Actualidad, Opinión — 21 de julio de 2016

Por qué leer XXI Siglos de Comunicación en España

por

Presentacion libro def

Salón de Actos del Archivo General de Indias, Sevilla 15 de julio de 2016

Intervención de José María Sempere en la presentación oficial del libro “XXI Siglos de Comunicación en España”

D. Manuel Ravina Martín, Director del Archivo General de Indias, D. Javier Cuesta Nuin, Presidente de Correos, señoras y señores, amigos todos:

Aprovechando la libertad que se me ha dado para decidir el contenido de mi intervención, quiero hacerles algunas reflexiones a partir de unas palabras de Eugene Ionesco sobre la falta de valores que guían los destinos de nuestra sociedad, algo que, coincidirán conmigo, no es ningún descubrimiento. Se me ha pedido brevedad y me ceñiré a lo esencial de lo que había preparado.

Como Vds. saben, el Festival Internacional de Salzburgo es uno de los grandes eventos musicales que se vienen celebrando cada verano, desde 1920 en la ciudad donde nació Wolfgang Amadeus Mozart.

Todos los años, un personaje prestigioso del mundo cultural o político, da comienzo al certamen con un discurso solemne. En 1972 fue designado Eugene Ionesco.

En un ambiente de gala, ante un refinado público expectante por disfrutar de un espectáculo musical incomparable, Ionesco ofreció un retrato despiadado de los efectos devastadores de las filosofías modernas que ensalzan la liberación de los instintos. Bástenos citar un par de párrafos:

El amor o la espiritualidad no se han vuelto ridículos, sino que son conceptos que ya no existen (…) La crisis empezó hace tiempo. El fin de nuestra cultura quizá ya fue preparado en el siglo XVII. Se fue haciendo cada vez más humanizante, en vez de ser metafísica; se fue haciendo cada vez más psicológica en vez de ser espiritual. En los rostros de los santos y en las estatuas de los arcángeles de las catedrales encontramos una sonrisa que nosotros ya no sabemos entender.

Los hombres deambulan por su planeta en círculos, comoen una jaula, porquehan olvidado que hay quemiraral cielo.

¿Cuáles son los problemas de los hombres?:

Cómo puedo pasármelo bien, cómo poseer el mundo, cómo disfrutar, cómo saciarme….

El problema de la muerte. El problema de nuestro futuro, de nuestra existencia en el universo (…) deja de ser considerado. El problema principal, precisamente el problema esencial de nuestro ser,ha caído en el olvido.

El último fin ha sido desterrado de nuestro pensamiento, porque sólo tenemos fines inmediatos ante nuestros ojos. Y de esta forma no sabemos ya qué es lo qué tenemos que hacer, ni hacia dónde tenemos que ir.

Porque sólo queremos vivir, se nos ha hecho imposible precisamente el vivir. Mire usted a su alrededor: el mundo ha perdido su dirección.

Hemos olvidado lo que es espiritualidad. No estamos ya en condiciones de ver. En el vértigo general no nos podemos parar para contemplar quietos un momento. Sin embargo, si mirásemos dentro de nosotros, podríamos descubrir la lozanía del asombro. De un asombro infantil, que haría el mundo fresco y joven como el primer día de la creación.

Tenernos que aprender de nuevo a admirarnos. Bach tenía este asombro y esta admiración. Y Mozart tenía esa alegría que procedía de él mismo, que le llenaba y que se difundía a su alrededor. Pero nos hemos olvidado de oír a Bach. Y aquí, en el país de Mozart, ¿están ustedes en condiciones de oír a Mozart y de captar su mensaje?

El efecto de las palabras de Ionesco, nada sospechoso de beatería por su condición de ateo confeso, produjo tal conmoción, que la “Mozarteum”, la orquesta de Salzburgo, renunció a interpretar, como era costumbre, el himno salzburgués y, en su lugar, clausuró el acto con una partitura de Mozart.

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Hoy, 15 de julio de 2016, estamos reunidos aquí en otro acto cultural. Ahora se trata de presentar un libro y, sin temor a equivocarme, transcurridos 44 años, el diagnóstico de Ionesco sigue siendo válido.

