España, Historia Postal — 8 de marzo de 2015

Origen del correo desinfectado en España

por

 

La Danse Macabre, Guy Marchant. París,1486

Fig. 1 – La Danse Macabre, Guy Marchant. París,1486

Pestes, pestilencias o plagas

Desconocemos la naturaleza exacta de la mayoría de las epidemias que el mundo ha sufrido en la antigüedad por falta de una descripción precisa de sus características. La denominación de peste, pestilencia o plaga, se aplicaba por igual a cualquier enfermedad de carácter que produjera una gran mortandad; lo mismo servía para referirse a la peste negra, la viruela,  el tifus, el cólera o la gripe.

El entierro de las víctimas de la peste en Tournai. Detalle de una miniatura de "Las Crónicas de Gilles Li Muisis" (1272-1352), abad del monasterio de San Martín de los Justos (Bibliothèque Royale de Belgique, MS 13076-77, f. 24v)

Fig. 2 – El entierro de las víctimas de la peste en Tournai. Detalle de una miniatura de «Las Crónicas de Gilles Li Muisis» (1272-1352), abad de San Martín de los Justos (Bibliothèque Royale de Belgique, MS 13076-77, f. 24v)

Por el contrario, de la gran epidemia del siglo XIV, que había asolado Europa entre 1347 y 1350, sí conocemos su naturaleza: se trataba de la terrible peste negra. No fue denominada así (como algunos han imaginado), porque las ratas negras fuera el principal portador del virus que originaba la enfermedad. Debe su nombre a las manchas en la piel producidas en quienes enfermaban.

La única peste negra fielmente documentada, con anterioridad al siglo XIV, es la denominada plaga de Justiniano que azotó el imperio romano hacia el 546 y que Procopio describe diciendo que comienza con una fiebre súbita aunque no excesivamente alta. A los pocos días aparecían unas hinchazones bubónicas en axilas, detrás de las orejas y muslos. Después unos quedan sumidos en un coma profundo o en estado delirante. Algunos llevados de un irrefrenable frenesí se lanzaban al agua. Unos morían rápidamente y otros a los pocos días, con pústulas negras que se abrían en donde tenían las bubas. Algunos vomitaban sangre. Algunos se salvaban, particularmente aquellos que supuraban por sus bubas. La plaga se extendió por todo el imperio reduciendo su población al 50 por ciento.

Volviendo a la peste del siglo XIV, su mortandad fue de tal calibre, que, tras ella, la población europea quedó reducida prácticamente a la mitad y según algunos autores a una tercer parte. En España se introdujo por Mallorca, donde, según Zurita, en un mes, murieron 80 de cada 100 personas quedando Mallorca casi deshabitada. Pasó luego a Valencia, Cataluña, Aragón y al resto de la península. El propio rey Alfonso XI, que estaba sitiando Gibraltar, vio diezmados sus ejércitos y fallecía víctima de la peste el 26 de marzo de 1350. El reino de Aragón perdió el 40 por ciento de sus habitantes. Otras zonas de la península el 25%. Documentos de la época indican que algunos lugares quedaron totalmente despoblados y fueron borrados del mapa.

Con efectos devastadores de esa naturaleza resulta comprensible el pavor que causaba la mera sospecha de que se produjera una nueva epidemia.

El correo desinfectado

Uno de los muchos capítulos apasionantes de la Historia Postal es el que hace referencia a la Sanidad y en concreto a la desinfección de la correspondencia.

La interesantísima y valiosa Colección de Documentos y noticias tocantes a los Duques de Medina Sidonia formada por Don Mariano Pardo de Figueroa (Dr. Thebussem), fechada en Medina Sidonia en 1866 y encuadernada en 4 tomos por el propio Dr. Thebussem contiene, junto a transcripciones de diversos documentos originales, textos manuscritos del Dr. Thebussem. En el primer tomo encontramos un documento del siglo XIV y 50 cartas del siglo XV de los dos primeros duques de Medina Sidonia. En los tomos siguientes se recogen cartas de los demás duques (del III al XVII).

Fig. 5 - Carta fechada en Toulouse el 24 de febrero de 1723 con cortes de desinfección y las características  manchas de la desinfección con vinagre.

Fig. 5 – Carta fechada en Toulouse el 24 de febrero de 1723 con cortes de desinfección y las características manchas de la desinfección con vinagre.

De ese apasionante conjunto de documentos fijaremos nuestra atención en uno de ellos. Se trata de una carta que el 2º Duque de dirige al alcaide de Medina Sidonia, Martín Boca Negra,[1]  el año 1484. En el frente (fig. 3) leemos:

«A mi buen criado y especial amigo, martin boca negra mi alcaide é alcalde de la mi ciudad de medyna»

Fig. 4 - Texto de la carta de 1484 de don Enrique de Guzmán, conquistador de Alhama, dirigida al alcalde de Medina Sidonia previniéndole de la peste que se extiende por Jerez.

Fig. 4 – Texto de la carta de 1484 de don Enrique de Guzmán, II Duque de Medina Sidonia y conquistador de Alhama, dirigida al alcalde de Medina Sidonia previniéndole de la peste que se extiende por Jerez.

