España, Historia Postal — 31 de marzo de 2016

Testimonios postales de las intervenciones militares españolas en el extranjero en el reinado de Isabel II (2)

por

1858-63. INTERVENCIÓN EN COCHINCHINA

Artículo publicado en la revista Academvs nº 18 (2014) 

 

Antecedentes

El territorio asiático conocido por Cochinchina –localmente Nam Ky o “Región del Sur”– y también ocasional y antiguamente Cochin China y Conchinchina, fue uno de los tres territorios –Tonkín(1), Annam y Cochinchina– que conformaron el Reino de Annam, ocupante de la franja costera oriental y meridional de la península indochina, coincidente en la práctica con lo que hoy es Vietnam. 

 

Mapa de situación del Reino de Annam (Annam, Tonkín y Cochinchina).

Mapa de situación del Reino de Annam (Annam, Tonkín y Cochinchina).

Puesto que el escenario de la guerra de que se va a tratar se encontró al principio fuera de los límites de lo que es realmente Cochinchina, parecería más correcto referirse a Annam, denominación que se utiliza reiteradamente en el texto del tratado de paz que puso fin a dicha guerra, pero la costumbre, ya se sabe, establece la ley. Por consiguiente, trataremos en lo que sigue de la guerra de Cochinchina.

A partir de 1847 Tu Duc pasó a ocupar el trono de Annam. En sus comienzos como rey –o emperador, como gustaba titularse– mostró cierta tolerancia con los misioneros españoles y franceses que, en épocas pretéritas, habían sido objeto de acoso y, en algunos casos, sufrido la muerte a manos de sus predecesores en el trono. Dicha tolerancia era debida seguramente al respeto que le imponía la presencia de la escuadra francesa de China que, constantemente, recorría las costas de su reino en misión de patrulla y había destrozado en Turana parte de la fuerza naval annamita en un episodio ocurrido poco antes de su ascención al trono, en tiempos de su predecesor Thieu Tri.

Sin embargo, a partir de 1851 Tu Duc inició una persecución sanguinaria e irracional de los cristianos. Entre las víctimas se cuentan los obispos españoles José María Díaz Sanjurjo, ejecutado el 20 de julio de 1857, y su sucesor Melchor García Sampedro, torturado y ejecutado el 28 de julio de 1858, ambos misioneros dominicos(2).

La precaria condición de los misioneros españoles en 1858 aparece resumida en la carta que desde Tonkín uno de ellos, el también dominico Pedro Almató Ribera, dirigió el 15 de diciembre de 1858 a su padre, residente en un pequeño pueblo de la provincia de Barcelona –Sant Feliu Sasserra–, dando cuenta de su situación en esos días(3).

15 de diciembre de 1858. Texto de la carta del misionero Pedro Almató, más tarde decapitado en Tonkín, a su padre.

15 de diciembre de 1858. Texto de la carta del misionero Pedro Almató, más tarde decapitado en Tonkín, a su padre.

Para mayor comodidad del lector se transcribe seguidamente el texto reproducido, advirtiendo que en dicha transcripción se respeta la ortografía del mismo, propia de la época en que la carta fue escrita. Dice así:

«Muy querido Padre mío: Aprovecho la ocasion de un Vapor Frances, cuyo objeto es sacar de este Reyno y trasladar a Macao, los misioneros, que quieran aprovecharse de ese favor, para subtraerse del furor de estos Mandarines, hasta que Dios dé la paz por medio de la escuadra Francesa que hace mas de 3 meses que arribó a Conchinchina. Desde mi ultima, se han acrecentado los males de estas misiones sobre manera. Un Sr Vico Apco fué martirizado atrozmente, varios sacerdotes decapitados, desterrados muchos catequistas y cristianos; destruidos pueblos enteros, y atormentados cruelmente cuantos no querían abandonar la Religion. ¿Quién podrá contar todos los males de estas cristiandades, y llorarlos cual se merecen? Si los Superiores me mandaran salir de la mision y pasar á Macao, volveré á escribirles. Al presente no puedo ser más largo. Encomiéndeme mucho á Dios. Memorias á todos los que V. sabe que debo estar agradecido. A Dios, Padre mío.

Su hijo

F. P. Almató

Diciembre 15 de 1858»

 

El vicario apostólico al que se alude en la carta“martirizado atrozmente” fue, seguramente, el obispo dominico Melchor García Sampedro, asesinado pocos meses antes. La misiva refleja perfectamente la terrible situación vivida por los cristianos de Annam en aquel tiempo.

Ante tales atrocidades y en vista de la desidia –tal vez desinformación– del gobierno de España en el problema de los misioneros, Francia vio una espléndida ocasión para hacerse con un aliado que la apoyara –sin ser consciente de ello– en sus planes colonialistas en el sudeste asiático, urdidos tiempo atrás, y la verdad es que no la desaprovechó ni se vio defraudada en sus expectativas por lo que se refiere a la colaboración española, generosa y desinteresada.