Para muchos sólo existe una razón de ser: pasarlo bien y divertirse, porque confundieron felicidad con diversión.

El hombre moderno ha alcanzado un grado de estupidez máximo. Ha relegado el uso de la razón y de sus potencias espirituales a un segundo plano priorizando el placer sobre todo lo demás. Sólo deja una puerta abierta a la técnica porque la considera un instrumento para lograr un mundo más placentero. Ha llegado al extremo de renunciar a la reflexión, huye de mirarse a sí mismo, de interiorizar. Lleva tanto tiempo sin plantearse las cuestiones fundamentales de su existencia, tanto tiempo ajeno a la introspección, que le aterra verse así mismo y tener que comprobar el vacío de su vida interior. Para huir de ese horror, se entrega con la mayor vehemencia al imperio de los sentidos y cierra los ojos a su fracaso vital.

No ve. Y tampoco quiere oír. Por ello necesita ruido, mucho ruido que le impida pensar. Los conciertos, para los que antes se requería un silencio que permitiera apreciar la melodía, el ritmo y los acordes de su música, hoy se miden por los miles de watios de sus altavoces y de los cegadores destellos de luces en permanente movimiento.

Al igual que del silencio, el hombre moderno huye de la soledad. Los eventos mejor valorados son los que concentran más público, la cantidad prima sobre la calidad.

La sensualidad lo ha invadido todo y para promocionar cualquier producto, desde un automóvil a un perfume, una bebida o un espectáculo, son necesarias imágenes plenas de voluptuosidad, sexo y a la seducción de los sentidos.

Las humanidades en general y la misma cultura se convierten en irrelevantes. No hay que pensar. ¿Para qué  perder el tiempo en pensar, si se pueden hacer miles de cosas más divertidas y excitantes?

En un ambiente así, ante el libro XXI Siglos de Comunicación

en España, algunospreguntarán: ¿y para qué diablos me sirve este mamotreto de 400 páginas?

Disculpen tanto preámbulo para plantear la pregunta en cuya respuesta me quiero centrar. Para ello me referiré a tres aspectos: la finalidad de su publicación, la personalidad de sus autores y su contenido.

En cuanto a la finalidad de esta edición, D. Javier Cuesta, presidente de Correos, detalla los objetivos en el prólogo de la obra:

1.-  Celebrar el tercer centenario del Correo Español como un servicio nacional, aunque inicialmente se le diera mayor importancia a su naturaleza recaudatoria como una renta del estado.

2.-  Mostrar cómo el correo, y en su momento el telégrafo y la telefonía, han sido y son vertebradores del estado y un nexo de cohesión social, y

3.- Divulgar el conocimiento de la actividad de Correos y de su historia tricentenaria.

Creo que las tres metas se han alcanzado sobradamente y, consiguientemente ya tenemos tres razones para justificar su lectura.

El segundo aspecto al que me quiero referir son sus redactores.

XXI Siglos de Comunicación en España es una obra colectiva llevada a cabo por autores procedentes de tres ámbitos muy distintos:

1º.- El universitario. Catedráticos y profesores dedicados al estudio y la docencia. En ellos destaca su conocimiento de la historia de España.

2º.- El del personal de Correos dedicado al estudio y la documentación histórica de las comunicaciones en España, en quienes prima el aspecto técnico y el

3º es el campo del coleccionismo: los que, llevados por su afición, se han dedicado al estudio del sello y la historia postal.

Tan diversas procedencias se traducen en enfoques diferentes, contenidos tratados con criterios dispares, y esa variedad es, desde luego, enriquecedora.

El tercer aspecto a considerar es su contenido:

Habrá quienes piensen que, fruto de esa variopinta selección de autores, algún capítulo se podría haber obviado pues su contenido no se ajusta al título de la obra (como los referentes a las sociedades filatélicas o a la historia de la filatelia) y lo mismo otros por su escasa relevancia en el desarrollo de las comunicaciones en España (es el caso del correo y la telegrafía de los insurrectos carlistas). Además, alguno de los textos del tercer grupo de autores seguramente no alcanza el nivel de los escritos por los profesores universitarios o el cualificado personal de Correos.

