Falso a partir de dos sellos originales

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La huella del falsificador 009

Publicado en El Eco Filatélico y Numismático


El capicúa de 1867 

Fig. 1 - Falsa pareja horizontal con un sello invertido

Fig. 1 – Falsa pareja horizontal con un sello invertido

En ocasiones puede parecer muy fácil dictaminar la falsedad de una pieza. Observemos la pareja del valor de 10 milésimas emitido el 1 de julio de 1867 para el franqueo de impresos (figura 1). No hay que ser ningún experto para comprobar que su dentado es diferente al de un ejemplar inequívocamente auténtico como es el que se reproduce en la figura 2.

Fig. 2 - Bloque auténtico con el tercer sello invertido

Fig. 2 – Bloque auténtico con el tercer sello invertido

Para facilitar la comprobación se han señalado con una flecha roja una perforación del dentado horizontal con una desviación que la pareja que examinamos no tiene. Lo mismo puede decirse de la perforación señalada del dentado vertical. Obsérvese que al tratarse de un dentado «de peine» vertical, necesariamente debe repetirse esa característica en todos los ejemplares de la misma fila, por lo que aparece tanto en el sello invertido como en el que está a su derecha.

Uno se puede preguntar por qué todas las parejas invertidas han de tener igual dentado y presentar las mismas irregularidades. La respuesta no es difícil. En primer lugar, el error de composición de esa plancha estaba situado en una única posición en la hoja, por lo que siempre debían coincidir las perforaciones del peine. Y en segundo lugar, es razonable suponer que el peine no se cambió durante el proceso de perforación de las hojas que se imprimieron con esa plancha.

En función de ello la pieza parece ser falsa, pero no tenemos la certeza absoluta de que lo sea; únicamente podemos afirmar que es “casi seguro es falsa”. Lo cual no significa demasiado ya que, aunque estuviéramos en lo cierto, sólo habríamos probado que la pareja tiene un dentado falso. No que la pieza sea falsa.

En la célebre obra de Tort “Guía del coleccionista de sellos de España” se cita la existencia de una pareja de este error sin dentar, lo que viene a ser una variedad del error. Es habitual que el coleccionista quiera adquirir los sellos tipo antes que las variedades, por lo que es lógico que haya más demanda de los primeros que de las segundas. Sabemos que la pareja que citada por Tort (u otra similar) fue dentada por algún «manitas», convirtiendo así una gran rareza filatélica en una pieza manipulada. Por consiguiente será necesario demostrar que no estamos ante un caso similar.

 

Opciones para falsificar este error

Así pues, verifiquemos si estamos ante un falso o no. Para ello debemos comprobar los caminos que podría seguir un falsificador:

1.- Falsificar el conjunto completo.

2.- Reproducir un sello falso en posición invertida en el borde de hoja, al lado de un ejemplar auténtico.

3.- Utilizar dos sellos originales y unirlos formando un capicúa de dos sellos auténticos.

Estudiados los sellos resultan ser originales, por lo que sólo nos quedaría por comprobar si el falsificador ha seguido la tercera vía.

Fig. 3 - Dorso de la pareja falsa

Fig. 3 – Dorso de la pareja falsa

A simple vista no se aprecia nada significativo al respecto ni por delante ni por detrás. Vemos que la goma no es original, pero por lo general eso no tiene mayor importancia en el sello clásico.

Las reparaciones del papel (tapar adelgazamientos, perforaciones, roturas, o realizar empalmes) en muchos casos pueden detectarse impregnando el sello con algún líquido como los hidrocarburos ligeros (habitualmente se usa bencina) y depositándolo en una superficie totalmente plana y lisa de cerámica, baquelita o plástico que no sufra alteración alguna en contacto con esos líquidos. La diferente transparencia del papel original del sello y de la pasta de papel añadida al realizar la reparación delata al reparador.

Pero en el caso que nos ocupa la gasolina no nos ofrece resultados concluyentes, como tampoco aparecen un examen con luz ultravioleta.

Lo curioso es que sin recurrir a métodos sofisticados podemos encontrar la solución, que no es otra que el examen con una buena lupa, tanto por su calidad óptica como por el aumento adecuado. No es siempre cierto que se pueda realizar un examen mejor por aumentar más la imagen.

Numeremos  las perforaciones verticales que están entre el sello invertido y el normal empezando por la parte superior.

Fig. 4.- Perforaciones 1, 2 y 3.

Fig. 4.- Perforaciones 1, 2 y 3.

 En la fig. 4 observamos una sombra irregular entre las perforaciones 1, 2 y 3 que denota la unión de los dientes de los dos sellos que se han unido

Fig. 5.- Perforaciones 3, 4 y 5

Fig. 5.- Perforaciones 3, 4 y 5

Fig. 6.- Perforaciones 5, 6 y 7

Fig. 6.- Perforaciones 5, 6 y 7

También podemos observar lo mismo en los dientes de las figura 5 y 6,  aunque con mayor claridad entre las perforaciones 3 y 4 de la fig. 5.

Fig. 7.- Perforaciones 7, 8 y 9.

Fig. 7.- Perforaciones 7, 8 y 9.

En la figura 7 vemos que el falsificador ya no ha estado tan fino. Una iluminación adecuada nos permite ver lo que no se apreciaba con la gasolina ni se intuía con la luz ultravioleta. En la manipulación algo de pasta de papel se ha acumulado a la izquierda de la perforación 9 e incluso se ha corrido manchando ligeramente el dibujo del sello izquierdo entre las perforaciones 8 y 9.

Fig. 8.- Perforaciones 10, 11 y 12.

Fig. 8.- Perforaciones 10, 11 y 12.

 La zona correspondiente a los taladros 10, 11 y 12 vuelve a estar bastante bien hecha, aunque la falta de rugosidad que apreciamos entre el 10 y el 11 al quedar completamente empastadas las irregularidades de las fibras del papel original delatan al reparador.

Fig.9. Perforaciones 12, 13 y 14

Fig.9. Perforaciones 12, 13 y 14

 

Fig. 10.- Perforaciones 15, 16 y 17

Fig. 10.- Perforaciones 15, 16 y 17

Ya en la parte final, vemos otra vez que los dientes de los dos sellos entre las perforaciones 12 y 13 de la figura 9 han sido unidos; lo mismo cabe decir de los taladros 14 y 15 y 15 y 17 de la figura 10.

Fig. 11. Perforaciones 17 y 18.

Fig. 11. Perforaciones 17 y 18.

Véase por último, en la figura 11, cómo se ha acumulado pasta del papel entre los taladros 17 y 18 dando como resultado una zona más blanca, más gruesa y más lisa que el resto de papel original. Ese mismo exceso de pasta de papel ha achatado por la parte superior el taladro 18 que debería haber sido circular como todos los demás.

Por supuesto podríamos seguir analizando otros detalles; pero lo ya expuesto es suficiente para afirmar con certeza que estamos ante una pieza falsa. Es verdad que sus componentes son originales, pero el conjunto es falso. No se trata del error de impresión que el catálogo Edifil relaciona con el número 94ea.

Más allá del atractivo que podamos experimentar por las nuevas tecnologías, muchos métodos utilizados desde el inicio de la filatelia todavía son plenamente vigentes en la actualidad: la lupa sigue siendo una herramienta básica.