Filatelia, Prefilatelia — 31 de octubre de 2015

Tenías razón Horacio

por

La Administración del Correos de Madrid no tuvo marcas de origen antes de 1842

Carta a Horacio Pedraza Segura (q.d.e.p.)

 

Cuando te quise comunicar que había encontrado la prueba inequívoca de tu explicación a la inexistencia de marcas de origen en Madrid en la correspondencia nacional, me enteré de tu reciente fallecimiento.

El disgusto enorme. Pero, a ese impacto inicial de tristeza por la pérdida del amigo, sigue la reflexión gozosa de la fe. Junto al dolor de tu ausencia, convive la feliz esperanza de que, con toda seguridad, el Señor te habrá acogido en su Reino. Y con esos sentimientos encontrados te escribo lo que no te pude decir personalmente:

Publicaste un documentado estudio en la web de la Sociedad Filatélica y Numismática Granadina titulado Por qué Madrid no selló la correspondencia ordinaria nacional hasta 1842.

Como me dijiste entonces, era tu respuesta al artículo de Fernando Alonso García aparecido en el nº 12 de la revista Academvs de la Real Academia Hispánica de Filatelia bajo el sensacionalista título: Desvelado el misterio de las marcas prefilatélicas de Madrid. La capital de España tenía marcas de origen.

Las últimas líneas del escrito de Fernando Alonso ponen de relieve que los servicios postales en Madrid durante el siglo XVIII funcionaban de un modo muy diferente a como los concibe:

«La nueva hipótesis aclara la aparente inexistencia de marcas prefilatélicas de Madrid, ya que toda la correspondencia con origen en dicha capital era llevada por el Correo Real con el uso de sus marcas, siempre que incluyera alguna carta con franquicia oficial, pero con el complemento de los porteos correspondientes, cuando se adjuntaba alguna carta sin franquicia, aplicados en las administraciones principales de las que dependía el destino, según se ha concretado en cada caso. En la circunstancia de ser una carta individual o pliego sin derecho a franquicia oficial, circularía sin marca, añadiendo el porteo en la administración principal de la que dependa el destino.
Si bien hasta tanto no se conozcan los documentos acreditativos de la conclusión indicada no se puede afirmar de forma categórica, resulta evidente el hecho de estimar como válida la existencia de un solo correo en Madrid, que funcionaba como Correo Real y Correo Oficial, lo que implica que todo el correo con origen en Madrid, tanto público como privado, circulaba por Correo Real.»

I.- Pues, no. No es cierto que sólo existiera un único correo. Con sólo hojear el primer volumen de los Anales de la Ordenanzas de Correos se pueden encontrar múltiples citas de tres servicios de correos distintos y cada uno con su propia administración en ubicadas en diferentes edificios de Madrid:

1.- El Correo General de Madrid (con diversas denominaciones según las épocas). Gestionaba principalmente la correspondencia de los particulares.

Por el Oficio General 1657 1214 Cert Felipe IV Madrid a Viana web

1657 (14 DIC). Carta de Felipe II con su firma autógrafa circulada de San Lorenzo del Escorial a Viana por medio del OFICIO DEL CORREO GENERAL

2.- El Correo de Italia. Conducía principalmente la correspondencia dirigida a Italia, tanto la que hoy llamaríamos oficial, como la de los particulares.

Correo de Italia 1765 1002 Lisboa a Genova

1765. Carta de Lisboa entregada en Madrid por el Oficio del Correo General para circular a Génova por el OFICIO DEL CORREO DE ITALIA

3.- El Correo del Parte. Se creó para facilitar la comunicación de los monarcas con Madrid durante sus ausencias de la capital, con frecuencia por sus estancias de recreo en los Reales Sitios. Transportaba correspondencia real, de la Administración del Estado y de los particulares. Del Correo del Parte dependieron los correos de gabinete (herederos de los antiguos correos reales que ejercían su actividad a las órdenes de los correos mayores).

Por el correo del Parte 1791 1114 Escorial a Madrid web

1791 (14 NOV). Carta particular circulada con franquicia de El Escorial a Madrid por el OFICIO DEL PARTE

II.- Los conceptos «correspondencia oficial o correo oficial« como lo entendemos actualmente nace a mediados del siglo XIX. Utilizarlo para el correo de los siglos XVII y XVIII puede conducir a equívocos. Es mejor hablar de «franquicias».