En el texto interior (fig.4) leemos:

«alcalde martín boca negra mi buen criado y especial amigo: yo he sabido que se va dañando Xerez de pestilencia y que son algunos vecinos della que quieren venir a esa ciudad huyendo del daño y porque mi voluntad es quesa ciudad sea bien guardada deste daño yo vos mando que non consintades que ningun vecino desa ciudad no sea osado de acoger en su casa ninguna persona que de Xerez venga ni así mismo desa ciudad a Xerez vaya de manera que se guarde bien lo que aquí vos envío mandar, y así haya la ciudad esta (carta) por cuya para que juntamente con vos se guarde y cumpla esto y para esto poned una pena de peones quel vos vieredes que conviene para que se ( ? ) así quien lo contrario hiciere. Fecho seys de junio de ochenta é quatro años = El duque=

Las pestes generaban un pánico cerval en la población. Esta carta nos lo confirma cuando se refiere a los que se iban de Jerez huyendo de la epidemia. No se abandona la ciudad en la que uno vive (y menos en aquella época en la que la movilidad de la población era escasísima) si no es por un peligro gravísimo y evidente. De la misma forma que una parte de las gentes de Jerez huía hacia Medina Sidonia es lógico pensar que también habría quien lo hiciera en dirección a otros lugares de la zona. Estamos hablando de que la peste generaba un movimiento poblacional semejante al de una desbandada. Y esa misma huída en desbandada provocaba la dispersión de la enfermedad.

Ya desde la antigüedad se sabía que las enfermedades epidémicas eran de naturaleza contagiosa y, aunque no se conociera realmente el vehículo transmisor concreto ni la naturaleza exacta del mal, lo que sí estaba claro es que había que alejarse de quien estuviera infectado. Pero esa movilidad favorecía su expansión. Por ello se imponía la necesidad de prohibir la movilidad de quienes se hallasen en zonas infectadas a fin de evitar un mal mayor, la propagación de la epidemia.

En un principio se prohibió el traslado de las personas, luego se extendería la prohibición a cualquier objeto que pudiera ser portador de la enfermedad. A partir de una determinada época (principios del siglo XVIII en España) se consideró que las cartas también era un vehículo de contagio por el papel en el que estaban escritas, fue el momento en el que se impuso la obligación de «desinfectarlas».

1720. Principado de Cataluña. Primera normativa sobre la desinfección del correo en España

Ante la peste que se desata en Marsella en 1720, en el Principado de Cataluña se promulgaron una serie de Órdenes y Providencias generales que regularon de manera pormenorizada todo cuanto se entendía entonces podía afectar a la sanidad pública.

Es la primera vez que en España se ordena desinfectar la correspondencia mandando:

 «Que los Correos y extraordinarios que vinieren de Francia ó Italia, sino traxeren testimonios auténticos de haver hecho su carrera por camino remoto de Marsella, ó sus cercanías, o padecieren la menor sospecha de haver entrado o podido entrar ern las cercanías de Marsella se le obligasse a hazer Cuarentena, y recogiendo las cartas que traxeren, se echasen al vinagre y se sahumasen, y hecha esta diligencia, entregarse a otro Correo que esté en España, y las introduzca en ella, y se le de testimonio de esto para que en el camino en ninguna parte se le ponga embarazo».

También se mandó que:

«además de los devidos perfumes, y baños de vinagre, ordenados dar a dichos pliegos y cartas, se agujeren y se traspasen por en medio con un punzón de hierro capaz para que de esta manera, sin lesión notable de la escritura pueda mejor el vinagre penetrarlas por la parte de adentro»

Fig. 5 - Carta fechada en Toulouse el 24 de febrero de 1723 con cortes de desinfección y las características  manchas de la desinfección con vinagre.

Fig. 5 – Carta fechada en Toulouse el 24 de febrero de 1723 con cortes de desinfección y las características manchas de la desinfección con vinagre.

La figura 5 reproduce una carta escrita en Toulouse el 24 de febrero de 1723 y dirigida a Barcelona en esa época. La carta ha sido sometida a desinfección como puede comprobarse por el color amarillento pajizo producido por el vinagre (una vez desplegada la carta su interior muestra las zonas a las que llegó el vinagre y las que se vieron libre de él) y las flechas nos señalan los cortes efectuados para que el proceso de desinfección se introdujera dentro de ella.

La gravedad de las medidas dictadas para la prevención de la difusión de la peste se puede medir por las sanciones impuestas a sus infractores. Unos ejemplos de ello son:

  • No se permitirá a ninguna barca del Principado o del Reino que desembarque en puerto, bahía, playa, cala o ensenada ninguna persona, mercancía u objeto. El único puerto autorizado será el de Barcelona. El incumplimiento de esta disposición se castigaba con «pena irremisible de la vida».
  • Las barquitas de pesca deben situarse a una distancia de tiro de fusil desde la costa. Si se les encontrara otra mercancía que la de la pesca, se quemará, sus personas puestas en cuarentena y la pena será de cinco años en galeras..
  • El que recuperara algo que flote tanto en las orillas, en el mar o en la costa y no lo denunciara, penará con su vida.
  • Los vecinos de la raya fronteriza que alquilaban sus prados para que pastase el ganado de los franceses, se les prohíbe hacerlo y en caso de incumplimiento perderán el dinero del alquiler y sufrirán la pena de cinco años de presidio. Por su parte los ganaderos franceses que entraran furtivamente penarían con su vida esta acción.
  • No disponer de las boletas de sanidad en su forma debida se castigaba con cinco años de galeras.
  • El cuarentenista que huyera del lazareto sin haber cumplido la cuarentena lo pagará con su vida. Y para demostrar que ello se había de ejecutar se mandó levantar horcas a las salidas de los lazaretos.
  • Se castigaba con pena de la vida al que falsificase las boletas sanitarias.

Pese a penas de ese calibre  y al conjunto de medidas pormenorizadas del Edicto General del Principado de Cataluña y edictos adicionales, los barceloneses de la época las consideraron insuficientes para evitar con éxito la introducción de la peste en España.

Y por desgracia tuvieron razón.

 

 

Nota
[1]
La familia Bocanegra procedía de Génova. Martín Bocanegra además de alcalde de Medina Sidonia fue corregidor de Gibraltar y participó activamente en los preparativos para la conquista de Melilla en 1497.