Buceando..., Fruslerías — 18 de julio de 2014

Nostálgicos de Felipe V

por

Buceando en la Historia de la Filatelia 051

Publicado en Revista de Filatelia (enero 2005)

 «Prefiero molestar con la verdad
que complacer con adulaciones.»

Lucio Anneo SÉNECA

Para los que somos catalanes Felipe V fue un rey importante. Desgraciadamente muy importante. Deberíamos considerarle un monarca cuyo reinado resulta imprescincible estudiar para quien quiera comprender muchos de nuestros sentimientos y alcanzar a conocer nuestra propia idiosincrasia.

La trascendencia de su reinado no se refleja precisamente en que nos dejara demasiados buenos recuerdos. Todo lo contrario. Felipe V concluyó una labor que había empezado el valido antecesor Felipe IV, el conde-duque de Olivares. El célebre Olivares quiso centrar su política en una concepción centralizadora de España, bajo una unidad política totalmente opuesta a lo que había sido hasta entonces una realidad de corte confederal.

Ya años antes, en Cataluña, las relaciones del rey Felipe III con las potentes y arraigadas instituciones catalanas habían experimentado un notable deterioro. Un rey que había agotado la capacidad recaudatoria de Castilla, intentaba alimentar sus arcas aumentando la fiscalidad en Principado. El proceso viviría un momento álgido más tarde con Felipe IV de la mano del conde-duque de Olivares, que necesitaba la aportación de todos los reinos para sufragar los cuantiosos gastos de su política exterior.

En Cataluña el problema se acentuaba respecto a otros reinos de la península. Debido a la Guerra de los Treinta Años, los Tercios se concentraban en el Rosellón; la población, en su mayoría campesinos, se veían obligados a dar alimento y alojo a unas tropas que generaban graves tensiones, no sólo por el coste que suponían a unas economías particulares más que debilitadas, sino por el proceder bronco, cuando no vandálico, de unas huestes mercenarias de proceder impertinente y violento.

La situación, cada vez más difícil culminó en Barcelona en el Corpus de Sangre, la matanza de funcionarios reales (no sólo castellanos) del 7 de junio de 1640. La revuelta social en forma de motines se propagó por el Principado. La Generalidad consiguió convertir ese inconformismo social en una guerra contra la dominación castellana, en una guerra separatista: era la guerra de los Segadores o “Segadors”, que se extendería hasta 1651.

Cataluña, enfrentada con Felipe IV, reconocíó como rey a Luis XIII de Francia y la guerra del francés contra Castilla se extendió por Cataluña, que era de nuevo ocupada por las tropas hispanas. La guerra entre España y Francia sólo acabaría en 1659 con la Paz de los Pirineos un tratado que suponía la pérdida del Rosellón, la mitad norte de la Cerdaña y otros territorios.

Figura 1.- Carta fechada “En el campo delante de Lérida” el 31 de octubre de 1646 firmada por el comandante de las tropas francesas que sitiaban la ciudad, conde de Harcourt. En ella afirma que “que de las buenas o malas relaciones con los campesinos, depende el mejor o peor servicio del Rey”

Figura 1.- Carta fechada “En el campo delante de Lérida” el 31 de octubre de 1646 firmada por el comandante de las tropas francesas que sitiaban la ciudad, conde de Harcourt. En ella afirma que “que de las buenas o malas relaciones con los campesinos, depende el mejor o peor servicio del Rey”

Unos años más tarde, la muerte sin sucesión de Carlos II el Hechizado dio origen a la guerra de Sucesión en la que Cataluña tomó parte por el archiduque Carlos que entraba en Barcelona en 1705 para ser reconocido rey en 1706. Castilla, por el contrario apoyó a Felipe de Anjou, el Borbón que, a la postre, resultaría vencedor.

Bajo el mando del general francés, el duque de Berwick, comenzaba el sitio de Barcelona en marzo de 1713. Las fuerzas eran absolutamente desiguales. Los diputados de la Generalidad y los brazos militar y eclesiástico, conscientes de su inferioridad, fueron partidarios de aceptar al rey Borbón; pero el brazo popular decidió la votación a favor de la resistencia. Era una causa perdida en la que el pueblo de Barcelona, por su comportamiento heroico al elegir la libertad como base de sus instituciones, mereció la admiración en toda Europa y así fue descrito por los autores de la época.

