Falso a partir de un sello falso

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La huella del falsificador 010

Publicado en El Eco Filatélico y Numismático


 

El sello de Zuloaga

Fig 1 1016 auténtico

Fig. 1 – Emisión 1 de diciembre de 1947. Sello de correo aéreo en honor de Ignacio ZULOAGA.

 El objetivo de estos artículos, como bien revela el título de la serie, es poner al descubierto las huellas que deja el falsificador en su obra. Con ello podemos identificarla como falsa y así evitar ser engañados.

No se pretende, sin embargo, ofrecer un estudio técnico completo que revele todas y cada una de las características de las falsificaciones, sería un reto que no podríamos afrontar. Tan ambicioso trabajo nunca acabaría por ser del todo completo, ya que el falsificador efectúa permanentemente nuevos trabajos, corrigiendo los errores que el experto o el estudioso detectan. El falsificador siempre está dispuesto a experimentar técnicas y métodos nuevos utilizando un instrumental cada vez más sofisticado.

Lo que buscamos en esta sección de “El Eco Filatélico” es ir poniendo de manifiesto los caminos que el falsificador sigue en su deleznable actividad. Eso permitirá al coleccionista ponerse en guardia y acudir al experto que será quien tenga la última palabra.

La materia prima apta para el falsificador

A priori, nada debe despreciarse como material de partida para una falsificación.

Sirve todo lo que pueda utilizarse para transformar unos materiales en una pieza capaz de engañar a un coleccionista. El falsificador únicamente renunciará a aquellos procesos y elementos en los que el coste de la falsificación impida “la rentabilidad” a la que aspire con su actividad delictiva.

Eso no quiere decir, sin embargo, que sólo se falsifiquen piezas de alto valor filatélico. Por un lado todo “artista” debe pasar por un proceso de aprendizaje, y las piezas baratas suelen resultarle un buen terreno de entrenamiento. Por otra parte falsificar piezas de poco valor pueden resultarle rentables porque el comprador les presta menos atención al dar por supuesto que por su coste reducido han de ser auténticas.

En los nueve artículos precedentes hemos podido ver ejemplos muy distintos. Sin embargo, todos tenían un denominador común: se partía de una  o varias piezas auténticas. Hoy veremos que se puede falsificar incluso partiendo de un ejemplar falso.

El procedimiento es simple: tómese un sello falso del que sólo se conozcan unas mínimas diferencias que lo distingan del original y, acto seguido, elimínense esas señas de identidad. Ya tenemos un nuevo falso. El método es sencillo, efectivamente; pero que tenga éxito seguramente será más difícil. Lo normal es que, aunque sean públicos algunos detalles que denuncian la falsedad, el experto normalmente disponga de otros fundamentos en los que seguir  basando su dictamen.

El 2 de mayo de 1958 el que fuera experto miembro fundador de la Comisión de Expertos de Filatelia de Madrid, Néstor Jacob, publicaba un artículo en el suplemento Blanco y Negro del periódico ABC en el que denunciaba la indignación que había despertado en la afición filatélica la aparición en el mercado de unas supuestas pruebas y unos pretendidos cambios de color que no eran otra cosas que impresiones fraudulentas. En castellano paladino, falsificaciones.

Fig 2 1016 falso sin dentar

Fig. 2 Sello falso de Zuloaga sin dentar

No se vaya a creer que se trataba de una falsificación de poca monta. Tras la denuncia se procesó a siete individuos. El asunto se había iniciado a través de un personaje de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre que durante 6 años había estado sustrayendo sellos impresos irregularmente y se los proporcionaba a sus compinches al precio de 5 pesetas cada uno para su distribución y venta en el mercado.

Posteriormente decidieron que sería más rentable imprimir por su cuenta los sellos y así “producir” ejemplares sin dentar, errores de color y otras variedades. Acordaron que el personaje que servía de enlace en la FNMT haría copias de las planchas calcográficas y se las aportaría al precio de 2.000 pesetas cada una.

Puestos a la obra, sustrajeron copias de los grabados de diversos sellos entre los cuales se encontraban los de Falla y Zuloaga.

Fig. 3 Sello falso de Zuloaga retocado

Fig. 3 Sello falso de Zuloaga retocado

 El otro día envié a un amigo las imágenes de unos sellos falsos entre los cuales se encontraba el de Zuloaga que reproduce la figura 3.

Mi sorpresa fue que me contestara diciendo que había recibido las ilustraciones y una de ellas reproducía un sello de Zuloaga auténtico. Como no me lo decía un cualquiera sino un experto, preferí repasarlo con detenimiento.

Efectivamente la primera impresión que daba la imagen era que se trataba de un ejemplar auténtico porque carecía de la seña de identidad típica de este falso tal como lo describe el propio catálogo Edifil: un punto de color en el interior del “5” del valor (ver fig. 4).

Fig. 4 - Detalle del sello falso

Fig. 4 – Detalle del sello falso

Ese punto que vemos señalado por la flecha se da exclusivamente en los sellos falsos. Para evitar que sea detectado el falsificador lo elimina. Ver fig. 5:

Fig 5 Detalle corregido del falso

Puede parecer una falsificación peligrosa, pero no lo es para el experto. Sigue teniendo un papel diferente a la tirada oficial, la tinta es diferente, el relieve del grabado es menor con una “pisada” de la impresión más débil y su dentado de línea nunca pueden tenerlo los originales. Además el trabajo es muy burdo porque el sello ha quedado dañado y manchado. Y para los que gustan de analizar puntos y trazos concretos característicos de las falsificaciones vean las figuras 6 y 7.

Fig. 6 Detalle de los falsos

Fig. 6 Detalle de los falsos

En el pie de imprenta de los sellos falsos puede observarse una pequeña rayita curva en la parte inferior interna de la “O” de “MONEDA”, característica que no encontraremos en los sellos auténticos.

Fig. 7 Detalle de los falsos

Fig. 7 Detalle de los falsos

Así mismo en el interior de la letra “A” de la leyenda “ESPAÑA” los sellos falsos (ya sean en color carmín como en el cambio de color castaño lila) hay dos pequeñas manchas o rayitas que no tienen los auténticos.

Esta manipulación de los sellos falsos puede ser muy peligrosa en otros casos. Por ejemplo con los que hizo Sperati debido a su extraordinaria semejanza a los auténticos, puesto que incluso pueden estar hechos con papel y matasellos originales. En otra ocasión tendremos oportunidad de ver algún caso de estos.

Seguramente la lección más importante que podamos extraer del caso que hoy hemos visto es que el estudio del sello auténtico es fundamental. Está bien conocer los sellos falsos; pero es más importante conocer bien el original.

Un experto autenticará un ejemplar no por carecer de determinadas marcas de identificación de un tipo concreto de falso, sino por no ofrecer diferencia alguna con el original.