III.- Tampoco se puede hablar de «Correo Real» como lo hace Alonso, sin precisar su significado exacto en cada momento histórico. Cuando originariamente fueron creados, los correos reales eran los individuos vinculados a la curia regia que se encargaban de transportar la correspondencia. Tras implantarse las estafetas se fue desarrollando el servicio público de correos en España y los correos del rey sólo hacían viajes extraordinarios (no periódicos sino específicos en el momento y circunstancias que eran requeridos). Posteriormente, en 1785, se les denominó «correos de gabinete« y se valían de ellos sólo para viajes al extranjero.

Fig - 1 Correo Real 1579 0707 Felipe II web

1579.  Carta de Felipe II transportada por un correo extraordinario. CORREO REAL

Una vez se hubieron incorporado a la Corona, a principios del siglo XVIII, todos los servicios postales concebidos como un monopolio del estado, no es adecuado considerar el «correo real» como un sistema específico de transporte de correspondencia de la monarquía.

Ahora bien, si se pretende afirmar que todo el correo era real, porque la cabeza del estado absolutista era el rey, lo único que estaremos haciendo es retorcer el lenguaje para aumentar la confusión.

IV. Las elucubraciones de Alonso sobre la apertura de valijas y pliegos para portear los sobrescritos sin marca de franquicia para volverlos a cerrar posteriormente, carece de fundamento. La realidad era justamente al revés: estaba prohibida la apertura de los pliegos antes de su entrega a la caja de destino y, además, con la obligación de seguir unas minuciosas instrucciones para preservar el secreto de la correspondencia.

En tu escrito, Horacio, la primera reflexión advertía:

«Los Anales de las Ordenanzas de Correos de España, posiblemente más nombrados que leídos, e incluidos en las bibliografías de la mayoría de artículos de Historia Postal española, si bien no lo dicen todo, repasados con detenimiento aportan las claves de muchas incógnitas que perviven hasta la fecha.»

Según el refrán, a buen entendedor pocas palabras bastan, pero la vida nos demuestra que desgraciadamente hay pocos buenos entendedores. Luego, con la benevolencia de tu envidiable forma de ser, decías del artículo de Fernando Alonso:

«trabajo del que discrepamos en parte, pues tenemos nuestra propia idea sobre el particular».

Sin embargo cuando entrabas en su análisis, la contundencia de tus argumentos derrumbaban sin contemplación todas sus hipótesis. Tuviste la paciencia de ir desgranando con tesón cuanta información aportan los Anales de las Ordenanzas de Correos de España con frecuencia poco o mal explicitadas. Y, gracias a esos estudios de Historia Medieval y Moderna a los que te apuntaste una vez jubilado para mejor adentrarte en el conocimiento de la Historia Postal, pudiste emitir un juicio riguroso y certero: Madrid no tuvo marcas de origen.

Para disipar cualquier sombra de duda en quienes gustan aferrarse a teorías fantasiosas y apear del burro a los más duros de mollera únicamente faltaba encontrar algún testimonio o documento original de aquella época que lo confirmara.

* * * * * *

El Dr. Thebussem, en su carta a D. Antonio Fernández Duro Mapas Postales (1883), cita como el más antiguo conocido:

el «Mapa de España, con el plan para establecer el servicio de Correos, presentado por los Tassis á los Reyes Doña Juana y D. Carlos su hijo, en el año 1518. Noticia consignada en el Diálogo entre Pelayo, Correo de Gabinete de S. M., y Toribio, su Postillón, por D. Sebastián Pedro Pérez. Año 1758.—Manuscrito en 8.º, original y autógrafo, en poder del Dr. Thebussem, quien lo describió en la Carta bibliográfico-postal publicada en la Revista de Correos (Madrid) de junio de 1873.

En mi última visita a Madrid tuve la dicha de hallar en la Biblioteca Nacional este manuscrito, tan célebre por la cita de Thebussem, como ignorado por no haberse publicado nunca. Su título completo con su subsiguiente texto reza así:

«Dialogo entre Pelayo, correo de Gabinete de S.M, y Toribio, su postillón, en el viaje que los dos corrieron de Madrid a Nápoles.
Le compuso y presentó al Sr. D. Lázaro Fernández de Angulo Juez, Administrador
d de la Renta de Estafetas, Correos y Postas de dentro y fuera de España, D. Sebastián Pedro Pérez, siendo administrador de la estafeta de la ciudad de Guadalajara. Año de 1758.»

Ese tal Sebastián Pedro Pérez confiesa ser administrador de la estafeta de Guadalajara en 1758 y, en una obra posterior impresa en Calatayud en 1761 (Hospital General de el tiempo donde el desengaño cura las interiores dolencias de los hombres), firma como administrador de la estafeta de Sigüenza. Por consiguiente conocía en primera persona el funcionamiento de los servicios postales de su tiempo y el testimonio que aporta es de un valor incalculable.

