La huella del falsificador, La voz del experto — 15 de diciembre de 2012

Un 6 cuartos de 1851 capicúa.

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La huella del falsificador 003 Publicado en El Eco Filatélico y Numismático

Tras la pieza imposible

 

Fig. 1 –  Supuesta tira horizontal de tres sellos uno invertido

La imaginación del falsificador. Uno de los problemas que pueden delatar al falsificador es dejarse dominar por una imaginación descontrolada. Podría pensarse que el falsificador no jamás necesita hacer uso de su imaginación y su «trabajo» debe limitarse a la de un mero «copista» que imite lo mejor posible piezas raras y apetecibles por los coleccionistas. Pero el falsificador es un buen observador del mercado que acecha a sus posibles víctimas buscando fabricar las piezas que mayor beneficio le pueden generar si consigue (directa o indirectamente) vendérselas como auténticas al coleccionista. Él sabe que los mejores compradores son los filatelistas más aventajados. Los que poseen su colección muy completa, donde únicamente faltan escasas rarezas. Este tipo de coleccionistas pertenece a la élite de la Filatelia y disfrutan de una capacidad económica cuando menos holgada. Para ellos el hallazgo de una pieza inédita, de un error hasta la ese momento desconocido, les despierta unas sensaciones y excitación que sólo pueden ser satisfechas con su posesión y para comprarlas el dinero no es algo que les escasee. Así es como algunos falsificadores suelen discurrir acerca de qué pueden «inventar» para asestar un buen golpe al coleccionista selecto que les genere importantes ganancias. Hoy examinamos una pieza imposible. Un trío horizontal del seis cuartos de 1851 en el que el tercer sello (teóricamente esquina de superior de la hoja como  hacen ver los márgenes de la pieza en cuestión) está invertido. Conociendo medianamente la emisión está claro que no se trata de una pieza imposible. No existe tamaña «maravilla». Ese es un argumento suficiente para dictaminar su falsedad. Sin embargo estudiémosla un poco para certificar el fraude. La verdad es que el primer golpe de vista es bueno. El autor de la fechoría ha utilizado papel de época con un fechador Baeza original. Sin embargo es un papel que nunca se ha utilizado en esa emisión de sellos. Probablemente está obtenido de un fragmento de carta o documento original sobre el que ha estampado la imagen del sello. Eso es algo que se comprueba al apreciarse que el color negro del sello está impreso encima de la tinta roja del fechador.

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Fig. 2 –  Detalle del matasellos en el que se aprecia la fecha 1853

 Pero ha cometido otro grave y chapucero error: debería haber utilizado un fechador de 1851 y en el peor de los casos haber sido lo suficientemente cauto como para evitar que fuera legible el año1853 en el fechador que matasella. No es posible que pasara forma inadvertida el uso de un sello que había dejado de ser apto para el franqueo de la correspondencia casi dos años antes, concretamente el 31 de diciembre de 1851 (fig. 2 ).

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Cuando estudiamos uno de los detalles del dibujo al que se recurre más habitualmente en la expertización de esta emisión (el afilado extremo superior del adorno inferior izquierdo) podremos observar la falta de nitidez en la impresión respecto al original. Seguimos con el resto del dibujo y vemos en todo él que la mancha del dibujo se expande y es más gruesa e imprecisa que el original.  (Las figuras 5, 6, 7 y 8 hacen lo propio con el ángulo superior izquierdo de cada sello)

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 Fig. 5  Esquina superior izquierda del sello auténtico

esquina-sup-izq-de-los-tres-falsos-webFig. 6, 7 y 8 Esquina superior izquierda de los sellos falsos

 Esa dispersión de la tinta que hace los trazos más gruesos y peor definidos, es debida a la impresión. El sello auténtico lo está por tipografía con una tinta casi negra. Mientras que los falsos han sido reproducidos en tinta seca de color negro intenso por serigrafía.

La ambición por hacerse con una nueva pieza desconocida y de extrema rareza puede ser para el coleccionista el anzuelo que muerda fatalmente cayendo en las redes del estafador. El falsificador es un experto pescador y sabe que ofrecer piezas nunca vistas, desconocidas por la totalidad de los expertos actuales y de épocas pasadas, se trata de una atracción irresistible para un cierto tipo de aficionados, por ello para ellos  son un cebo ideal.