A fines del siglo XVIII desde San Blas se enviaban expediciones postales extraordinarias a Manila, El Callao, Acapulco y California (véanse, a modo de ejemplo, en la tabla 1 la variedad de rutas que hemos podido constatar con los buques con correo llegados a Filipinas entre los años 1791 y 1795). En ella pueden comprobarse las vías de Acapulco, San Blas y la directa desde España (Cádiz y San Sebastián) o con posibles escalas en Lima y otros puertos.

Tabla 1

Esta posibilidad inclina a pensar que la carta de la fig. 6 haya seguido la ruta de San Blas a Lima y no haya pasado por México, lo cual lleva a la conclusión de que la marca tipo II es aplicada en Manila, lo que supone que las demás piezas con la marca tipo I han sido apuestas en México y por consiguiente las piezas han sido selladas en tránsito, posibilidad que hoy me planteo con ciertas dudas, que deberán confirmarse o desecharse con la aparición y consiguiente estudio de nuevas piezas fechadas y que muestren cierta relevancia en cuanto a la ruta seguida. Otra hipótesis que podría plantearse es que todas las marcas del tipo I hubiesen sido puestas en Manila a la salida en todos los casos, y que la única marca tipo II hubiese correspondido a una pieza postal salida de Manila sin marca que hubiera realizado el trayecto Manila-San Blas y que desde San Blas, vía Guadalajara, la carta hubiese llegado a México, desde donde pudiese haber sido reenviada a Acapulco, para que desde allí se despachase a Lima, por la vía de Guayaquil. Esta opción no puede ser desdeñada a la luz de las piezas mostradas y de las rutas postales existentes en las décadas de 1760 a 1780. Tampoco descartaría la posibilidad de que la pieza de la fig. 4 (de la colección de Luis Alemany) hubiese hecho la ruta directa de Manila a Cádiz en buque de la Armada Real y que hubiese sido sellada en Manila a la salida lo que adjudicaría el tipo I a Manila, pero la pieza no revela información relevante para adjudicarla a esta ruta en lugar de la del Galeón, vía Acapulco. Como conclusión, sabemos ya que la marca “MA/NILA” se corresponde con la primera de las Islas Filipinas, que se realizaron dos tipos en 1767 y que fueron distribuidos desde la administración de México. Los datos que revelan los inventarios estudiados de las administraciones de Manila y México nos llevan a pensar en la utilización de uno de los tipos en cada una de esas administraciones(6). Todo lo cual no es poco. Nos queda pues, adjudicar definitivamente a cada administración su correspondiente tipo.

NOTAS

1. Sobre los orígenes de la Renta de Correos en las Islas Filipinas, véase: LÓPEZ BERNAL, José Manuel. “El establecimiento de la Real Renta de Correos en las Islas Filipinas, 1764-1768”, Atalaya Filatélica, 90, octubre, 2000, págs. 17-24.
2. LÓPEZ BERNAL, José Manuel. “Las rutas marítimas entre las Islas Filipinas y Nueva España”, Atalaya Filatélica, 77, julio, 1997, págs. 3-8.
3. LÓPEZ BERNAL, José Manuel. “La reforma de las tarifas postales españolas de 1779 para el correo colonial: incidencias en la correspondencia de las Islas Filipinas”, Atalaya Filatélica, 82, octubre, 1998, págs. 15-22.
4. Sobre la “Correspondencia Belletti”, véase: LEWIS, Geoffrey. The Postal History of the Philippines in the Last Quarter of the Eighteenth Century”, P.P.S. Journal, Vol XIII. No. 2, June, 1991, págs. 6-20.
5. Véase: NUNEZ, Nestor C. “Prestamp Cancellations of the Philippines”, The Congress Book 1998, págs. 141-156, págs. 145-146.
6. También podría incluso pensarse en que la marca a la que alude el inventario de México es otra diferente con la misma leyenda a la que aquí estudiamos, lo que supondría la existencia de una marca aún no conocida.