He aquí un pasaje sumamente esclarecedor de esa obra (para facilitar su lectura, lo adapto a nuestro lenguaje cotidiano actual: (*)

«Toribio – Pues, para que te desengañes, escucha: la causa principal de que se aumenten o disminuyan la recaudación de la Renta de Correos, tiene su origen en el mayor o menor cuidado que se ponga en esto. Porque si las cartas se incluyen en Paquetillos separados y en cada uno de ellos se rotula con el nombre de la caja a la que van dirigidas, conforme la Administración General tiene mandado hacer a las diversas administraciones del reino, llegarán sin detención, extravío, ni rodeo y con puntualidad a su destino, por lo que las correspondientes respuestas generarán nuevos portes, y de esta actividad perenne y sin interrupciones, beneficia los intereses de la Renta, eso no me lo puede negar nadie; pero si no se hace así la consecuencia es su ruina total. Porque por culpa de ese descuido (que no digo sea malicioso, sino irreflexivo) los corresponsales dejan de contestar las cartas que se les escriben.

No se leen con la debida atención las direcciones de las cartas y se fijan únicamente en las primeras letras y como son las mismas que las de otras ciudades y villas de España, las dirigen al primer lugar que se les ocurre. Lo verás con mayor claridad en estos ejemplos: Guadarrama y Guadalajara, Málaga y Malagón, Navarra y Navarrete, y otros muchos del mismo tenor que te podría referir y no lo hago para no ser molesto. Con lo cual se ponen frenos a las ruedas a la circulación de las cartas que se pierden y extravían, con evidente atraso en las respuestas; además de otros muchos y mayores abusos que se observaban semanalmente.

En la Caja donde yo fui Mozo de Oficio, no habiendo enmienda, a pesar de que mi Administrador ponía de manifiesto a la cara estas equivocaciones, porque hubo cartas que tres veces se las incluyeron pese a tener bien escrito en sus cubiertas el destino que debían llevar y aún reconociendo como incurable este defecto y otros que te expondré, por no querer aplicar los fáciles remedios que convenían, no se decidió a denunciarlos a la Administración General directamente para no hacerse odioso, pues ya tenía la experiencia de haber hecho algunas manifestaciones, que, a pesar de ser bien recibidas, le reportaron disgustos, desaires y amenazas de algunos, a quienes afectaba, y se dieron por aludidos, sin embargo de que jamás ofendió su modesta pluma a ninguno en particular, pues lo único que intentó siempre fue desempeñar su obligación, sin solicitar ni pretender conseguir beneficio alguno a costa de ruinas ajenas.

Pelayo – Habrá sido lamentable ver cómo recogía espinas en lugar de los óptimos frutos sembrados por su celo.

Toribio – Y tanto. Tras reconocerlo él hubiera querido encerrar en la cárcel del silencio perpetuo todos los abusos que observara en el futuro y los pensamientos útiles que se le ocurrieran. Si no lo llegó a hacer del todo, fue por obedecer en algo los preceptos de su conciencia. Por ello, a partir de entonces, procuró escribir con metáforas y de forma enigmática cuanto se refiriese a la Renta; e incluso cambió los asuntos de que trataba, escribiendo sobre otros distintos algunas obrillas, pues su perspicaz agudeza, no se podía limitar a pasar el tiempo en meras diversiones y ociosidades.

Pelayo – Alabo la aplicación de ese administrador, pero yo no pienso seguir sus pisadas. Si llego a conseguir ese empleo, procuraré desempeñar mi trabajo en los términos posibles, gastar pacíficamente mi sueldo, reírme a carcajadas de todo, no verme fastidiado por nada ni nadie, y emplear en honestos paseos las horas que me resten de descanso.

Toribio – Ni doy por bueno, ni repruebo tu parecer. Muchos de tus compañeros lo comparten. Y aunque pudiera decirte lo que pretenden quienes así actúan no haré por si escucha algún papagayo entre aquellos olmos que todo lo hable y de resultas, de ello me llamen malicioso o por lo cual sigue adelante y deja este cerrado hasta que mi paciencia no pueda más y decida abrirlo.

Pelayo – No me parece que el método que se practica de sellar por provincias las cartas sea el más conveniente, pues creo que sería mejor marcarlas con el nombre de la ciudad o villa de donde salieran.