Fue así que el ministro de Negocios Extranjeros francés, conde de Colonna-Walewski, envió a su embajador en Madrid una nota confidencial para que este se la trasladara al Gobierno español. En ella comunicaba la decisión de Francia de enviar su flota de China a realizar operaciones bélicas en las costas annamitas, pidiendo a España colaboración en el operativo con el envío de 1000 a 2000 hombres de tropas de tierra de la guarnición de Filipinas, fuerzas que serían necesarias al jefe de la expedición francesa, vicealmirante Charles Rigault de Genouilly, para alcanzar los objetivos deseados.

Como consecuencia, el Consejo de Ministros de España, presidido por Leopoldo O´Donnell, líder de la Unión Liberal, decidió enviar un Cuerpo Expedicionario a Cochinchina, en apoyo a los franceses, lo que fue comunicado a París, dándose órdenes al capitán general de Filipinas, Fernando Norzagaray Escudero, de que tuviera dispuestas para embarcar, cuando el mando francés lo pidiese, las tropas que se le indicaban(4).

De nada valieron los reparos puestos por el capitán general de Filipinas, cuyas tropas estaban ocupadas en el archipiélago reprimiendo los movimientos insurgentes, de modo que una merma de efectivos suponía un grave problema: el gobierno de Madrid insistió en aplicar lo decidido en el Consejo de Ministros, una prestación sin contrapartida ni condicionantes de ninguna clase.

No se firmó con Francia tratado ni protocolo alguno que recogiese el alcance de la expedición, objetivos a alcanzar, condiciones en las había de llevarse a cabo o ventajas que podía representar para España. Se entregaron sin vacilar las tropas españolas al mando francés, dejando al jefe del contingente galo absoluta libertad de acción, sin reclamar nada a cambio. Todo un ejemplo de incuria gubernamental y diplomática, casi un delito. Parecía que a España le bastaba con vengar la muerte de sus misioneros, en una operación de ojo por ojo y diente por diente. Y con estos antecedentes se iniciaron las operaciones, que se realizaron, básicamente, en dos escenarios: Turana, en el centro de Annam y Saigón / baja Cochinchina, en el sur del reino annamita. 

Desarrollo de la Intervención

Operaciones en Turana (2 septiembre 1858 – marzo 1860)

En cumplimiento de las órdenes recibidas de Madrid, el capitán general de Filipinas procedió a organizar el Cuerpo Expedicionario que había de operar en Annam en colaboración –más bien apoyo– de los franceses; resultó este compuesto, como no podía ser de otra forma, por tropas tagalas en su práctica totalidad, que operarían bajo el mando de oficiales españoles. La vanguardia de este ejército –500 hombres– embarcó en Manila en los vapores franceses “Duance” y “Dordogne” a lo largo de los días 4 y 5 de agosto de 1858, según recoge la Gaceta de Madrid de 7 de noviembre siguiente.

Estas tropas, bajo las órdenes del coronel de infantería Mariano Oscáriz, se unieron a los efectivos franceses, –que contaban con 1300 hombres transportados por diversos buques de la armada del país vecino– en el puerto chino de Yulikan (hoy Yulin), situado al sur de la isla de Hainan. De allí la división naval franco-española, entre cuyos efectivos se contaba el “Elcano”, partió el 30 de agosto, poniendo rumbo a la bahía de Turana(5) con el objetivo de tomar y controlar tan importante puerto y zona estratégica para, desde ese punto, desencadenar el ataque sobre Hué, capital del reino de Annam, distante unos sesenta kilómetros.

La fuerza combinada, al mando del almirante y jefe supremo de las fuerzas aliadas Charles Rigault de Genouilly, tuvo a la vista el objetivo señalado el último día del mes de agosto. El 1 de septiembre se realizó un intenso bombardeo sobre las posiciones annamitas por parte de los navíos franceses y el “Elcano”, lo que produjo el desmantelamiento de los fuertes que protegían la bahía y ciudad. El 2 de septiembre se tomó Turana, procediéndose a continuación a ocupar posiciones en los alrededores a fin de consolidar el éxito obtenido(6).

La llegada a Turana del grueso del Cuerpo Expedicionario español –1000 hombres, básicamente soldados filipinos– bajo el mando del coronel Bernardo Ruiz de Lanzarote, se produjo el 13 de septiembre. En esta fecha, por tanto, se encontraron destacados en la zona de Turana un total de 1500 hombres, el número más elevado de efectivos con que contó la expedición española en todo el tiempo de su intervención en Annam.

La insalubridad del territorio, manifestada en la aparición de numerosos casos de fiebres y disentería entre los componentes de la tropa expedicionaria, muy especialmente en los europeos no acostumbrados a las condiciones a que se veían sometidos, generó gran preocupación en el mando de ejército franco-español. Baste decir que las enfermedades provocaron en los soldados el cuádruple de bajas que los combates y muy especialmente en el contingente francés; ni siquiera el jefe de la expedición Rigault de Genouilly se libró del azote, si bien se mantuvo en su puesto a pesar de estar aquejado de disentería grave. El Cuerpo Expedicionario español resistió de nuevo mejor la insana situación, debido a estar compuesto en su mayor parte, como se ha dicho por filipinos tagalos, acostumbrados a condiciones equiparables a las que ahora soportaban. La plaza de Turana y los puestos de apoyo en sus alrededores fueron evacuados en marzo de 1860, como se relatará más adelante.

