Fruslerías — 28 de marzo de 2016

Lo importante de la filatelia no es su utilidad

por

(a propósito de una crítica al Doctor Thebussem)

 

BUCEANDO EN LA HISTORIA (66)

Publicado en Revista de Filatelia  (Enero 2009) 

Thebussem web

El Dr. Thebussem

Si aceptamos como afirmó Montesquieu que «para obtener éxito en el mundo hay que parecer loco y ser sabio», habremos de reconocer que Mariano Pardo de Figueroa, el célebre doctor Thebussem, cumplía con holgura ambos requisitos. En su época fue tildado de excéntrico, lo que no dejaba de ser una forma piadosa de afirmar que estaba algo loco o chiflado. Lo probaba con sus actos, dedicándose a mil y un asuntos la más de las veces sin interés para la mayor parte de los mortales. Ahora bien, por muy fútiles que fueran los temas, él  los estudiaba y exponía con una maestría, ingenio y erudición que le mereció la consideración de sabio en vida. De igual forma lo hemos valorado las generaciones posteriores.

Los intelectuales coetáneos mantuvieron con él una correspondencia, tanto epìstolar como a través de la imprenta, riquísima. Y después de su muerte, a lo largo de todo el siglo XX, ha sido, refiriéndonos ya al nuestro campo, el de la Filatelia, uno de los autores más citados. Cierto es que no fue un coleccionista sobresaliente desde una perspectiva moderna; pero cierto es también que ha sido el precursor, el iniciador de muchos caminos del coleccionismo filatélico-postal. Somos muchos los que hemos aprovechado sus trabajos para escribir y citarlo, aunque la mayoría de las veces fuera sin aportar nada nuevo y repitiendo citas cuando no citas de citas.

Reproduciré un escrito con la intención de aportar una reflexión cuya novedad estriba en que no es conocida. La encontré en un curioso artículo publicado en «El Departamento». Se trata de una publicación impresa el 9 de febrero de 1889 en San Fernando que jamás he visto y de la que todavía ignoraría su existencia si no estuviera recogido el recorte del periódico por el propio doctor en uno de los célebres volúmenes que constituían su biblioteca. En aquellos tomos archivaba las cartas que recibía y el acopio de documentación que recogía para encuadernarlos personalmente (otra de sus aficiones no precisamente habituales entonces en personas de su alcurnia).

Este es el texto completo firmado por un tal Lowi. También debo confesar que no tengo ni idea de quién fuera este personaje y no me ha ayudado el Doctor porque omite cualquier nota o comentario:

 Mi buen amigo D. José Mª Carpio elogia como se merecen, en su bonito articulo Pamplinas, la galana estructura, la dicción castiza y la elegante prosa del ilustre Doctor Thebussem. No iré yo á la zaga del Sr Carpio en eso de admirar y aplaudir las bellezas de estilo que campean en los meritísimos trabajos del Cartero mayor del Reino; mas no así en cuanto a la elección de asuntos.

Porque es una verdadera lástima que hombres del valer del eximio Doctor, despilfarren su ingenio en hacernos saber como se han de servir los huevos fritos, de que modo ha de colocarse la servilleta en la mesa y cual sea la mas adecuada distribución de la vajilla, mientras andan por ahí – que no me atrevo á decir que viven – multitud de desdichados que solo comen de vez en cuando, y no por obra de varón, sino milagrosamente.

Es una lástima, repito, que en asunto de tal índole se malgaste el tiempo y se emplee el ingenio, moviéndose, á veces, empeñadas discusiones entre los entusiastas paladines del arte culinario, que concluyen – bucólicamente hablando por tirarse las cucharas á la cabeza.

¿Que utilidad reportan las doctrinas que se vierten en esos escritos? ¿Que importancia tiene esas reglas del arte cisorio que se nos hacen conocer de solemne manera, ni más ni menos que si hubiéramos de pasarnos la vida trinchando aves y destrozando pasteles?

Y, sobre todo, que no estamos en el caso de decir con el poeta:

«Mientras gobiernan mis dias mantequillas y pan tierno»

Hay algo más grave, más vital de que ocuparse. Talentos como el de Thebussem se han de emplear en empresas más altas; que no sólo de pan vive el hombre, aunque sin pan no pueda vivir.

Y al paso que van las cosas no necesitaremos los españoles que nos dicten reglas para comer correctamente; lo que nos hará falta será tener qué. Algunos años más de patriarcales gobiernos y serán inútiles el arte culinario y sus principios; ya nos contentaremos con la sopa…. de ajos.

Para cuando llegue este dia – que nos llegará si Dios no lo remedia – nuestro menú ha de ser variado y económico.

Por la mañana un vasito de agua, al medio día tomaremos… el sol, si no pica demasiado, más tarde tomamos… la puerta, y todavía antes de acostarnos habremos de tomar… el fresco en la azotea, y de paso alguna pulmonía, si à mano viene.

Y de que llegará este caso no les quepa a Vds. duda; hace ya muchos años que todos los gobiernos que nos rigen tiran á eso, y lo conseguirán á poca costa.

Para entonces no habrá que rebuscar cartulina apropiada en que imprimir el menú; éste quedará reducido á nada entre dos platos.

LOWI..

Tarjetas de Visita Thebussem Cartero Honorario web

Diferentes tarjetas como Cartero Honorario guardadas por el propio Dr. Thebussem.

Al preguntarnos como hiciera el autor de este artículo ¿Que utilidad reportan las doctrinas que se vierten en esos escritos? Seguramente deberíamos reconocer que actividades a las que con tanto entusiasmo se dedicaba el Doctor Thebussem, como la filatelia o el coleccionismo en general, no son otra cosa que desperdiciar aptitudes y un malgastar tiempo y esfuerzos..

Pudiera parecer, según este enfoque, que Esquilo, el creador de la tragedia griega, hace ya dos mil quinientos años, acertara al afirmar: «No es sabio el que sabe muchas cosas, sino el que sabe cosas útiles».

Efectivamente, para muchos Esquilo marca el camino a seguir.

Por el contrario estoy convencido de que no es el provecho, el interés, el beneficio, lo rentable, lo eficaz o lo útil lo que más satisfaga al hombre, lo que más contribuya a su felicidad.

Permítanme que me sume a quienes, como el Dr. Thebussem, creen que la filatelia, el coleccionismo, la gastronomía y tantas otras pequeñas cosas de la vida son capaces de dar sentido a nuestro ocio y contribuyen a nuestra realización a través del conocimiento. Conocimiento o saber de cosas pequeñas, seguramente intrascendentes para una mayoría. Pero, al fin y al cabo, saber. Y, aunque sea en lo minúsculo, no deja de ser un adentrarnos en el camino de la sabiduría. La ignorancia  es necedad, y como tal, fuente de insatisfacción, por el contrario el saber eleva la dignidad del hombre y contribuye a su felicidad.