De todas maneras, aunque el contenido se pueda considerar mejorable en ciertos aspectos, no debemos caer en ese extremismo tan español de ver sólo la parte llena del cesto o únicamente la parte vacía. No nos engañemos: el cesto no está totalmente lleno, pero tampoco está vacío y su contenido es, en muy buena parte, de excelente calidad. Eso, y no otra cosa es lo que debemos valorar.

Repito ¿Qué para qué sirve este pesado volumen?

Lo resumiré al máximo para no alargarme.

Además de cumplir con esos tres objetivos fijados por sus promotores:

1°.- Nos adentra en una faceta fundamental del ser humano como animal social: la comunicación.

2°.- Nos permite conocer mejor la historia y entender la importancia que en el devenir y progreso de la humanidad han tenido las comunicaciones y muy especialmente el correo. Porque conocer la historia es conocer el comportamiento del hombre y conocer al hombre en general, es conocernos a nosotros mismos en particular.

En síntesis: para diferenciamos de las bestias al usar la razón en busca del saber. La ignorancia es una celda que nos esclaviza y nos relega a una vida más próxima a la del mundo animal.

Cuando en su evangelio Juan cita la frase de Jesús “la verdad os hará libres”, lo hacía en un contexto doctrinal religioso; pero esa frase es una ley universal aplicable al conocimiento en general, al saber. Hallar  respuestas a los interrogantes que nos plantea la vida es una liberación que eleva el espíritu y acrecienta nuestra satisfacción y plenitud interior.

Quizá un ejemplo sirva para explicarme mejor.

He dedicado toda mi vida a la filatelia, como coleccionista y como profesional. En nuestro pequeño mundo hay individuos cuyo principal objetivo es ganar premios, otros medran por alcanzar un puesto destacado en la dirección de sus asociaciones o para recabar reconocimientos y notoriedad o para conseguir una cierta superioridad sobre quienes están a su alrededor, algunos sólo aspiran a ganar dinero (esto es más habitual encontrarlo entre de quienes somos comerciantes)… existe un largo etcétera de pobres y en ocasiones mezquinos objetivos.

Todos ellos son fines lícitos y, en sí mismos nada tienen de negativo; pero degeneran cuando se convierten en el principal o único motivo de proceder y, con frecuencia, lleva a sus protagonistas a verse inmersos en un universo de disensiones, envidias, odios, artimañas de cualquier tipo, difamaciones, críticas, etc..

En ese camino se pueden cosechar ciertos éxitos, si; pero no la felicidad.

Más allá de satisfacer las apetencias de los sentidos, debemos tener un objetivo trascendente. Los sentidos son insaciables. Alcanzado un grado de poder, se despierta la necesidad de otro superior. Obtener un  galardón despierta la sed de lograr otro más importante. Las ganancias económicas no cubren nunca las necesidades de una ambición que se multiplica con el éxito.

Por el contrario, para el hombre que valora la sabiduría y el conocimiento por encima de todo lo demás, cada logro es un triunfo que da sentido a su vida y le sumerge en un estado de plenitud y satisfacción.

Créanme: este libro les abrirá la mente a aspectos de la historia de España extraordinariamente sugerentes y acrecentará el bagaje de sus conocimientos sobre la importancia de la comunicación en nuestra sociedad a través de los tiempos.

Pero deben bucear en él con la inteligente curiosidad del niño que quiere aprender, entonces su lectura será realmente gratificante.

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A todos Vds. que han desafiado el sofocante calor de Sevilla un viernes como hoy 15 de julio, les agradezco la atención que me han prestado, al Archivo General de Indias su hospitalidad y a Correos su generoso esfuerzo editorial y de manera especial que me haya permitido poner un granito de arena en este gran libro con la esperanza de que sea el preludio de muchas otras publicaciones.

Muchas gracias a todos