Operaciones en Saigón / Baja Cochinchina (9 febrero 1859 – 1 abril 1863)

Todo ello, a lo que había que sumar las dudas del almirante francés en cuanto a obtener éxito en el asalto a Hué, plaza formidablemente fortificada y defendida, provocó un cambio radical en el plan concebido inicialmente, cambio que consistió en el abandono del proyecto de conquista de la ciudad imperial. Rigault decidió entonces centrar el objetivo en Cochinchina, para lo cual se consideró esencial la ocupación de su capital Saigón(7) y, una vez conseguido este, proceder a la conquista de la baja Cochinchina, sometiendo todo el territorio del delta del río Mekong, sin que ello supusiera el abandono de Turana.

Con tal fin el 2 de febrero de 1859 zarparon de Turana con destino Saigón siete buques franceses acompañados del “Elcano”, transportandsucesivas dero la mitad de los efectivos del Cuerpo Expedicionario. Las tropas españolas estaban bajo el mando del teniente coronel graduado Carlos Palanca Gutiérrez, que se haría famoso y reconocedor de los más encendidos elogios por sus dotes castrenses y estratégicas en la campaña de Cochinchina.

El día 9 siguiente fondeó la flota frente a la desembocadura del río Saigón que, a partir de esta fecha, fue remontado y despejado de enemigos en su recorrido de unos sesenta kilómetros hasta la capital de Cochinchina, a donde llegó el 15 de febrero. Después de un intenso bombardeo de los fuertes que defendían la ciudad, el día 17 fue tomada la ciudadela y, seguidamente, la totalidad de Saigón, que por entonces superaba con creces los cien mil habitantes. El botín conseguido fue importante, tanto en lo relativo a embarcaciones apresadas como a piezas de artillería, armas ligeras, munición y otros elementos. También una ingente cantidad de arroz, suficiente para alimentar a seis mil hombres durante un año. Incomprensiblemente, todo este material pasó a manos francesas, sin que el responsable de las tropas españolas, coronel Ruiz de Lanzarote, pusiese objeción ni presentase reclamación alguna, dejando al contingente español en situación precaria, especialmente en lo que a alimentación se refiere. Tal actitud del mando español terminó por pasarle factura.

El difícil mantenimiento de la ciudadela, de enormes dimensiones, aconsejó su voladura, acción que se llevó a cabo el 8 de marzo, quedando reducida la defensa de Saigón a un único fuerte al sur, circunstancia que aprovecharon los annamitas para presionar en los barrios periféricos de la ciudad, generando la natural inquietud en las tropas de ocupación. La situación se hizo más complicada por la decisión –en abril de 1859– de Rigault de Genouilly de retornar con la flota a Turana, conocidas las dificultades que allí atravesaban las tropas aliadas a causa de la reducción de efectivos. El caso fue que, como consecuencia del regreso del grueso de las tropas a Turana, quedaron muy menguadas las que ocupaban Saigón, limitadas desde entonces a cuatro buques y dos compañías en tierra, una española y otra francesa, de guarnición en el citado fuerte sur, que se vieron reforzadas dos semanas después con la llegada de un batallón francés.

Con el retorno de Rigault a Turana en los primeros días de mayo de 1859 se recuperó cierta normalidad en la zona, si bien un análisis realista de la situación –dos frentes abiertos simultáneamente– movió al jefe francés a solicitar el envío de refuerzos a su gobierno, refuerzos que le fueron negados(8), al tiempo que se le ordenaba que procediese a iniciar conversaciones de paz con Hué, llegando incluso a insinuar la posibilidad de abandonar Annam. Naturalmente, el gobierno español no fue informado de nada de ello: su papel en el conflicto asiático había de ceñirse, según Francia y con el tácito consentimiento de los gobernantes españoles, a la mera colaboración militar.

La situación de Rigault se tornó incómoda, lo que le condujo a solicitar su relevo, que tuvo lugar el 9 de octubre de 1859, fecha en la que pasó a asumir el mando aliado el contraalmirante Théogène Page; poco después, el 14 de diciembre, Ruiz de Lanzarote fue nombrado por el gobierno español Plenipotenciario especial en Annam, con vistas a que futuras decisiones francesas contaran con la opinión de España. Tanto uno como otro de los mencionados fueron protagonistas fundamentales de la retirada de Annam del Cuerpo Expedicionario español.

Una de las primeras y escasas medidas adoptadas por Page –y sin duda la de mayor trascendencia– consistió en comunicar al capitán general de Filipinas, con fecha 2 de enero de 1860, su decisión de mandar de vuelta a Manila las tropas españolas, excepción hecha de 200 hombres que continuarían en Saigón en misión “auxiliar” del ejército francés cubriendo uno de los puestos fortificados.