Figura 2.- Carta fechada el 27 de julio de 1708 en el Campo de San Genís (cerca de Igualada) donde las tropas francesas acamparon tras dejar Lérida el día 25 de julio para llegar a Balaguer el 2 de agosto. Se trata de la primera fecha conocida de la marca “DE LARM. DE CATALOGNE” que fue utilizada en la Guerra de Sucesión hasta 1714 y de nuevo por las tropas de mariscal Berwick en la Expedición de España de 1719-1720.

Figura 2.- Carta fechada el 27 de julio de 1708 en el Campo de San Genís (cerca de Igualada) donde las tropas francesas acamparon tras dejar Lérida el día 25 de julio para llegar a Balaguer el 2 de agosto. Se trata de la primera fecha conocida de la marca “DE LARM. DE CATALOGNE” que fue utilizada en la Guerra de Sucesión hasta 1714 y de nuevo por las tropas de mariscal Berwick en la Expedición de España de 1719-1720.

 

Barcelona capitulaba el 11 de setiembre de 1714 después de 18 meses de resistencia y luchas encarnizadas. Rafael de Casanova, al frente del Consistorio y Antoni de Villarroel jefe de las fuerzas militares quisieron con ello evitar la destrucción total de la ciudad. Los mandos militares huyeron al destierro o fueron ejecutados.

El día 15 de ese mismo mes el general Berwick nombraba la Real Junta Superior de Justicia y Gobierno de Cataluña que sustituía a la Generalidad y al Consejo de Ciento. Abolidas estas dos instituciones, aniquiladas las fuerzas militares catalanas y destruidos sus castillos, se suprimía la Universidad, se decretaba el uso del castellano como idioma oficial en vez del catalán (*), se cerraba la Casa de la Moneda, etc.

El nuevo régimen encontraría su configuración definitiva en el Decreto de Nueva Planta de 16 de febrero de 1716 por el que el máximo poder quedaba en manos militares: el capitán general.

Desde Felipe V la vida política española se desarrollará en la Corte de Madrid  de donde surgirán todas las decisiones sobre el gobierno de Cataluña. Si Felipe V derogó el uso del catalán como idioma oficial (*), Carlos III (el conocido como “mejor Alcalde de Madrid”) prohibió su uso tanto en la enseñanza primaria como en la secundaria.

Pero es muy difícil, por no decir imposible, acabar con un idioma a no ser que se extermine a un pueblo por completo. Al idioma en el que se ha aprendido a rezar y a contar no se puede renunciar. Cataluña ha mantenido su idioma por encima de todos los avatares históricos y pese a todos los ataques sufridos, una de cuyas últimas expresiones eran aquellos carteles franquistas de la posguerra que pregonaban: “NO HABLES CATALÁN; HABLA EL IDIOMA DEL IMPERIO”.

Napoleón lo entendió bien y creyó poder conquistar la voluntad de Cataluña promoviendo un autogobierno al margen del de José Bonaparte para el resto de España, al tiempo que decretó la oficialidad del idioma catalán. Pero, pese a ello, no consiguió que Cataluña aceptara la sumisión al invasor francés.

Nos llegan testimonios de que el presidente del Jurado Calificador de la exposición filatélica nacional Exfilna 2004 de Valladolid ha justificado la pérdida de puntos en la calificación de algunas colecciones expuestas, por estar descritas en catalán. Como es evidente que el mero desprecio al uso de esta lengua estaría muy mal visto y argumentó una “razón” que carece de validez: “el catalán no es idioma oficial de la F.I.P:”

Es cierto: La Federación Internacional de Filatelia tiene cuatro idiomas oficiales y el catalán no es ninguno de ellos. También es cierto que Exfilna se acoge a los reglamentos FIP.

Lo que ya no es cierto es que una exposición nacional deba acogerse a ese punto del reglamento de exposiciones de la FIP que hace referencia a la obligatoriedad del uso de esos únicos cuatro idiomas. Si ello fuera verdad serían “castigadas” las colecciones presentadas en portugués en las exposiciones nacionales portuguesas o en las hispano portuguesas; el italiano estaría vetado en las exposiciones nacionales italianas, etc.

El presidente del Jurado de Exfilna ante semejante sinrazón no se ha atrevido a exponerla por escrito y simplemente la ha manifestado verbalmente.

