Sólo para tontos e ignorantes

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La huella del falsificador 019

Publicado en El Eco Filatélico y Numismático

 

En esta serie de artículos sobre falsificaciones y falsificadores nos pone en contacto con obras de mayor o menor perfección capaces de engañar a coleccionistas e incluso profesionales más o menos preparados.

En la medida que el “trabajo” está mejor hecho y difiere menos del original, es evidente que resuta más peligroso, por ello el estafador trata de perfeccionar sus labores. Pero de vez en cuando nos encontramos con piezas sorprendentes como la que se reproduce en la figura 1.

En un foro de filatelia en Internet leía el otro día leía  en Internet  los comentarios sobre una pieza falsa bajo el titular de “EL FALSIFICADOR MAS TONTO DEL MUNDO” que trataba de la falsificación de una sobrecarga que había sido aplicada sobre un ejemplar que, aunque defectuoso, era de una rareza extrema, el falsificador había logrado que un ejemplar excepcional digno de una gran colección especializada se transformara en un sello despreciable por falso.

La carta que tenemos a nuestra vista apunta en dirección opuesta. Muy probablemente el falsificador también sea un ignorante profundo, pero lo significativo de la pieza no está en su autor sino en aquél a quien puede ir dirigida. Se trata de una carta que sólo es apta para un coleccionista tonto e ignorante. Sólo un absoluto iletrado puede ser engañado con semejante ejemplar.

Figura 1Fig. 1 – Anverso

En la primera imagen vemos el frente del sobre. La marca oval violeta “COMUNICACIONES/ CONTRO OFICIAL/ *VALENCIA*” nos indica que la carta circuló durante el período de censura de la correspondencia en la zona republicana de la guerra Civil. Los sellos, sin embargo pertenecen al bando carlista y fueron emitidos en 1874 utilizándose únicamente en Cataluña sin validez alguna para la correspondencia dirigida al extranjero.

Figura 2Fig. 2. – Dorso

En el dorso un cierre sellado con la misma marca oval que aparece en el frente precinta el sobre tras su apertura para la censura de la carta (Fig. 2).

Por último en la Fig. 3 vemos un detalle del matasellos falso que se ha utilizado. Es evidente que la tinta utilizada para estampare esa marca nada tiene que ver con la tinta ordinaria de Correos.

Figura 3Fig. 3. – Detalle del matasellos falso

No hay explicación plausible para argumentar a favor de la autenticidad de esta pieza. Es un desatino pensar que la carta se franqueó en origen (en Valencia) con sellos carlistas de Cataluña del siglo anterior con un facial en una moneda (maravedíes de vellón) que hacía décadas que no circulaba. Los carta está dirigida a Francia y esos sellos jamás tuvieron validez para su uso en el correo al extranjero. También es impensable que salieran sin ser matasellados de España y se anularan después de ser re-dirigida desde París que es a donde se remite originalmente la misiva.

Peor sería creer en su autenticidad pretendiendo que los sellos fueron puestos en destino (¡?) y allí matasellados. Demencial.

 

Destinatarios de la falsificación

¿Puede existir alguien susceptible de ser engañado con semejante engendro? Por supuesto que sí. ¿Quieren creerse que esta pieza me la entregó avezado filatelista para consultarme si era auténtica?

Dice el refrán que la avaricia rompe el saco. El afán desmedido por adquirir una ganga, por obtener un rápido y fácil beneficio es el peor de los consejeros. Ante la oferta a un precio extraordinariamente bajo de una gran rareza, aunque la apariencia sea nefasta y todo haga presagiar que se trata de un engaño, los más débiles, los más avariciosos creen rentable correr el riesgo de adquirirla por si acaso se trata de una ganga.

Habitualmente la ocasión se presenta bajo la forma de un individuo que ofrece el artículo a un precio muy bajo por desconocer su rareza. El sujeto que caerá en la trampa, oferta una cantidad muy baja para “aprovecharse” de la ignorancia del oferente. Como suele ocurrir el “listo” sale trasquilado y con el rabo entre las piernas. Una vez más el que pretende engañar resulta engañado. Y una vez más el estafado calla avergonzado sin denunciar al delincuente.