En ese mes de enero se desplazó Palanca a Madrid, comisionado por Ruiz de Lanzarote, a fin de informar al Gobierno de la situación en Annam, lo que cumplió rigurosa y detalladamente, tan es así que su informe le valió el ascenso a teniente coronel graduado de coronel así como ser nombrado comandante general del Cuerpo Expedicionario español y Plenipotenciario de España en Annam en sustitución de Ruiz de Lanzarote.

Llegado el mes de marzo de 1860 Page dio la orden de evacuar Turana y la ya anunciada de regreso a Manila del Cuerpo Expedicionario. Tales decisiones no debieron ser del agrado del gobierno de Napoleón III, ya que el 23 de marzo –apenas cinco meses desde su nombramiento– fue relevado por el vicealmirante Léonard Charner. Por su parte, Ruiz de Lanzarote acató la orden emitida por Page –sin obligación por su parte ni consulta con el gobierno español–, embarcando en Hong Kong junto con su ayudante a bordo de la corbeta española “Narváez”, en la que arribó a Manila el 4 de mayo. El resto de las tropas españolas integrantes del Cuerpo Expedicionario, excepción hecha de un contingente de 223 soldados y 4 oficiales, que bajo el mando de Palanca permanecieron en Saigón a petición francesa, llegó a Manila en diversos buques y fechas de este mes de mayo de 1860.

En febrero de 1861 las tropas francesas contaron con un sustancial refuerzo al llegar a Saigón una flota que transportaba 4000 soldados, efectivos a los que se incorporaron los hombres de Palanca. Desde entonces, los esfuerzos aliados se concentraron en ampliar el perímetro defensivo de la capital de Cochinchina, cuya posesión era clave para lograr un acuerdo ventajoso ante Tu Duc, que veía que la ciudad más importante de su reino permanecía en manos extranjeras a pesar de los intentos de su ejército por recuperarla.

Las operaciones emprendidas por las tropas aliadas para consolidar la defensa de Saigón, especialmente en el territorio que se dio en llamar baja Cochinchina –delta del Mekong–, se iniciaron a principios de 1861 con el control de la zona de Ky Hóa (25 feb.) y posterior toma de las importantes poblaciones de My Tho (13 abr.), al sudoeste de Saigón, y Bien Hóa (19 dic.), al nordeste de la capital, esta última ocupada cuando ya se había producido el relevo en el mando francés, de Charner por el contraalmirante Louis-Adolphe Bonard, que permanecería como comandante en jefe de las fuerzas expedicionarias hasta el fin del conflicto. En estas operaciones las bajas causadas en el contingente español por enfermedades fueron más numerosas que las producidas en combate.

Ya en el año 1862, después de controlar las zonas de Hong Kieu (5 ene.) y Vinh Long (23 feb.), las tropas franco-españolas procedieron a la ocupación de My Cui (29 feb.). La toma de Vinh Long trajo como consecuencia el fin de la resistencia annamita en la zona, de modo que las tropas aliadas iniciaron, a raíz de su conquista, el regreso a Saigón (30 mar.), a donde llegaron el 3 de abril.

Las sucesivas derrotas del ejército annamita en la baja Cochinchina, sumadas a una sublevación en Tonkín contra el déspota Tu Duc, condujeron a que el regidor del ampulosamente llamado en ocasiones Imperio de Annam, se aviniera a celebrar conversaciones tendentes a alcanzar un acuerdo de paz. Tuvieron estas lugar en Saigón, entre los días 28 de mayo y 5 de junio de 1862, y cristalizaron en el llamado Tratado de paz y amistad convenido entre España y Francia, por una parte, y el reino de Annam por otra. Fue este firmado, el propio 5 de junio por el coronel y comandante general del Cuerpo Expedicionario español en Cochinchina, Carlos Palanca, el contraalmirante Bonard, comandante en jefe de las fuerzas francesas de tierra y mar en Cochinchina, y Phan-Thanh-gian, Vice-Gran Censor del reino de Annam, Plenipotenciarios de los reinos de España, Francia y Annam, respectivamente.

El tratado en cuestión no fue otra cosa que un documento de rendición del país asiático, si bien encauzado especialmente hacia Francia; en él:
a) se reconocía el derecho de españoles, franceses y annamitas a ejercer el culto cristiano (art. 2.º);
b) se cedían a Francia las provincias de Bien Hóa, Gia Dinh y Dinh Tuong (My Tho), así como la isla de Pulo Condor (hoy Con Son), permitiendo a los franceses circular libremente por el río grande de Camboya (Mekong) y sus brazos (art. 3.º) y
c) se reconocía el libre comercio de españoles y franceses en los puertos de Turana, Balak y Quang An (art.5.º). También se obligaba al rey de Annam a indemnizar a España y Francia, en concepto de gastos de la guerra, con cuatro millones de dólares (art. 8.º).
Consecuencia: Francia se apropió de las tres provincias más ricas de Cochinchina y obtuvo la más absoluta libertad de comercio, en tanto que España hubo de conformarse con algunas limitadas cesiones comerciales y la teórica mitad de la indemnización pactada, de la que, al final, únicamente percibió una pequeña cantidad, a pesar de lo pactado con Francia y recogido en el convenio firmado por las dos naciones el 4 de agosto de 1863 para el reparto de indemnizaciones.