No es la primera vez que esto sucede. Ya lo hemos visto repetidas veces desde que algún coleccionista tuviera, años ha, la “osadía” de redactar en catalán, su lengua materna, la descripción de sus colecciones (quiero aquí recordar a mi amigo Sergi Doménech).

Quienes piensan y actúan como el presidente del Jurado de Exfilna, parecen auténticos nostálgicos de Felipe V y no se dan cuenta que ese fue un período que debían haber superado hace tres siglos. Algo que hoy debiera resultar anacrónico y que no dice nada en favor de quien sostenga semejantes ideas. Lo paradójico es que comentarios de esta naturaleza surjan, en ocasiones, de quienes tienen un apellido, y consiguientemente unos orígenes, netamente catalanes.

Se me podrá preguntar qué me va a mí en este tema si soy castellano parlante. Tengo muchas respuestas, pero todas pueden agruparse en una: no he perdido la sensatez.

Por favor, que posturas intransigentes y absolutamente injustas, no provoquen respuestas extremistas de quienes se sienten heridos en lo más íntimo, en lo más querido. Casi nada hay tan querido para el hombre como el propio idioma que ha sido y es la forma natural de pensar, razonar, rezar, expresar los sentimientos más íntimos y valiosos como el amor, el vehículo de comunicación entre padres e hijos, etc. Y en este caso un idioma milenario que solo la estulticia puede devaluar.

Una respuesta extremista, desmedida, desairada es siempre criticable; pero ¿no es todavía más condenable quien la provoca?

 

 

(*) Donde dije digo, digo Diego    (18 de julio de 2014)

Es lógico tener un sentimiento de vergüenza cuando se comete un error. Pero es  más grave y digno de sonrojo empecinarme en no reconocerlo.

Escribí este artículo para su publicación hace diez años en RF, la revista de Edifil. Ahora no lo firmaría sin introducir algunas modificaciones.

Nada que objetar al fondo de la cuestión: se debe defender el uso y el respeto que merece la lengua propia de Cataluña. El catalán es tan digno como lo pueda ser cualquier otro idioma de cualquier otro lugar. No obstante debo corregir un error ampliamente difundida por intereses políticos partidistas, que a fuerza de repetirse ha tomado carta de naturaleza para muchos:

“El declive del uso del catalán es fruto de la persecución secular a la que ha sido sometido por los gobiernos de España a partir de la victoria de Felipe V con la ocupación de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 y la posterior promulgación del Decreto de Nueva Planta en 1716 por el que se prohibía el uso de la lengua catalana”.

Eso es falso:

El Decreto de Nueva Planta de la Real Audiencia de Cataluña.

El Decreto de Nueva Planta de la Real Audiencia de Cataluña.

  1. Aunque se puedan encontrar los primeros antecedentes a partir del reinado de la casa de Tratámara en Aragón, el declive del uso del catalán en Cataluña se produjo en los siglos XVI y XVII. (1)
    Las verdaderas causas de esa decadencia fueron: la moda para las clases sociales altas, motivos económicas para los impresores y el afán de universalidad de los autores catalanes que preferían escribir en castellano para tener número de lectores mayor. No es cierto que se deba a la imposición del castellano y la persecución del catalán en los territorios catalanes a partir de la toma de Barcelona por las tropas de Felipe V . (2)
    Con anterioridad, durante el siglo XVII, de un total de mil libros editados en Barcelona, 672 estaban impresos en castellano, 222 en latín y únicamente 112 en catalán. (3)
  2. El Decreto de Nueva Planta para la Real Audiencia de Cataluña no cita en ningún momento la lengua catalana. En cuanto a idiomas o lenguas únicamente deroga el uso del latín en los juicios de la Real Audiencia.  (4)
  3. El uso del catalán por parte de la población no disminuyó tras el 11 de septiembre de 1714 y prueba de ello es que a finales del siglo XVIII sólo un 10 por ciento de los catalanes conocían el castellano (lo mismo que en el Rosellón el francés). (5)

La lengua catalana ha sido perseguida y vilipendiada en diversas épocas. Son evidentes los ataques sufridos por el catalán (y una pequeña muestra es la que motivó el artículo sobre la Exfilna de 2004). Pero hay que ser rigurosos. No se puede hacer del idioma catalán una bandera y, tergiversando la historia, esgrimirla como instrumento partidista en las contiendas políticas.

