La huella del falsificador 023
Publicado en El Eco Filatélico y Numismático La huella del falsificador es la prueba que identifica la autoría del delito. Con finalidades distintas es lo que buscan la policía y las fuerzas del orden público por un lado y los filatelistas por otro. La falsificación puede ser de piezas raras, fuera de uso, más o menos antiguas, cuya escasez hace que los coleccionistas paguen por ellas cantidades elevadas; o de ejemplares todavía válidos para el franqueo de la correspondencia. En este último caso el sello falsificado tiene como destino defraudar al Estado vendiéndolo en elevadas cantidades para su uso postal. En cualquiera de los casos, la policía buscará identificar al falsificador porque su actividad es fraudulenta, con independencia de que se pueda consumar la estafa o de que lo sujetos estafados sean los coleccionistas o el Estado. La policía detendrá al delincuente y lo pondrá en manos de la justicia para que ésta valore la acción y aplique las sanciones pertinentes. Para el filatelista todo es diferente. También busca la misma prueba que identifique la falsificación; pero conocer quién es el autor no es para él más que una mera anécdota, su interés se centra en su obra, en el ejemplar falso. Cuando el objetivo del falsificador es un sello más o menos valioso de colección, el estudioso lo examina para poder evitar ser víctima del engaño. Los falsos son objetos indeseables dentro de una colección filatélica digna. Por el contrario cuando la falsificación es de sellos cuyo destino es su venta para el franqueo, busca el sello porque este ejemplar, bautizado en nuestro argot como falso de época o, con más propiedad, falso postal, merece incluirse en una colección especializada, donde tiene cabida todo cuanto se relaciona con el tráfico postal. España, un país en el que siempre han florecido los pícaros, sinvergüenzas y delincuentes, es la nación que mayor cantidad de falsificaciones de sellos para el franqueo ha alumbrado; así sucedió con el 6 cuartos de 1850 (el primer sello español dando origen al primer falso postal del mundo) y así ha sido con algún sello durante el reinado de Juan Carlos I. Pero las víctimas del falsificador a veces se extienden más allá del Estado o su servicio de correos y del coleccionista. Como ejemplo bástenos la noticia que publicaba el periódico “El Tiempo” de Murcia el 28 de junio de 1927 que decía: “El Director del Banco Central en Alicante pone fin a su vida porque se le creía complicado en la falsificación de sellos. Alicante. Ha puesto fin a su vida el director de esta sucursal del Banco Central, don Julio Sánchez Mulero, disparándose un tiro en la sien. El haberse sospechado su complicidad con los autores de la última falsificación de sellos y timbres del Estado ha sido el móvil que le ha impulsado al suicidio. Se ha podido averiguar que para saldar un descubierto que tenía con el comerciante José Lavería, él aceptó sellos falsos como buenos, ignorándolo, y cuando leyó su nombre en los periódicso, no encontró otra solución que la adoptada”. 1934. FALSO POSTAL DEL SELLO DE 1 PESETA DE CUENCA

Fig. 1. Diseño del sello original en una prueba de punzón
En la figura 1 se reproduce la prueba de punzón del sello de 1 peseta que muestra una vista de las famosas “Casas Colgantes” de Cuenca. Al tratarse de la prueba del punzón original del sello, impreso por calcografía, la impresión es de absoluta nitidez y nos permite el estudio pormenorizado de todos los trazos y detalles del dibujo. El catálogo Edifil lo reseña como emitido el mes de marzo de 1932 con el nº 673 y lo valora en 0,50€ en nuevo sin charnela y en 0,25€ si ha tenido fijasellos. Se trata, por consiguiente, de una pieza muy corriente y con un valor ínfimo.
En la figura 2 vemos un ejemplar falso postal fruto de una reproducción del sello original por fotograbado e impreso por litografía. Al carecer del relieve propio de los originales impresos en calcografía su diferenciación de los auténticos es inmediata en un primer examen por medio de una sencilla lupa. Su dentado de línea en vez del dentado de peine original sólo sirve para confirmar lo evidente. La falsificación fue detectada en Barcelona el mes de diciembre de 1934. La policía se incautó de más de 100.000 sellos falsos de 30 céntimos de Pablo Iglesias y de 1 peseta de Cuenca, estos últimos en buena parte todavía sin dentar. Se detuvo a cuatro personas que serían procesadas. La prensa se hizo eco de la noticia a la que dio amplia difusión. El volumen del fraude era de tales dimensiones que obligó a retirar de la circulación el sello de 30 céntimos de Pablo Iglesias. No se hizo lo mismo con el valor de 1 peseta porque no constó que se hubieran distribuido ejemplares para su uso postal; y de hecho así debió ser porque no se conoce ninguna pieza usada en la época.
Era razonable que llamara tanto la atención ya que se trata de un tipo de delito al que no se suele dar excesiva publicidad en España, seguramente para no mostrar la escasa eficacia de la gestión de los sellos de correo. De ahí que el humorista del periódico La Libertad publicara un chiste poco fiel a la realidad, ya que en épocas de los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII también fueron detectadas diversas falsificaciones postales.
El célebre fotógrafo Josep Brangulí i Soler, coleccionista y encargado por Pedro Monge de la reproducción fotográfica de los sellos de sus estudios, se hizo con un ejemplar que incorporó a su colección. De él es la foto que reproducimos en la figura 3 publicada por ABC el 14 de diciembre de 1934 y efectuada en las dependencias policiales de Barcelona. Podemos ver hojas, en al menos dos tamaños distintos, de ejemplares falsos del famoso peseta de Cuenca.
La falsificación de este sello ha sido muy controvertida, pues hasta hace unos años sólo constaba un único ejemplar que conservó Francisco Graus tras la venta de su colección de falsos postales en 1986. Más adelante apareció en Madrid un conjunto de falsos postales tanto de Pablo Iglesias como del peseta de Cuenca. Supuestamente se trataba de la misma falsificación que el peseta conocido, pero Graus escribió un estudio en la revista Crónica Filatélica donde argumentaba lo contrario, abriendo las puertas entre otras, a la posibilidad de que se tratara de una reimpresión del falso postal que poseía. No parece razonable pensar en “reimpresiones” de ejemplares fraudulentos que ni siquiera habían llegado a distribuirse. En mi opinión hay más importantes elementos de coincidencia que diferencias, ninguna de las cuales puede ser considerada decisiva. Ahora se nos plantea un nuevo interrogante difícil de resolver. Por su procedencia, sabemos que el ejemplar “Brangulí-Monge” es un verdadero falso postal y como es distinto del de Graus y de los aparecidos en los años 80 en Madrid, habremos de preguntarnos: ¿existen dos tipos diferentes, donde antes creíamos que había uno sólo? Pero eso será motivo de otro estudio. Para todo coleccionista un ejemplar falso, falso postal, de este sello de 1 peseta siempre será preferible al auténtico, ya que su rareza le confiere un valor muy superior.