Lápida en el cementerio de soldados franco españoles

Lápida en el cementerio de soldados franco-españoles de Danang.

Podría parecer que con la firma del tratado de 5 de junio quedaba zanjada la cuestión en Cochinchina, pero la cruda realidad se encargó de poner en evidencia lo contrario. En efecto, al tiempo que se efectuaba la firma estaba teniendo lugar en las provincias cochinchinas de Gia Dinh y Dinh Tuong, cedidas a Francia, una rebelión contra las tropas de ocupación, al parecer promovida por Tu Duc, según se afirma en el artículo 11 del tratado. El caso fue que este hecho, unido al intencionado retraso de Tu Duc a la hora de firmar la correspondiente ratificación, movió a los aliados a intervenir militarmente de nuevo en la baja Cochinchina, intervención que se produjo a partir del 18 de diciembre de 1862, para lo cual tanto Bonard como Palanca solicitaron refuerzos para emprender las operaciones. En el caso español –cuyas fuerzas contaron con el apoyo de la goleta “Circe”–, se envió un batallón que llegó el 6 de febrero de 1863 y, en palabras de Esteban-Infantes(9), “se produjo el caso extraordinario de que el capitán general de Filipinas, Lamery, enviara cuatro compañías del regimiento de infantería de España, en la fragata “Semíramis”, cuando en anteriores peticiones, aun más angustiosas, se había negado toda ayuda”.

Cumplida satisfactoriamente su misión pacificadora el contingente español se concentró en Saigón el 3 de marzo y el 1 de abril de 1863 las últimas tropas españolas que quedaban en Annam embarcaron de regreso a Filipinas a bordo del transporte francés “L´Européen”. El objetivo marcado al cuerpo expedicionario español se había cumplido con creces(10).

Testimonios postales

La correspondencia mantenida entre los integrantes de Cuerpo Expedicionario y sus familiares y amigos se desarrolló siguiendo los cauces habituales empleados hasta entonces en la comunicación postal ordinaria, esto es, por medio de buques mercantes nacionales, británicos y franceses y, en menor medida, de buques de guerra españoles y franceses que mantenían el contacto entre las islas Filipinas –desde Manila y el apostadero de Cavite– y Annam durante el conflicto de que se trata. La correspondencia cursada por mediación  del correo británico estuvo regulada por el Convenio postal suscrito entre España y Gran Bretaña el 21 de mayo de 1858 y tarifa subsiguiente de 13 de septiembre de 1858, mientras la transportada por el correo francés lo estuvo por el Convenio postal celebrado entre España y Francia de 5 de agosto de 1859 y la tarifa comunicada por circular de la Dirección general de Correos de 1862. En ambos casos –correos francés y británico– la tarifa de una carta de hasta 4 adarmes desde España a Filipinas era de 2 reales de vellón.

En la época de la intervención española en Cochinchina la correspondencia con destino a Filipinas se concentraba en Madrid, desde donde emprendía uno de los dos itinerarios siguientes:

a) Madrid – San Roque – Gibraltar – Alejandría – Istmo de Suez – Suez – Hong Kong – Manila,

b) Madrid – La Junquera – Marsella – Alejandría – Istmo de Suez – Suez – Hong Kong – Manila.

El trayecto desde Alejandría –en el Mediterráneo– a Suez –en el mar Rojo–, se realizaba a caballo o por el ferrocarril que unía, a través de Ismailía, ambos puertos. La correspondencia enviada por el istmo debía llevar anotada esta circunstancia, “Vía de Suez”, para eludir la ruta por el cabo de Buena Esperanza, que en su vertiente postal no podía competir con las citadas.

La gran mayoría de las cartas que se conservan relacionadas con el conflicto en Annam están dirigidas a Ignacio Garreta García, Primer maquinista del vapor de ruedas de S.M. “Don Jorge Juan”(11).

La correspondencia de que se está tratando puede clasificarse, atendiendo a su origen, de la forma siguiente:

a. Desde Annam

 - Correspondencia franqueada en origen con sellos

Se aplicó la tarifa de cartas franqueadas procedentes de Filipinas y dirigidas a España, en vigor desde 1º de noviembre de 1854. (R.D. 1.9.1854, R.D. 18.12.1854 y circular de 26.6.1855). De acuerdo con ella, por cada ½ onza (8 adarmes) de peso habría de pagarse en sellos 1 real de plata fuerte. Ha de tenerse presente que un real de plata fuerte, de uso en las colonias, equivalía a 2,5 de los reales de vellón, empleados en la metrópoli.

No se conservan testimonios de correspondencia franqueada remitida desde Annam a España por integrantes del contingente militar español, lo cual no significa que no haya existido. Sí se conserva una carta muy interesante de un misionero español escrita desde territorio enemigo en los momentos iniciales de la intervención militar, cuya descripción se realiza seguidamente.