En 1970 José María Pemán publicaba en ABC su célebre artículo “El catalán, un vaso de agua clara”. Un texto digno de leer de nuevo y del cual vale la pena que recordemos ahora unos párrafos:

“Desde el día siguiente de la liberación de Cataluña se vio el camino que iban a emprender algunos, reincidiendo en pasados errores.

Estuve en Barcelona en los primeros días. Aparecieron calles y esquinas empapeladas de tiras o rótulos inoficiales con este texto : «No hables catalán, habla la lengua del Imperio». Se iniciaba esa fórmula que había de emplearse en muchas cosas: contestar a los hechos con los vocabularios.

A mí me invitaron poco después para ser mantenedor de los » Jocs Florals», que iban a reanudar la vieja tradición provenzal. La invitación iba acompañada de unas notas en las que se me adelantaba que no admitirían poemas escritos en catalán. También confidencialmente se me rogaba que no hiciera la exaltación de Joan Boscán, el primer poeta catalán que, a finales del siglo XV, escribió versos en castellano.

Contesté excusándome, porque vi claramente que se organizaba un acto «separatista»: que de una raya o frontera tanto puede uno separarse de un lado como de otro; y por una ley dinámica social el tirón hacia dentro es correlativo e inseparable del empujón hacia fuera.” (6)

Cuatro días después de publicarse el artículo, Radio Barcelona entregaba a Pemán el premio “San Jorge de oro”. Según ABC ,“pedido en clamor unánime por los oyentes” y en palabras de La Vanguardia por haber promovido una “gran oleada en entusiásticas aprobaciones”. (7)

Posteriormente, el círculo Catalán de Madrid le concedió por aclamación el premio de periodismo José Biosca.  “El premio se refiere a la hermosa tarea y a la singular dimensión de entrañar a Cataluña en España y a ésta en ella», explicaba La Vanguardia (8)

Los generalizados elogios al autor de aquellas palabras plenas de sensatez, no se repetirían en la actualidad. Hoy privan los sentimientos, los prejuicios y los intereses partidistas por encima de la objetividad.

Los generalizados elogios al autor de aquellas palabras plenas de sensatez, no se repetirían en la actualidad. Hoy privan los sentimientos, los prejuicios y los intereses partidistas por encima de la objetividad.

Unos tiran hacia dentro y otros hacia fuera y como afirmaba Pemán, tan separatistas son los unos como los otros.

Todo vale. Por valer, vale hasta cambiar la historia. Y quien quiera buscar la verdad (que no ha de ser necesariamente un punto de equilibrio o un término medio), puede apretarse los machos: no contentará ni a unos ni a otros; aunque, eso sí, tendrá la satisfacción de ser libre en su obrar y en su pensar, una capacidad humana a la que muchos parecen haber renunciado. ¡Vaya Vd. a saber a cambio de qué!.

 

Notas

(1) Ante la manipulación histórica que del tema de la lengua se ha hecho en Cataluña, el autor, reflexionando sobre la relación entre el castellano y el catalán durante los siglos XVI y XVII, llega a la conclusión de que no existió un proyecto castellanizador dirigido desde la Monarquia. La presencia de la lingua regalis en el Principado se debió a las motivaciones económicas de los impresores, la facilidad administrativa y el deseo universalista de algunos escritores catalanes. Además, el nivel de penetración lingüística estuvo muy condicionado por la clase social”. El Castellano en la Cataluña de los siglos XVI y XVII, Manuel Peña Díaz, Universidad Autónoma de Barcelona. Prólogo.

(2) Javier Barraycoa. Doctor en Filosofía por la Universitat de Barcelona. Vicerrector de Investigación de la Universitat Abat Oliba CEU.

(3) Jordi Torra, jefe de la Sección de Reserva de la Biblioteca de la Universidad de Barcelona hasta 2005.

(4) Tan sólo en el párrafo 5 se manda: “Las causas en la Real Audiencia, se substanciarán en lengua Castellana”. Pero eso no era en oposición al catalán que no se utilizaba, sino del latín que era la lengua en la que se sustanciaban los casos en la Real Audiencia.

(5) Melchor, Vicent de; Branchadell, Albert. El catalán. Una lengua de Europa para compartir. Barcelona: Universitat Autònoma de Barcelona, 2002.

(6) ABC, 19 de abril de 1970

(7) ABC y La Vanguardia ambos del 23 de abril de 1970

(8) La Vanguardia, 5 de noviembre de 1969. Noticia sobre la institución del premio José Biosca.