Toribio – Por mi experiencia defiendo como acertadísimo continuar con esta nueva disposición pues, además de que es más fácil, inteligible y segura, es la más adecuada para que los administradores sepan qué provincia corresponde cada caja.

 Y si no, dime: ¿Cuántos verían por escrito Guadix, u otras muchas y dudarían si pertenecía al reino de Murcia, Aragón o Valencia, si no comprobaran en la ‘Instrucción General de Cajas del Reyno’ que está en Andalucía? Decir lo contrario es un disparate garrafal, y mayor perder tiempo en discutir lo que es de tan evidente utilidad; ojalá se observara cumplidamente como esta mandado, pues por omisión se dejan de sellar infinitas, ya sea porque las echan al correo cuando están atados los pliegos, o porque maliciosamente lo hacen con la finalidad de que algún sujeto conocido evite pagar el porte debido, o por otros motivos, circunstancias o relaciones particulares.

  Eso es un claro perjuicio para la Renta, puesto que, siendo solas las del oficio del Correo General las que de sello están, con justa razón exentas, se cobran todas las cartas que llegan si él, como si fueran de Madrid, confundidas con incluidas en los pliegos. Y mucho más por la velocidad a la que se ha de hacer, tratándose de la hora crítica de apartar, contar y distribuir unas y otras. Por ello no hay otro medio que cobrar las que carecen de sello como procedentes de la Corte. Y aunque no parezca digno de reparo, aún calculando por lo bajo esta pérdida, al cabo del año es más que considerable. Sólo con seis cartas por semana que lleguen así a cada Caja (que es un número muy bajo de acuerdo con mi experiencia y las averiguaciones efectuadas) pasa de 18.000 reales anuales.»

Como conocemos la existencia de diversas marcas sellando las cartas de Madrid antes de la reforma de 1842, debemos comprobar la naturaleza de cada una de ellas.

Una vez estudiadas, y utilizando el número de orden del catálogo de Tizón y Guinovart, comprobamos se confirma que en el Correo General de Madrid nunca fueron usadas como marcas para sellar la correspondencia con origen en la capital del reino destinada a cualquier otra población española. En el cuadro que sigue a continuación quedan recogidas todas las marcas indicando el tipo al que pertenecían según el catálogo Prefilatelia Española y el uso al que realmente fueron destinadas.

cuadro web

Al interpretar un hecho histórico se debe priorizar la búsqueda de la verdad, antes que cualquier otro objetivo, como por ejemplo querer hacer un descubrimiento sorprendente, resolver un enigma o demostrar que se tiene razón frente a interpretaciones de otros autores.

Ese camino, desde luego, es más sacrificado porque nos exige humildad para ceñirse exclusivamente al ámbito de un estudio riguroso y aceptar nuestros hallazgos aunque contradigan nuestras propias teorías. En ese viaje no nos podemos permitir ser los protagonistas por medio de sueños e imaginaciones; pero nos llevará al verdadero conocimiento.

Amigo Horacio, fuiste certero interpretando la ausencia de marcas de origen en las cartas escritas desde Madrid al resto de España; pero nos enseñaste algo mucho más importante: la forma de trabajar.

Y en eso también tenías razón.

Correo español del siglo XVIII web

Correo español del siglo XVIII (colección del autor)

 

Notas
Todas las cartas reproducidas en este artículo pertenecen a la colección de D. Ramón Cortés de Haro Madrid 1561-1856: Correos Reales y Correspondencia Pública a quien agradezco toda la ayuda e información prestada..

(*)  La transcripción literal de esa parte del manuscrito, dice así:

«Toribio – Pues, para que te desengañes, escucha: La causa principal de que se aumenten o disminuyan los caudales de la Renta, se origina del cuidado por descuido que en esto se pone, pues si las cartas se incluyen en Paquetillos separados, rotulados cada uno a la caja que corresponde, según tiene mandado la Administración General a las Particulares del reino, llegan sin detención, extravío, ni rodeo a su destino, y en él recibidas con puntualidad, vuelven sus respuestas alternativamente contrayendo nuevos portes, y de esta circulación, que perennemente está, sin intermisión, en movimiento, resultan los intereses de la Renta, lo que no me negará nadie; pero al contrario se sigue su total ruina del descuido (no digo malicioso, sino poco reflexionado) que en esto se pone, pues de ello nace la suspensión de contestar a los corresponsales.
No se leen con la debida atención las direcciones de las cartas, atendiendo solo a las primeras letras, que siendo unas mismas en muchas ciudades y villas de España, las dirigen a donde la velocidad poco cuerda aprende primero. Para que más claramente lo comprendas reconocerás en estos ejemplos: Guadarrama, Guadalajara, Málaga, Malagón, Navarra, Navarrete, Y otros infinitos que a este tenor puedo referirte y omito por no ser molesto, con lo cual truecan los frenos y ruedas perdidas y extraviadas, con evidente atraso en las correspondencias; además de otros muchos y mayores culpables abusos que semanalmente se observaba.
Yo en la Caja donde fui Mozo de Oficio, no habiendo enmienda, aunque visiblemente patentaba mi Administrador estas equivocaciones, dando en rostro modestamente, pues hubo carta y cartas que tres veces se las incluyeron, no obstante haber escrito en sus cubiertas el destino que debían llevar, cuya enfermedad y otras que te expondré, reconociéndolas incurables, porque no se querían aplicar los fáciles remedios convenientes, no se resolvió manifestar a la Administración General directamente por no hacerse odioso, con la experiencia de que, habiendo soltado algunas especies, que fueron bien recibidas, se le siguió algún disgusto, desaires y advertencias irregulares de algunos, a quien picaba, y se dieron por sentidos, sin embargo de que jamás ofendió su modesta pluma en particular a ninguno, pues nunca procuró más que desempeñar su obligación, sin solicitar, elevar su fortuna sobre ajenas ruinas.

Pelayo – Sensible sería ver cogía espinas en lugar de los óptimos frutos que su celo sembraba.

Toribio – Y tanto, que a reconocer no grababa su conciencia, hubiera aprisionado en la cárcel de un perpetuo silencio, cuantos abusos tocara y pensamientos útiles tuviera, pero aunque del todo no lo hizo por obedecer cierto precepto, procuró en adelante escribir con metáforas y enigmáticamente, en lo perteneciente a la Renta; y aún mudó su pluma de sistema, escribiendo sobre otros asuntos algunas obrillas, pues su viveza aplicada, no se podía sujetar a pasar el tiempo en diversiones y ociosidades.

Pelayo – Aunque alabo la aplicación de ese administrador, no pienso yo seguir sus pisadas si llego a verme empleado pues sólo procuraré en los términos posibles mi desempeño: comer pacíficamente mi sueldo reírme a carcajadas de todo no pillar fastidio per niente, y emplear en honestos paseos las horas que me resten de descanso.

Toribio – Ni abono ni repruebo tu parecer en el cual tú tienes muchos compañeros. Y, aunque pudiera decirte en fin aquí aspiran los que así lo hacen, no lo haré por si escucha algún papagayo entre aquellos olmos que todo lo parle, y de resultas caviloso me llamen, Bachiller o sin letras Letrado; por lo cual pasa adelante, dejando indemne este, y doblada la hoja hasta que, en no pudiendo más mi paciencia, llegue a desdoblarla.

Pelayo – No me parece ser el mejor método el que se practica de sellar por provincias las cartas pues creo fuera mejor marcarlas con el nombre de la Ciudad O villa de donde salieran.

Toribio – Lo contrario mi práctica defiende como que será acertadísimo continuar con esta nueva disposición pues, además de que es más fácil inteligible y segura, es la más instructivo para que los administradores sepan a la provincia que corresponde cada caja y si no dime: cuántos verían la ciudad de Guadix por escrito, u otras muchas que dudarán si pertenecía al reino de Murcia, Aragón o Valencia, si no advirtieran en la ‘Instrucción General de Cajas del Reyno’ que se comprende en el de la Andalucía; decir lo contrario es un garrafal disparate, y mayor perder el tiempo en disputar una cosa que tan claramente su utilidad patenta; ojalá se observara cumplidamente como esta mandado, pues en esto no poca omisión se tiene dejando de sellar infinitas, ya porque las echan al correo cuando están atados los pliegos, ya porque maliciosamente se hace al fin de excusar pague el debido porte algún sujeto conocido y ya por otras particulares conexiones, circunstancias, y motivos, lo cual es conocido perjuicio de la Renta, respecto que siendo solas las del oficio del Correo General las que de sello están, con justa razón exentas se cobran las que sin él llegan, como de Madrid, pues confundidas con las que los pliegos incluyen y mucho más con la velocidad de la crítica hora de apartar, contar y distribuir unas y otras, no hay otro medio que, cobrar las que carecen de sello, únicamente por de la Corte. Y aunque parece no es digno de reparo, calculándose con parvidad esta pérdida, es más que considerable cada año, en atención de que solas seis cartas por semana que así lleguen a cada Caja (cuyo número según yo he averiguado con las observaciones de mi práctica es limitado) pasa de 18.000 reales anuales»