15 diciembre 1858

Se trata de la carta dirigida por el misionero dominico Pedro Almató desde Tonkín a Sant Feliu Sasserra (Barcelona), ya mencionada anteriormente.

3. Carta Tonkín-S. Feliu (Almató)

15 diciembre 1858. Sobre de la carta del misionero P. Almató enviada desde Tonkín a Sant Feliu Sasserra (Barcelona).

 Pareja de sellos de 1r de plata fuerte de Antillas, de uso también en Filipinas, anulados con rueda de carreta nº 61 de La Junquera a su llegada a la península. Marca PD inglesa de tránsito. Contuvo la carta reproducida en la figura anterior.  

Reverso del sobre anterior. Fechadores puestos en tránsito por las oficinas postales británicas en Hong Kong y Londres (AP 5/59) y fechadores de entrada en España por La Junquera (9/ABR./59) y de llegada a Barcelona (10/ABR./59).

Reverso del sobre anterior. Fechadores puestos en tránsito por las oficinas postales británicas en Hong Kong y Londres (AP 5/59) y fechadores de entrada en España por La Junquera (9/ABR./59) y de llegada a Barcelona (10/ABR./59).

La descripción de esta carta que se ofrece a continuación se debe a José María Sempere. Dicho texto aparece recogido en su artículo La carta de un mártir, publicado en el número correspondiente a noviembre de 2000 dela Revista de Filatelia y es el siguiente:

«UNA PIEZA UNICA DE LA HISTORIA POSTAL ESPAÑOLA

Trasladémonos ahora al terreno de la historia postal. Estudiemos las vicisitudes de la carta y como circuló hasta su destino en Cataluña.

El buque francés Pregent(12) zarpó desde Manila el día 2 de diciembre de 1858 para rescatar a los misioneros y regresaría de esa misión hacia Macao el 9 de enero de 1859. En las islas Filipinas se utilizaron para el franqueo de la correspondencia dirigida al extranjero los sellos de 1 y 2 reales de plata fuerte con filigrana lazos que estaban en uso en las Antillas españolas y que Madrid envió a Manila en abril de 1855. Más tarde se remitirían sellos de 1 real sin filigrana. Estos valores serían utilizados allí hasta fines de 1863.

Partiendo del hecho de que el buque francés Pregent procedía de Manila era de suponer que si se le entregaba una carta, ésta sería entregada al correo español de Filipinas, de ahí que se franqueara con esos sellos de acuerdo con la tarifa vigente. Pero no fue así. El barco siguió hacia el norte hasta Macao (próximo a Hong-Kong) para dejar en esa colonia portuguesa a los misioneros que había rescatado. Es lógico pues que entregara la correspondencia al correo inglés de Hong-Kong como demuestra el fechador de la oficina postal inglesa que hay estampado en su dorso. La carta llegaría a Londres (fechador del 5 de abril) y por Francia atravesó la frontera española el 9 de abril (fechador de La Junquera al dorso). Es en esta oficina de cambio donde observan que los sellos no habían sido obliterados por lo que los matasellan con la rueda de carreta 61. La carta siguió hasta Barcelona (fechador de tránsito del día 10 de abril) para dirigirse a su destino final en San Feliu Saserra, pequeña aldea de la provincia de Barcelona que sólo contaba con 388 habitantes en aquella época, y que postalmente dependía de Vich.

Esta bella pieza es la única carta conocida circulada desde el continente asiático con sellos españoles hasta Europa. Si bien han llegado hasta nosotros otras piezas franqueadas con sellos españoles desde la Península hasta el buque Jorge Juan en servicio en Cochinchina, no se conoce ninguna otra circulada en sentido contrario. Se trata, pues, de una de las más importantes rarezas de nuestra Dependencias Postales.»

 - Correspondencia sin franquear en origen. Porteada al llegar a España

Se aplicó en todos los casos la tarifa de cartas no franqueadas procedentes de Filipinas, en vigor desde 1º de noviembre de 1854. (R.D. 1.9.1854, R.D. 18.12.1854 y circular de 26.6.1855).Según en ella se dispone, las cartas no franqueadas en origen dirigidas a España habrían de satisfacer en destino 4 reales de vellón por cada ½ onza (8 adarmes) de peso.

No disponemos de originales de cartas ni de copias de calidad suficiente que permita que sean reproducidas. Las descripciones que de cartas de esta naturaleza se ofrecen están basadas en las que da José M. López Bernal en su artículo La correspondencia del ejército expedicionario español en Cochinchina (1859). Rev. Crónica Filatélica, noviembre 1989. Las fotografías que contiene dicho artículo son de pésima calidad, prácticamente invisibles.

1 marzo 1859

Porteo 4R (cuatro reales) estampado en negro, correspondiente a cartas sin franqueo previo de hasta media onza (8 adarmes) de peso, de Filipinas a España.

Carta fechada en la provincia de Camboya-Saigón el 1 de marzo de 1859. Transportada por vía marítima hasta Singapur, fue recogida por un buque que la llevó a Gibraltar, desde donde fue trasladada a España, haciendo su entrada por la administración de cambio de San Roque (Cádiz) el 21 de abril de 1859.

