Piezas menores: arañas falsas

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La huella del falsificador 004

Publicado en El Eco Filatélico y Numismático

 

Una opinión muy extendida es que el problema de las falsificaciones se limita principalmente a las piezas más raras y costosas.

Lógicamente, tras una primera impresión se puede pensar que el falsificador ha de considerar más rentable trabajar con los sellos o cartas de gran rareza, que le dejarán un beneficio mucho más elevado por unidad. Pero muchísimas veces no es así. Hay que considerar otros aspectos. Baste observar como obraba uno de los más famosos falsificadores, Sperati.

Si Jean de Sperati hubiera seguido el criterio de falsificar sólo los sellos de mayor valor, únicamente habría producido sellos en nuevo y de la máxima calidad, ya que normalmente éstos son los de cotización más alta. Por el contrario vemos ejemplares falsificados con matasellos borrosos y empastados y sellos con márgenes cortos.

El coleccionista siempre someterá a un riguroso examen una pieza de gran rareza y ante el alto importe que debe pagar para adquirirla, pedirá garantías de su autenticidad exigiendo al vendedor un certificado de un experto cualificado. Por esa razón, en este tipo de piezas el falsificador debe aplicarse con gran esmero si quiere lograr engañar al experto y al coleccionista.

Por el contrario, los ejemplares de valor medio o bajo muchas veces no llegan a ser examinados por el experto, ya que el coleccionista interpreta que, para tan reducido valor, ningún delincuente se habrá tomado la molestia de falsificarla o manipularla.

Ocurre, además, que el trabajo y dedicación que precisa la expertización de cualquier sello o carta es el mismo con independencia de su rareza o coste, lo que también estimula a soslayar el estudio de los ejemplares de valor más reducido y dar por supuesta su autenticidad.

Vamos a estudiar un par de casos. Son dos cartas que me ha cedido el coleccionista e investigador Jesús Sitjá, pertenecientes a su archivo. Jesús Sitjá es un gran estudioso de la Historia Postal comprometido en la lucha contra el fraude de las falsificaciones.

La primera corresponde a la emisión de 1850 (figura 1). El matasello general -y por tanto, el más corriente- empleado en las dos primeras emisiones es la Araña, ordinariamente estampada en color negro. Las arañas en color rojo no son rarezas, aunque sí mucho más escasas que en negro. Por ello su valor es superior aunque tampoco demasiado elevado.

Existen otros matasellos, que cotizan a precios muy superiores. Sin embargo, falsificarlos ofrece dificultades muy superiores a intentarlo con la araña, de la que incluso se conserva algún cuño original.

Una oficina de Correos en 1850 disponía únicamente de tinta roja de una sola clase. Es absurdo pensar que se utilizara un color rojo de un tipo para el fechador Baeza y otro color rojo, de composición diferente, para la araña. Diferente sería que los colores fueran distintos y que, por ejemplo, se estampara el fechador en color rojo y la araña en negro. En ese caso, las composiciones de las tintas serían lógicamente diferentes.

La tinta de cada color que poseía en un momento determinado una estafeta o administración postal era única, de la misma composición. Si la tinta se agotaba y era sustituida por otra de composición diferente, a partir de ese momento la nueva era la única que se utilizaba, pero no tiene sentido que se empleara simultáneamente dos clases de tinta diferentes  Así pues, en la carta que estudiamos la estampación de la araña y del fechador debieron efectuarse con  una  tinta roja semejante. Si comprobamos que son diferentes es prueba inequívoca de su falsedad.

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Figura 1 – 1850. Carta dirigida el 22 de noviembre desde Elizondo (Navarra) a Tudela

La imagen (fig. 1) nos muestra a simple vista un gran parecido en los colores de las dos marcas. Pero filtrando y aislando colores por un tratamiento homogéneo de la carta en su conjunto podemos comprobar que no es así:

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Fig. 2 – La carta de 1850 de la fig. 1 sometida a un filtrado y conversión de colores.

Véase cómo, al eliminar toda la pigmentación del color rojo del fechador  tratando uniformemente la carta en su copnjunto, el rojo del matasellos no ha desaparecido. Contiene una pigmentación diferente y por lo tanto se trata de otra clase de tinta. La del falsificador.

Obsérvense las imágenes detalladas, antes y después del tratamiento, del matasellos y fechador:

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Figura 3      

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Figura 4

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Figura 5

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Figura 6

 

 

 

 

 

Las figuras 3 y 4 nos ofrecen el fechador original; las figuras 5 y 6, el sello matasellado con la araña antes y después del tratamiento. Las evidentes diferencias demuestran la desigualdad de las tintas y, por consiguiente, la falsedad de la araña.

Una falsificación similar en la emisión de 1851

Un caso semejante al anterior es el de la carta de la figura 7

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Fig. 7 – 1851. Carta circulada dentro de Navarra, de Corella a Tudela el 12 de mayo

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Figura 8 – La carta de 1851 de la fig. 7 sometida a un filtrado y conversión de colores.

Como en la carta de 1850, al eliminar el rojo del fechador Baeza no desaparece de la misma forma el color rojo del matasellos, porque su tinta es diferente. No se trata de la de 1851, sino del mejunje pergeñado por el falsificador.

Las figuras 9, 10, 11 y 12 nos ofrecen con mayor detalle las diferencias que se aprecian en las marcas antes y después de aplicar el filtrado.

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Figura 9

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Figura 10

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Figura 11

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Figura 12

 

 

 

 

 

Para producir este tipo de falsificaciones lo primero que se precisa son cartas circuladas con el fechador Baeza del año correspondiente como marca de origen sin la estampación de porteo alguno. Recuérdese que las cartas circuladas sin sello a partir de 1850 debían portearse. Esto no plantea dificultad alguna porque era frecuente que el empleado de Correos se saltara la normativa y se conserva un abundante número de cartas sin portear.

Un segundo requisito es disponer de un sello aparentemente nuevo que tenga un coste bajo para hacer rentable el trucaje. Por esa razón, para estas manipulaciones el falsificador suele utilizar ejemplares usados a los que previamente les ha sido borrado el matasellos o bien sellos defectuosos. Esta es otra vía fácil para probar la falsedad de la pieza.

En tercer lugar, la estampación de la araña se tiene que realizar con un sello de metal, tal cual era el matasellos araña original.

Y, por último, usar una tinta idéntica a la utilizada en su día para el fechador Baeza. Este es el único aspecto que hemos contemplado en este artículo aplicando uno de los diversos métodos de análisis posibles.

Demasiados requisitos para que en uno u otro el autor de la fechoría no deje su huella, la huella que le delata.