La huella del falsificador 026
Publicado en El Eco Filatélico y Numismático (enero 2012)
Con frecuencia uno de los objetivos preferidos por el falsificador han sido las sobrecargas.
Cuando no se disponía de los recursos técnicos actuales, ni los estudios filatélicos se habían desarrollado como lo están hoy en día, el coleccionista se mostraba muy receloso a adquirir emisiones sobre las cuales se hubiera estampado una nueva imagen o texto por temor a que no fuera auténtica.
Cada caso merece un análisis distinto. Cuando el valor de la emisión sobrecargada no es superior al de los sellos base, no es razonable pensar en que nadie se haya molestado en estampar una sobrecarga falsa en un sello auténtico para no incorporar una plusvalía adicional.
El problema se nos ofrece en los sellos de reducido valor en el mercado que, con una sobrecarga, se convierten en ejemplares considerados distintos y de un valor superior.
Si, además, la sobrecarga se ha efectuado utilizando tipos de imprenta de uso general, la facilidad para el falsificador se agranda.
El uso de unos sellos base previamente numerados puede ser un elemento disuasorio para el delincuente, que además de “producir” la sobrecarga falsa, tiene que corregir o falsificar el número si quiere que no se identifique el fraude; es lo que ocurre, por ejemplo, con el sello aéreo de la emisión del VII Aniversario de la República Española (Edifil 759) que sólo es auténtica si la numeración del dorso está entre la 9.001 y la 10.000.
Hace años todos los recursos utilizados en la expertización de sobrecargas residía en comparar la similitud o diferencias que pudiera haber entre el ejemplar sometido a examen y uno inequívocamente considerado auténtico. Desde hace años, al igual que sucede con el sello en general, los estudios han avanzado y nos ofrecen un conocimiento exhaustivo de la técnica, los medios y la forma en la que se ha producido la sobreimpresión, con la consecuente seguridad en el resultado de las peritaciones.
Hoy trataremos de un caso peculiar: el de la emisión dedicada al II Aniversario de a Defensa de Madrid.
Las hojas del sello que sirvió para esta emisión son de 50 ejemplares repartidos en 5 columnas de diez sellos cada una. Las 4 primeras fueron habilitadas con 10 sobrecargas que se estampaban en un bloque de cuatro cada una de ellas, mientras la quinta y última columna, la de la derecha, se habilitaba con otra sobrecarga más pequeña, una por cada uno de sus diez sellos. Así se conformaban 10 series completas en una cada hoja.
Tras llevarse a cabo la tirada, se dio la orden de cortar todas las hojas separando la columna del sello con sobrecarga individual (el que Edifil cataloga como número 789) de los otros sellos en los que la sobrecarga afectaba cada una a un bloque de cuatro (Edifil 790). Cumplir estrictamente esa orden suponía no ver unidos los dos valores; pero hecha la norma, hecha la infracción; y, al parecer, alguna escapó del corte. Esas piezas son escasísimas y dada su extraordinaria rareza tienen una cotización muy alta.
La figura 1 nos muestra el ejemplar que hoy queremos peritar.
La figura 2 reproduce un ejemplar reputado como auténtico.
Lo primero que haremos es comprobar la autenticidad de la sobrecarga tenida por auténtica y para ello basta con acudir a la obra “Sellos y Hojitas Defensa de Madrid de 1938-1939” del Dr. Oswald Schier. Este libro es un buen ejemplo de la afirmación que hacíamos al principio en el sentido de cómo el estudio pormenorizado, hecho con rigor, facilita el dictamen de autenticidad o falsedad de una sobrecarga.
La pieza de la figura ocupa la parte superior derecha de la hoja, por consiguiente debe corresponder al segundo tipo de las sobrecargas sobre bloques de cuatro y el tipo uno de los sellos con sobrecarga individual.
Seguimos la obra de Oswald Schier y efectivamente comprobamos la primera característica. Véase la figura 3; es una pequeña manchita negra a la izquierda de la base de la cifra “7” de la fecha “7 NOV 1938”.
Una segunda señal definitoria es otra rayita negra, esta vez por encima y un poco a la derecha de la “L” de la palabra “LA” de la sobrecarga. La destacamos en la figura 4.
Por último Schier nos señala que este tipo se distingue también por dos manchitas a la derecha de la palabra “MADRID”, la superior es un puntito y la inferior una pequeña rayita diagonal. (Figura 5)
Y ahora comprobemos que la sobrecarga de esta pieza también cumple el requisito que describe Schier para el tipo I de la sobrecarga del sello individual: la deformación de la pata derecha de la “R” de “HEROICA”.
Una vez hemos admitido como auténtica la sobrecarga de la figura 2 basta con aislarla del sello (figura 7)
Así mismo aislamos la sobrecarga del bloque que queremos peritar y para facilitar su comparación la transformamos en color rojo (figura 8)
Finalmente superponemos una imagen sobre otra. Es evidente que si las dos habilitaciones fueran auténticas, por ser iguales, deberían coincidir. La figura 9, sin embargo, nos revela que no es así.
La sobrecarga que queríamos comprobar es inequívocamente falsa.
Advertencia
Nótese que hemos seguido un método de estudio llevados por el fin de mostrar gráficamente y de forma global las diferencia entre la sobrecarga auténtica y la falsa. No obstante el proceder más correcto hubiera sido determinar las tiradas de los sellos base, sus tipos y comprobar que coinciden con los tipos que ya nos ofrece Schier en su exhaustivo trabajo. Sólo su plena concordancia sería prueba de autenticidad.
No ha sido por una mera casualidad tratar de esta falsificación hoy. Su autor falleció hace unos años y hace unos meses se intentó venderla. Como no es la única pieza que “fabricó”, cabe la posibilidad de encontrarnos en el mercado otros ejemplares falsos de mejor o peor factura. Es bueno estar sobre aviso.