14 marzo 1859

Porteo 4R (cuatro reales) estampado en negro, correspondiente a cartas sin franqueo previo de hasta media onza (8 adarmes) de peso, de Filipinas a España.

Carta fechada el 14 de marzo de 1859 en el vapor francés “La Saone”. Transportada por vía marítima hasta Singapur, fue recogida por un buque que la llevó a Gibraltar, desde donde fue trasladada a España, haciendo su entrada por la administración de cambio de San Roque (Cádiz) el 21 de abril de 1859.

15 junio 1859

Porteo 8R (ocho reales) estampado en negro, correspondiente a cartas sin franqueo previo de más de media onza hasta una onza de peso, de Filipinas a España.

Carta fechada en Turana el 15 de marzo de 1859. Transportada por vía marítima hasta Singapur, fue recogida por un buque que la llevó a Gibraltar, desde donde fue trasladada a España, haciendo su entrada por la administración de cambio de San Roque (Cádiz) el 27 de agosto de 1859.

b. Desde España

Las únicas cartas conocidas están franqueadas con sellos de valor 2 reales de vellón, destinadas a Manila “Vía Suez” y transportadas por el correo británico, lo que significa que pesaban hasta 4 adarmes cada una (Convenio con el Reino Unido de 21.5.1858 y Tarifa de 13.9.1858). Dirigidas ambas al primer maquinista del vapor de guerra español “Don Jorge Juan”, de operaciones en Annam.

21 octubre 1859. Sobre de carta de Cádiz a Manila.

21 octubre 1859. Sobre de carta de Cádiz a Manila. Sello de 2r de España, serie 1856-59, anulado con rueda de carreta nº 3 de Cádiz. Fechador de Cádiz (21/OCT./1859). Enviada vía San Roque-Gibraltar-Suez por conducto del correo británico. A su llegada a Manila fue reexpedida a Conchinchina [sic].

11 abril 1860. Sobre de carta de Valls (Tarragona) a Manila ho Conchichina [sic]. Vapor de guerra Gorge [sic] Juan ha donde ce alle [sic], Islas Filipinas. Vía Suez.

11 abril 1860. Sobre de carta de Valls (Tarragona) a Manila ho Conchichina [sic]. Vapor de guerra Gorge [sic] Juan ha donde ce alle [sic], Islas Filipinas. Vía Suez. Cursada por el correo británico. Pareja de sellos de 1r de España, emisión de 1860, anulados con rueda de carreta nº 63 de San Roque. Fechadores de Valls (11/ABR./60), en negro, y Gibraltar (AP 18/60), en azul.

 

c. Desde Filipinas 

Todas las cartas hasta ahora conocidas procedentes de las islas Filipinas dirigidas a miembros del Ejército Expedicionario español en Annam, lo están a nombre de Ignacio Garreta, primer maquinista del vapor de ruedas de S.M. “Don Jorge Juan”. El punto de origen es, en todos los casos, Manila, mientras que los destinos son variados, dependiendo de la ubicación del buque en cada momento y así se encuentran destinos como Turón (Annam), Whampoa (Hong Kong, China) o Cavite (Filipinas).

Al estar dirigidas las cartas a un buque español el correo las consideró como si de correo interior filipino se tratase, con lo que a Cochinchina, incluso a China, se aplicó la tarifa interior de Filipinas para cartas, esto es, 5 cuartos cada 8 adarmes de peso, de acuerdo con el artículo 5.º de las disposiciones relativas al franqueo previo en el interior de Filipinas de 7 de diciembre de 1853.

22 octubre 1859. Sobre de carta de Manila a Turón, Cochin China [sic].

22 octubre 1859. Sobre de carta de Manila a Turón, Cochin China [sic]. Sello de 5cu de Filipinas, emisión de 1859, anulado con el fechador de Manila (22/OCT./59). Idéntico fechador sobre la carta.

8. Manila-Whampoa

1 marzo 1860. Sobre de carta de Manila a Whampoa (China). Sello de 5cu de Filipinas, emisión de 1855, anulado con el matasellos círculo de puntos. Fechador baeza de Manila (1/MAR./1860).

27 septiembre 1860. Sobre de carta de Manila a Cavite.

27 septiembre 1860. Sobre de carta de Manila a Cavite. Correo interior de las islas Filipinas. Sello de 5cu de Filipinas, emisión de 1859, anulado con el fechador baeza de Manila (27/SET./1860).

 


 


Notas:

1.- También llamado Tunkín.

2.- Los obispos dominicos José María Díaz Sanjurjo [Santa Eulalia de Suegos (Lugo) (26.10.1818) - Nam Dinh, Tonkín (20.7.1857)], vicario apostólico del Tonkín central y obispo titular de Platea, y Melchor García Sampedro [Lindes (Asturias) (28.4.1821) – Nam Dinh, Tonkín (28.7.1858)], fueron canonizados por Juan Pablo II el 19.06.1988, junto con otros 115 religiosos y seglares conocidos como los 117 mártires de Vietnam.

3.- El sacerdote Pedro Almató Ribera, misionero en Tonkín desde 28.8.1855, nació el 1.11.1830 en Sant Feliu Sasserra (Barcelona) y murió decapitado el 1.11.1861 en Hai Duong, Tonkín. Fue canonizado por Juan Pablo II el 19.06.1988, junto con otros 116 religiosos y seglares conocidos como los 117 mártires de Vietnam.

4.- Tales tropas eran, según los datos facilitados por el historiador militar A. Ramos Charco-Villaseñor en la página 15 de su obra Los españoles en la expedición de Cochinchina 1858-1863, Madrid, 1943, un regimiento de infantería con 1000 hombres, dos compañías de cazadores con 150 hombres cada una, una batería completa con 100 hombres y los servicios correspondientes. Se dispuso también que la Marina apoyase las fuerzas con uno o dos de los barcos destinados en Filipinas; en principio se destacó, únicamente, el “Elcano”, aviso de guerra con una tripulación de 75 hombres y armado con dos cañones, el cual participó activamente en las tomas de Turana y Saigón.

5.- También conocida en español como Turón, ocasionalmente, Turán y, en francés, Tourane. Hoy recibe el nombre de Da Nang.

6.- Sorprendentemente, en palabras A. Ramos en su obra citada,“no se explotó el éxito militar obtenido ni se sacó partido ninguno del indudable efecto moral que en los indígenas hubo de producir el ver a los europeos pisar triunfantes su suelo nativo”.

7.- Saigón, desde 1975 Ciudad Ho Chi Minh (en vietnamita, Thanh Pho Ho Chí Minh), es la ciudad más grande del actual Vietnam y se encuentra situada al nordeste del delta del río Mekong.

8.- En ese momento Francia se encontraba en guerra con Austria, lo que le hacía muy difícil distraer tropas  fuera del continente europeo.

9.- Esteban-Infantes y Martín, Emilio. Expediciones españolas. Siglo XIX. Madrid, 1949.

10.- En la expedición a Annam, además del mencionado “Elcano” que fue sustituido por el “Don Jorge Juan”, vapor de ruedas de mayores prestaciones, participaron también, en menor medida, otros buques de guerra españoles del Apostadero de Cavite, como la corbeta a vapor “Narváez” y las goletas “Constancia” y “Circe”.

11. Este buque, equipado con una máquina de 360 CV, fue botado en Ferrol en 1850 y realizó diversas misiones en Filipinas y Annam bajo el mando de ilustres marinos, entre los que destaca el después almirante Casto Méndez Núñez que, siendo capitán de corbeta, fue su comandante desde 1855 hasta 1861, en que ascendió a capitán de fragata. Perteneciente a las fuerzas navales del Apostadero de Manila (Cavite) estaba armado con seis cañones, disponiendo de una tripulación de 175 hombres. Prestó servicios de apoyo a las fuerzas españolas del cuerpo expedicionario en Cochinchina, habiendo sustituido al “Elcano”, buque de menores prestaciones. Su primera acción bélica directa tuvo lugar en Turana el 18 de diciembre de 1859.

12.- El “Pregent” era un buque de transporte de la Armada francesa que, entre otras operaciones, participó en la toma de Saigón.

 


 

BIBLIOGRAFÍA

Alejandre Sintes, Luis. La guerra de la Cochinchina. Edhasa. Barcelona, 2006.

Diccionario de Historia de España. (2ª ed.). Alianza Editorial. Madrid, 1986.

Esteban-Infantes y Martín, Emilio. Expediciones españolas. Siglo XIX. Instituto de Cultura Hispánica. Madrid, 1949.

Fernández-Xesta, Armando. Estudio postal sobre el Ejército y las guerras de España. Vol I. Época prefilatélica. Vol.II. Segunda mitad del siglo XIX. “Militaria-85”. Sociedad Filatélica de La Coruña. La Coruña, 1985.

Gaceta de Madrid. Madrid.

Garay Unibaso. FranciscoCorreos Marítimos españoles. Vols. I a IV. Ed. Mensajero. Bilbao, 1987-1996.

Janer, Florencio. Tratados de España. Documentos internacionales del Reinado de Doña Isabel II desde 1842 a 1868. Imp. de Miguel Ginesta. Madrid, 1869.

López Bernal, José M. La correspondencia del ejército expedicionario español en Cochinchina (1859). Rev. Crónica Filatélica, nov. 1989. Madrid.

Ramos Charco-Villaseñor, Aniceto. Los españoles en la expedición de Cochinchina 1858-1863. Ed. Tradicionalista. Madrid, 1943.

Sempere, José María. La carta de un mártir. Rev. R.f., Revista de Filatelia, nov. 2000. Madrid. Filatelia Digital

 


 

AGRADECIMIENTOS

Deseo expresar mi agradecimiento a las siguientes personas que, de una forma u otra, me han prestado su inestimable ayuda para hilvanar el anterior relato: Andrés García Pascual, Nigel Gooding, Francesc Graus Fontova, Carlos Gutiérrez Garzón, Leoncio Mayo y José María Sempere Luque.